Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal.

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal. E.E

Opinión

Redescubrir el Huerva. Pensar la ciudad

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal
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Hace quince días hablábamos aquí del gran proyecto transformador de la ciudad que supondrá la urbanización de El Portillo.

Hoy nos bombardean con otro gran proyecto, la recuperación del Huerva para la ciudad; otra oportunidad para mejorar el espacio urbano que deberá responder a las expectativas que se están creando, que son muchas.

Podemos analizar el proyecto o podemos aprovecharlo para reflexionar, aunque sea brevemente, sobre la ciudad misma, sobre cómo proporcionar a la población espacios abiertos, verdes, agradables, que compensen su dureza y la sucesión de calles, edificios y asfalto, para descongestionarla.

No hace falta demostrar que integrar espacios verdes en la ciudad es beneficioso en todos los sentidos, incluso para la salud.

Pero aunque solo sirvieran para satisfacer esa necesidad de “ver” espacios naturales, verdes, poder introducirnos en ellos como alternativa, complemento y contraste al asfalto y al cemento, a las viviendas en bloques de pisos, a los coches, a la ciudad compacta que se ha defendido desde el ordenamiento urbanístico siempre, ya valdrían la pena.

Puede afirmarse que los espacios verdes son esenciales en una ciudad compacta, en un tejido urbano masificado. Sin embargo, para cumplir sus funciones no suele ser suficiente aumentar su número o su superficie; tienen que adaptarse a las necesidades de los ciudadanos, tienen que diseñarse adecuadamente, aplicando variedad más que cantidad.

Porque parte de la población puede valorar espacios libres y amplios, capaces de acoger gran cantidad de personas, pero otra parte puede valorar espacios más recogidos o contemplativos, más tranquilos.

En suma, aportar diversidad de espacios para que cada ciudadano elija en función de sus necesidades o preferencias, que también son diversas.

No solemos pensar en que si los ciudadanos “huyen” de la ciudad los fines de semana para acercarse a la naturaleza o a un espacio menos “duro”, deberíamos acercarla o introducirla en la ciudad para mejorar la vida urbana de la población.

Habría que intentar que los barrios fueran “equilibrados” y tuvieran la naturaleza cerca, integrando espacios verdes en los que haya variedad de usos, devolviendo la escala humana al espacio vivible, haciendo posible que favorezcan los encuentros, que sean espacios de relación social. Espacios valorados por sus usuarios, ya sean grandes o pequeños, por su función o por su estética.

Frente a la “individualidad” del espacio urbano (puede que no haya mayor soledad que en una ciudad estando rodeado de personas), parece necesario facilitar la vida pública integrando espacios donde puedan darse relaciones sociales, que además deberían ser favorecidas para que se produzcan.

Estos espacios de uso compartido, espacios libres de casas y coches, jardines, espacios que favorezcan la vida social, son absolutamente necesarios en las ciudades para intentar evitar esa “soledad” estando rodeado de personas.

Y no deberíamos quedarnos solamente en estos barrios equilibrados, habría que ampliar esa nueva “vena verde” que atraviesa la ciudad (el Huerva) con una trama continua de árboles y jardines que comuniquen los diferentes barrios, introducir más árboles en las calles y más espacios verdes (aunque sean pequeños) con fuentes y bancos, conectados a su vez con sendas o caminos que salen de la ciudad, que conectan con el espacio exterior, el que no está urbanizado. Todo para que puedan valorarse los árboles, la sombra, el aire …

Un diseño urbano que podría planificarse desde la administración local con una estrategia definida, consensuada, a ejecutar en el medio plazo, aprovechando dos intervenciones (el Portillo y el Huerva) verdaderamente transformadoras de la ciudad, dos oportunidades para mejorar el espacio en el que desarrollamos nuestras vidas, que debería ser el mejor posible.

Mejorar la ciudad, adaptarla continuamente a los cambios que se producen, tanto físicos (calentamiento global) como sociales y tecnológicos. Pero siempre conservando la escala humana.

Pensar la ciudad. Pensarla siempre. Continuamente.

Pero para eso habría que contar con los futuros usuarios desde el inicio, desde la primera idea. A esto dedicaremos un artículo en el futuro.