Pedro Sánchez y Santiago Abascal en el Congreso.

Pedro Sánchez y Santiago Abascal en el Congreso. @Congreso_Es Twitter

Sagasta y Cánovas se equivocaban

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Durante estos tiempos en los que la legislatura pende de un hilo, muchas conversaciones oscilan alrededor de una pregunta más que habitual: ¿a qué vamos a votar? Las elecciones de Castilla y León y Extremadura son la antesala de algo que Sánchez sabe pero no admite: ha perdido el apoyo de la calle y, desde hace unos meses, el del Congreso.

Sin embargo, tras casi tres años de legislatura, el Partido Popular tampoco puede vanagloriarse de haber conquistado el voto de los españoles.

Creo que es innegable decir que este gobierno está desgastado y que el discurso de la izquierda independentista, pero ahora con vocación estatal, se basa en afirmar que el PSOE está mal, pero que Vox y PP están peor. Perdónenme ustedes, pero pertenezco a una minoría que no justifica a la izquierda aunque vea que la alternativa asusta. Este argumento que utiliza la izquierda alternativa para justificar la corrupción en el PSOE o una ley de financiación que igualmente resulta injusta para algunos territorios me parece un tanto peligroso, pues no puedo tolerar que este gobierno tenga que lidiar con un nuevo escándalo casi semanal por el hecho de que lo otro sea peor.

Tradicionalmente, desde la Restauración borbónica, había una cierta alternancia política, ya fuera por vías democráticas o no, que incluso diría que era sana: unos años PP, otros años PSOE. Sin embargo, el panorama político español no me da la sensación de que la alternancia sea sana. En la bancada de la oposición calienta un Feijóo que ha tardado un año en darse cuenta de que la sociedad valenciana rechazaba a Mazón, aunque el expresidente siga yendo de vez en cuando a las Cortes Valencianas. El que aspira a presidir el Gobierno de los españoles dice que Marlaska tiene que dimitir por los presuntos abusos del jefe de la Policía Nacional, pero el secretario general del PP madrileño defiende al alcalde de Móstoles diciendo que la izquierda no sabe ligar. Y qué decir de Abascal, que afirma que Puente es un criminal a la vez que manifiesta que el único error de Mazón fue llegar tarde.

Me da miedo el futuro de este país, pero me da miedo el futuro porque el presente es desolador. Un país polarizado, donde el odio es la base de los discursos, no es un país con una sana cultura democrática. Así que, señores Sagasta y Cánovas, la sana alternancia política no es posible en una sociedad donde el sentido de Estado se ha cambiado por el "y tú más" y el "que viene la ultraderecha".