Pedro Sánchez, en el Congreso.

Pedro Sánchez, en el Congreso. César Vallejo / Europa Press.

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El no haber entendido el artículo 10 de la Constitución

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Esta semana ha comenzado el juicio por el caso mascarillas y, como acostumbra hacer el Gobierno, anuncian una medida que consideran estrella para desviar la atención. Esta semana, el Ejecutivo nos anuncia que quieren incluir el aborto como un derecho constitucional.

En estas líneas trataré de demostrar el grave error que supone que el aborto sea un derecho contemplado en nuestra Constitución. Primero, y para que quede claro, me definiré como valenciano por donde nací, progresista por mi forma de pensar y católico por la gracia de Dios. Sin embargo, esto no afecta a mi postura respecto a esta cuestión; más bien, mi postura viene definida porque soy humano.

El aborto es una práctica que ha existido siempre y, mal que me pese, existirá por los siglos de los siglos. El aborto en el mundo es una cuestión que los lados políticos hacen bandera: la derecha en contra y la izquierda a favor. Sin embargo, yo estoy en contra de la práctica del aborto y lo considero lo que es: acabar con la vida de un ser humano.

Llámenme hipócrita; yo me considero una persona con múltiples contradicciones, pero trato de ser coherente entre lo que pienso y lo que hago.

Es preciso llamar a las cosas por su nombre: el aborto no es una interrupción del embarazo. Cuando yo me refiero a interrumpir algo, lo digo con la posibilidad de volver a retomarlo; por lo tanto, el aborto es la finalización del embarazo. La ciencia dice que, en el momento en que la mujer está embarazada, ya hay vida en el seno de la madre en potencia y, por lo tanto, abortar no deja de ser un sinónimo de acabar con una vida, nos guste o no.

Creo profundamente que la mujer puede hacer con su cuerpo lo que quiera, pero en ningún caso pienso que nadie es nadie para acabar con la vida de otro, aunque su vida dependa de ti, como en el caso de un embarazo.

Volviendo a la cuestión de mi coherencia, les puedo anticipar que estoy de acuerdo con la existencia de una ley de aborto. Lo creo porque la estadística nos dice que en los países donde el aborto es legal se producen pocos abortos más que en los países donde esta práctica está prohibida. Creo que no existe el foro de mujeres proaborto y que ninguna madre va a abortar por placer; más bien diría que porque no le queda otra. Y voy a ser más explícito: creo que una mujer aborta porque el Estado no le da una solución mejor.

Qué paradoja que el Estado, que debería ser quien ayude a un ciudadano cuando más lo necesita, no dé una solución mejor que matar. Por eso pienso que una ley de aborto es necesaria, porque, ya que se va a acabar con una vida, que el Estado ponga medios para que sea seguro y no que un aborto clandestino signifique también la muerte de la madre.

Acabada esta introducción sobre mi postura en lo que se refiere al aborto, les anticipo mi profundo rechazo a que el aborto sea un derecho constitucional por tres motivos fundamentales.

El primero es que la Constitución tiene que ser la traducción del derecho natural en el ordenamiento jurídico de nuestro país, y me van a permitir que, dentro del derecho natural, no existe el derecho a matar.

Segundo, porque un artículo no puede contradecir a otro, y el artículo 10 habla de que todos los españoles somos iguales en dignidad. Y, perdón por mi extrema humildad, pero no me considero más digno que un niño que está en el vientre de su madre.

Y la última razón es que pienso que cada vez que se modifica la Constitución se tiene que hacer con el espíritu de la Transición, es decir, del consenso; y, permítanme, pero el aborto no será un punto de consenso en la sociedad nunca.

Estimado Gobierno de la nación, les pido que, para lo que les queda en el convento, no se caguen dentro.