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El pueblo español ideal para recorrer a pie: 800 habitantes y un balneario Conjunto Histórico del siglo XVII
Rodeado de un entorno natural impresionante y aguas cristalinas.
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Panticosa no es solo una zona de esquí. ¡Ni mucho menos!
El pueblo es ideal para una escapada. Se pueden dar largos paseos por su casco urbano, hacer excursiones por la naturaleza que lo rodea y descansar en su precioso balneario del siglo XVII.
El Balneario de Panticosa es un grandioso complejo hostelero en un enclave natural de gran belleza, que fue declarado Conjunto Histórico en 1994.
Actualmente, Panticosa solo tiene unos 800 vecinos que vivan en el pueblo de manera habitual; no obstante, es una localidad turística que ofrece actividades tanto en invierno como en verano.
Según explican desde Turismo de Aragón, "Ya los romanos se beneficiaban de las propiedades de las aguas termales del valle de Tena, pero fue entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX cuando el balneario de Panticosa se convirtió en uno de los más grandes y prestigiosos de España".
Balneario de Panticosa
Declarado Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico, este espacio protegido abarca el ibón de los Baños, las praderas circundantes y el conjunto de edificaciones que conforman el complejo, extendiéndose a lo largo de más de 580.000 metros cuadrados.
Aunque existen referencias a baños de salud ya en época romana, no fue hasta 1693 cuando se construyó la primera casa del balneario. La presencia documentada de bañistas se remonta a 1766, inicio de una tradición termal que no ha dejado de crecer desde entonces.
El interior del balneario de Panticosa.
A mediados del siglo XIX, el balneario ya contaba con una notable infraestructura. En 1844 se levantaban edificios como la Casa Belío, la Casa Boreda o la Casa de la Fonda, entre otros.
Con el paso de los años, el complejo fue ganando prestigio, ampliándose con hoteles emblemáticos como el Hotel Victoria o el Hotel de Embajadores, así como la Iglesia del Carmen, inaugurada en 1883.
El siglo XX trajo consigo luces y sombras. Tras ser reconocido como Centro de Interés Turístico Nacional en 1966 y declarado Paraje Natural en 1994, el balneario tuvo que cerrar sus puertas en 1979 debido a una grave crisis financiera.
No sería hasta 2008 cuando, tras un ambicioso proceso de rehabilitación liderado por varios arquitectos, el complejo reabrió al público, recuperando parte de su esplendor histórico.
Qué hacer en Panticosa
Más allá de su legado termal, Panticosa seduce por la belleza de su entorno natural. Rodeado de montañas, bosques y aguas cristalinas, es un destino privilegiado para los amantes del aire libre y los deportes de montaña.
Entre las propuestas más recomendables se encuentra el recorrido del Tren de Panticosa El Sarrio, que parte desde el propio pueblo y se adentra en el valle de La Ripera.
Tren de panticosa. trendepanticosa.com
En apenas 45 minutos, alcanza la Fuente de La Ripera, a 1.520 metros de altitud, un punto de partida ideal para excursiones o para disfrutar de una jornada tranquila en plena naturaleza.
Otra experiencia imprescindible es la Ruta de las pasarelas de Panticosa. Este itinerario, con tramos suspendidos sobre el río Caldarés, ofrece una perspectiva única del paisaje y conduce hasta el Mirador O Calvé, desde donde se obtienen algunas de las mejores vistas de la localidad y su entorno montañoso.
Durante el invierno, la cercanía de la Estación de esquí Aramón Formigal-Panticosa convierte a Panticosa en un destino ideal para los aficionados a la nieve. Para quienes prefieren planes más tranquilos, el telecabina que parte del pueblo permite disfrutar de panorámicas espectaculares durante todo el año y acceder, en verano, a rutas que conducen a los ibones, los característicos lagos glaciares del Pirineo.