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De la ceja a la celda

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José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el peor presidente del Gobierno de la democracia española. Solamente pueden decir lo contrario todos aquellos que forman parte de su séquito de aduladores y beneficiarios de sus negocios.

Por eso ninguna democracia del mundo habla bien de él, y sólo lo hacen todas las dictaduras y tiranías con las que ha hecho sus obscenos negocios: China, Venezuela y Cuba. Zapatero apartó a España como socio fiable de Estados Unidos y unir nuestro futuro —y sus bolsillos— al crimen humanitario.

Él eligió vivir cómodamente a costa de pisotear los derechos humanos de los venezolanos: nueve millones de personas no pueden estar equivocadas cuando su opinión sobre la figura de Zapatero es la misma.

Cuando fue presidente de España decidió que los españoles no teníamos derecho a tener una memoria propia, basada en la historia de nuestro país: su Ley de Memoria Histórica refrendó este hecho y, ahora, como resultado, tenemos una España dividida en dos y enfrentada entre sí; y este fue uno de los motivos que nos llevó a una guerra civil.

Con la aprobación de aquella ley quedó de manifiesto que media España no tenía derecho a existir, pues sólo consideró como víctimas a las de la dictadura franquista, olvidando, entre otras, las de Paracuellos. La memoria nunca puede ser colectiva, porque la historia no se puede implantar por la fuerza.

Sin embargo, lo peor estaba por llegar. Con la llegada de Pedro Sánchez al poder, Zapatero volvió también como vicepresidente encubierto para la corrupción sanchista.

¿Cuántas de las joyas incautadas por la policía provienen de las maletas que Delcy Rodríguez dejó ilegalmente en el aeropuerto de Barajas? Hay que recordar que, a día de hoy, se sigue sin conocer el contenido de las cuarenta maletas: la operación de blanqueo del régimen chavista no era —ni es— gratis, y los informes policiales lo constatan.

El futuro de Zapatero sólo puede acabar pasando de la ceja a la celda. Veremos si el miedo y el tembleque de algunos jueces no pasan por encima del principio de isonomía; es decir, de la igualdad ante la ley. Aunque hemos de reconocer que la imputación de Zapatero demuestra que en España sigue imperando el Estado de derecho.