Monumento a las víctimas del 11-M en Atocha

Monumento a las víctimas del 11-M en Atocha

El 11-M siempre en nuestra memoria

Publicada

Tal día como hoy, hace 22 años, la sociedad española se vio golpeada por la peor de las noticias: un atentado en Madrid que dejó 192 víctimas mortales y más de 2.000 heridos.

Ese mismo día cambió el rumbo de una España que, hasta entonces, era una referencia internacional a nivel económico y político gracias a las políticas que se llevaron a cabo bajo el Gobierno de José María Aznar. Por ejemplo, la tasa de paro se redujo desde 1996 hasta el año 2004 un 11%.

Al día siguiente de los atentados, los principales periódicos de tirada nacional sacaron en portada a la banda terrorista ETA como autora, de facto, de la masacre. Salvo uno: el que dirigía Pedro J. Ramírez, el diario El Mundo. Y decidió no hacerlo tras hablar con el presidente Aznar, tras intuir que éste no estaba convencido de que ETA fuera la autora.

Esa misma noche, en menos de 48 horas, se destruyeron las pertenencias de las víctimas y el escenario del crimen: los vagones de los trenes. A todo ello le siguió un montaje, en paralelo, de un nuevo escenario del crimen, con pruebas que supuestamente estaban relacionadas con el atentado. Esas pruebas apuntaban a la islamización de los atentados, al mismo tiempo que enterraban la verdad que las víctimas todavía hoy siguen reclamando.

No me referiré a todas las pruebas que se colocaron como nuevo escenario a investigar por razones de extensión, pero sí mencionaré la prueba por excelencia y que fue el eje central de toda la investigación: la mochila de Vallecas. Esta mochila fue hallada en la comisaría de Puente de Vallecas y en ella se encontraba un teléfono móvil para detonar la bomba, tornillería y 12 kg del explosivo Goma-2 ECO.

En primer lugar, la tornillería es un material que nunca estuvo presente en los trenes del 11M, pues Carmen Baladía —jefa del Instituto Anatómico Forense en aquel momento— fue la encargada de llevar a cabo las 192 autopsias de los cuerpos y nunca encontró restos de metralla relacionada con la tornillería en ninguno de los cadáveres.

En segundo lugar, gracias a una investigación de Luis del Pino y Javier Somalo para Libertad Digital,  descubrimos que el móvil no permitía dar la fuerza necesaria para hacer estallar la bomba; pero, además de eso, los cables que unían el aparato con la bomba estaban sin precintar, lo que imposibilaba su detonación.

En último lugar, el explosivo de marca Goma-2 ECO tampoco estuvo presente en los trenes explotados porque, cuando se hizo la pericial encargada por Gómez Bermúdez —el juez del juicio del 11M—, tuvo como resultado la aparición de nitroglicerina y DNT en el tornillo y en el polvo de extintor, que fue la única prueba sin manipular que quedó de todo lo recogido en los focos de explosión.

Por si lo anterior fuera poco, el policía nacional Jacobo Barrero fue quien encontró las bombas en los trenes, que después fueron detonadas de manera controlada. Cuando se compararon las mochilas halladas con la que supuestamente había estado en la estación de El Pozo —y que fue llevada a Puente de Vallecas de forma misteriosa sin que se sepa a día de hoy quién dio esa orden—, se dieron cuenta de que nada tenían que ver. Para empezar, porque los cables de las bombas halladas sí estaban preparados para estallar, ya que estaban precintados y, además, eran de color negro y rojo; sin embargo, los de la mochila de Vallecas eran de color negro y azul, además de estar sin precintar.

Aun así, cabe referirse a la tesis islamista de los atentados. Resulta chocante cómo se puede relacionar los atentados de Madrid con el apoyo que dio el Gobierno de Aznar a la guerra de Irak. Irak es un país cuya mayoría social es chií, y Al-Qaeda es un grupo terrorista de mayoría suní nacido en Pakistán y Afganistán. Es decir, es como si agredieran a un ultra del Barcelona y viniera a defenderlo un ultra del Madrid. Chiíes y suníes mantienen abierto un conflicto histórico marcado por el odio entre ambos.

Hace dos años que prescribieron los delitos de terrorismo que se llevaron a cabo aquel fatídico día. Ya que el Gobierno se ha puesto manos a la obra con la desclasificación —falsa e incompleta— del 23-F, estaría bien que lo hiciera también con toda la documentación que haya sobre el 11M. Las víctimas lo merecen.

En definitiva, todo apuntó a una falsedad con la que se quiso engañar a la opinión pública presentando dos disyuntivas totalmente falsas: o era ETA o Al-Qaeda. Nunca se investigó ninguna de las dos líneas de investigación.