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Cicatrices

Las cicatrices del codo.

Las cicatrices del codo.

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Este verano, paseando por una playa, observé una mujer tomando el sol sobre una piedra, no era joven, pero tenía la sobria belleza que el paso del tiempo había dejado en ella. Lucía su busto, exhibiendo dos cicatrices que ocupaban el lugar sus pechos, su mirada al horizonte parecía desafiar tanto a su futuro, como a su pasado. No pude evitar sentarme a una cierta distancia de ella y contemplarla, fascinándome el hecho de su decisión respecto a mostrar las secuelas que esas heridas habían dejado en su cuerpo, sabiendo utilizarlas para embellecer su presencia.

En la cultura nipona existe un arte, llamado kintsukuroi que consiste en la capacidad de recomponer piezas cerámicas rotas, a través de rellenar sus grietas con polvo de oro o plata, reconstruyéndolas, bajo la premisa de que cualquier pieza reconstruida expresa fragilidad y fortaleza… a la vez que belleza; en una muy acertada metáfora, totalmente extrapolable al campo emocional.

Las cicatrices no solo se producen sobre la piel de nuestro cuerpo, sino también en el interior: en nuestra alma, en nuestra mente, en nuestro corazón… se producen heridas que devienen en cicatrices, quizás por la pérdida de algún ser querido, por un despido laboral, una separación sentimental, un divorcio, una grave enfermedad, una depresión, etc…

Intenta recordar alguna ocasión en que hayas sido consciente de una de esas heridas en tu interior, ¿que pasó en ti tras ello?, ¿incorporaste cambios; ¿te volviste más prudente?, ¿quizás más desconfiado o temeroso?, ¿o por el contrario saliste fortalecido de aquello? Plantéate si la cicatriz que quedó en ti de esa herida, la has sabido incorporar como un elemento más de tu presencia hoy.

Si existe una certeza absoluta, es que nadie puede cambiar el pasado, pero lo que sí puedes hacer es cambiar la visión que tienes de determinados hechos, haciendo que su recuerdo no te cause daño, sino incorporando sus aprendizajes para que te ayuden a seguir hacia delante, asumiendo, aceptando y progresando, hasta siempre avanzar.

No trates de evitar esas cicatrices, sánalas extirpando de ellas el odio o el rencor, acéptalas y siéntete orgulloso de ellas, forman parte de ti, como pequeños guiones del camino entre lo que un día fuiste y lo que puedes llegar a ser.

Decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano que “los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”, y de lo que se trata es de aceptar todas esas historias que nos han sucedido, incorporando sus heridas y cicatrices, en el relato de nuestro vida, extrayendo sus aprendizajes, utilizándolas como elementos de nuestra belleza exterior e interior, trabajándolas como haría un sabio maestro kintsukuroi, hasta sentirnos orgullosos de ellas, como aquella majestuosa mujer de la playa.