El circuito de MadRing, el GP de España de F1.

El circuito de MadRing, el GP de España de F1. Reuters

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Madrid también es de los madrileños

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Soy madrileña. Y quizá por eso me sorprende que ahora tengamos que pedir perdón por alegrarnos de que Madrid haya organizado un Gran Premio de Fórmula 1 que ha llenado la ciudad y nos ha colocado, una vez más, en el escaparate mundial.

Porque antes de criticar la Fórmula 1 deberíamos hablar de todo lo que los madrileños llevamos asumiendo durante los últimos diez años.

Madrid ya no es la ciudad de hace una década. Y no es solo una percepción. En 2015, la Comunidad recibió alrededor de 5,1 millones de turistas internacionales; en 2025 fueron más de 9,1 millones.

La población también ha cambiado. Aproximadamente el 12% de los empadronados en la capital tenía nacionalidad extranjera en 2015. Diez años después rondaba el 20%, y más del 30% de quienes viven en Madrid habían nacido fuera de España.

No digo esto como reproche a quien viene. Madrid siempre ha sido una ciudad abierta y una de sus grandezas es que resulta muy fácil sentirse madrileño aunque uno haya nacido a miles de kilómetros.

Pero negar que semejante crecimiento de población, turismo e inversión ejerce presión sobre una ciudad sería absurdo.

Lo vemos especialmente en la vivienda. Comprar es cada vez más difícil y alquilar se ha convertido para muchos jóvenes en una carrera de obstáculos. Barrios que hace unos años eran accesibles para una familia tienen hoy precios impensables.

Y después está la vida cotidiana.

Salir a comer, tomar una copa, comprar o simplemente disfrutar de determinadas zonas de Madrid cuesta sensiblemente más. El IPC de la Comunidad de Madrid aumentó cerca de un 25% entre septiembre de 2015 y mayo de 2025.

Madrid se ha puesto de moda. Estupendo. Pero los madrileños no cobramos un sueldo diferente porque nuestra ciudad esté de moda.

El visitante con un buen presupuesto puede asumir determinados precios y marcharse tres días después. Nosotros pagamos esos mismos precios y seguimos aquí el lunes, el martes y todos los días del año.

Por eso entiendo perfectamente el debate sobre el turismo, la vivienda o la transformación de nuestros barrios. Lo que no entiendo es que, después de asumir durante años muchas de las consecuencias del éxito de Madrid, también tengamos que avergonzarnos cuando ese éxito nos trae algo bueno.

Y llegó la Fórmula 1.

Más de 350.000 personas pasaron por MADRING durante el fin de semana. Las estimaciones previas hablaban de un impacto económico cercano a 467 millones de euros, unos 83 millones en impuestos y cotizaciones y alrededor de 8.850 empleos.

Habrá que conocer el balance definitivo. Y, por supuesto, escuchar a los vecinos afectados, corregir problemas de movilidad, ruido u organización y mejorar todo aquello que sea necesario.

Una cosa no elimina la otra.

Pero Madrid ha demostrado que puede organizar un acontecimiento deportivo internacional de primer nivel y atraer a decenas de miles de visitantes.

Y yo, como madrileña, me alegro.

Porque los madrileños también necesitamos alguna alegría.

Llevamos una década viendo transformarse nuestra ciudad a una velocidad vertiginosa. Han subido la vivienda, los alquileres, la hostelería y prácticamente todo aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana.

Y seguimos aquí. Trabajando, pagando impuestos, levantando negocios y haciendo posible precisamente ese Madrid que tanto gusta fuera.

Así que sí: quiero que vengan turistas. Quiero que gasten dinero. Que nuestros hoteles trabajen, nuestros restaurantes llenen mesas, nuestros comercios vendan y que Madrid aparezca en las televisiones de medio mundo.

Pero también quiero que una parte de toda esa riqueza revierta en quienes vivimos aquí los 365 días del año.

Ese debería ser el verdadero debate.

Cómo conseguimos que nuestros hijos puedan independizarse sin marcharse lejos. Cómo protegemos nuestros barrios y nuestro comercio. Cómo hacemos compatible una ciudad internacional con una ciudad habitable para sus vecinos.

No quiero una ciudad cerrada.

Quiero una ciudad que no expulse económicamente a quienes viven en ella.

No quiero menos Madrid internacional.

Quiero que el éxito internacional de Madrid también mejore la vida de los madrileños.

Y después de todo lo que hemos asumido durante estos últimos diez años, si alguien pretende convencernos de que también debemos sentirnos culpables por disfrutar de un Gran Premio que ha colocado Madrid ante los ojos del mundo, conmigo que no cuente.

De vez en cuando también tenemos derecho a mirar nuestra ciudad, disfrutarla y sentir orgullo.

Porque Madrid está abierta a todos.

Pero Madrid también es nuestra.