Un gráfico que muestra cómo han bajado las resultados de Ciencia, Lectura, Matemáticas, según el Informe PISA 2025.

Un gráfico que muestra cómo han bajado las resultados de Ciencia, Lectura, Matemáticas, según el Informe PISA 2025. Diseño: Arte EE

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PISA, un duro golpe

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El informe PISA 2025 supone un duro golpe para España y para la clase política en general. Indica dicho informe que España se sitúa por debajo de los promedios de la OCDE y de la UE en las tres competencias analizadas (matemáticas, lectura y ciencias) y se desploma respecto a sus propios datos de 2022 donde ya se produjo un fuerte descenso. España obtiene en esta edición el peor resultado desde el año 2000. El retroceso es de un curso entero menos en lectura y casi otro en matemáticas en tan solo tres años.

Las reacciones han sido diversas. La ministra de Educación ha asumido la necesidad de una reflexión al tiempo que ve una herencia de la pandemia. Los sindicatos hablan de falta de recursos y de malestar docente. La oposición se centra en el mal parecer de la LOMLOE. La ministra de Trabajo tiene razón al observar que las competencias en Educación recaen sobre las Comunidades Autónomas, pero esto no es un escudo para exigir responsabilidades al Gobierno central. Ministerio y Comunidades Autónomas comparten diseño del currículo, por poner un ejemplo.

La realidad es que PISA pone negro sobre blanco las carencias de un alumnado, parte del cual no sabe expresarse con un texto de más de cuatrocientas palabras. La lectura es sin duda una de las carencias más señaladas. Podríamos aseverar que más de la mitad de los alumnos no lee o lee por obligación, lo que está pautado en colegios e institutos. Ello revierte en la capacidad de comunicación de los adolescentes o viceversa, les hace muy vulnerables frente al peso de la digitalización, teléfono móvil y redes sociales acaban con el buen léxico y la gramática de los jóvenes españoles.

Por otro lado, la Educación española en los últimos años ha caído sobre la base de un acompañamiento emocional y refuerzo de los sentimientos, ante la enseñanza tradicional del conocimiento, contenidos (ahora saberes básicos). Nos estamos equivocando y mucho en esta perspectiva, y no estamos hablando sólo de la LOMLOE. Cada vez impera más la pedagogía y los orientadores en el proceso de enseñanza de los profesores, abocado por gusto o con disgusto a hacer terapia de las emociones al mismo tiempo que enseña una ecuación o fechas de una batalla.

Las emociones deben recaer en la familia y la escuela acompañar emocionalmente al alumno. Pero nada más, el conocimiento va por delante. Hemos pasado de enseñar la lista de los reyes godos a rizar el rizo con la pedagogía de turno. Sigamos con Platón y su Academia. Nos iría mejor.