Pedro Sánchez, en un acto.
Rehenes de un Gobierno impropio
El Gobierno español protagonizó hace unos días lo que es una clara muestra de sumisión ante la amenaza de un gobierno que apoya el terrorismo internacional de llevar el mismo a nuestro propio suelo : la negativa a ceder las bases estadounidenses para reabastecimiento de fuerzas en el marco de la guerra en Irán.
Una decisión que no implicaba nuevo riesgo directo ni para la seguridad del país ni para las bases, pero que se vio impulsada por el miedo a represalias del "terrorismo islámico", liderado por los actuales gobernantes iranís.
El gobierno español, más preocupado por las posibles amenazas externas que por los intereses nacionales, optó por rechazar una solicitud estratégica, mostrando una vez más su debilidad frente a factores externos que, en el fondo, no podía controlar.
Simplemente, tiene frio en este comienzo de la primavera en nuestro hemisferio.
Y no, no se puede cambiar de hemisferio: estamos en el que nos ha tocado.
Es un frio muy especial, porque le llega de todos lados: por la propia situación interna, en la que al desastre de administración se ha unido la propia corrupción tan cercana al núcleo duro del partido, del Gobierno y hasta de la propia familia de nuestro presidente; por la situación externa, alineando a España en los países teóricamente más a la izquierda de la propia izquierda, con guiños ajenos a cualquier decisión del propio Parlamento español.
Resumiendo: nuestro Gobierno ya no está en posición de gobernar, si alguna vez lo ha hecho realmente.
Son animales heridos, y huelen lo único seguro: su propio miedo, lo primero.
Nuestro país se ha convertido, así, de hecho, en rehén de su propio gobierno.
Matizo: cada español se ha convertido, de hecho, en rehén de cada uno de los kamikazes de su propio gobierno.
Contradicción irresoluble. Definitiva. Incontestable.
La única solución conocida históricamente es la revolución.
O desde el propio gobierno, en un intento de convertir a sus ciudadanos en meros apéndices descerebrados, o desde la propia sociedad civil, expulsando a aquellos que, por sus actos, han perdido cualquier atisbo de legitimidad, si alguna vez la tuvieron.
Irónicamente, estamos donde estábamos: con tanto querer reescribir el pasado reescribiendo un proceso tan complejo como la Transición Española, van y consiguen repetirla: necesitamos otra transición a la española.
Estamos en bucle. Y no virtuoso, precisamente.
Es lo que tiene forzar la propia realidad a los propios intereses: algo se rompe, y no es la realidad, claro.
Limitación de daños. Es la única apuesta segura.
Pero no van a ayudar, ni están en ello ni pueden estarlo: han dejado de ser racionales.
Son animales heridos, sin más. Peligrosos e irracionales, sólo cabe aislarlos. Cuanto antes. Imperativo.
Cuanto antes reaccionemos como sociedad, antes saldremos de este bucle infernal.
Parte del daño, ya está hecho.
Parte del posible que aún queda, costará: no mojarse, en una sociedad en la que muchos ciudadanos creen tener un paraguas para evitarlo -que ya está en las mimbres y no evita nada- es muy muy peligroso.
Volvemos al frío.
En esta primavera a la española, lo único seguro es el frío.
Bienvenidos a la realidad, españolitos.