Las calles de Jijona con el castillo de fondo.
El refugio más bonito para visitar este otoño: un pueblo rodeado de montañas con vistas al mar desde el castillo medieval
Con casi tres cuartas partes de su término cubiertas de bosque, los alrededores de Jijona son ideales para escapadas de senderismo.
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Tras un breve episodio de lluvias, las temperaturas han bajado ligeramente en la provincia de Alicante.
Y aunque las primeras horas de la tarde todavía se asemejan a unos días habituales de verano, la frescura de la mañana invita a pensar ya en el otoño y en sus escapadas más amigables.
Jijona se cuela este otoño entre los planes más apetecibles de la provincia de Alicante, un municipio de interior, envuelto en masa forestal y sierras, que combina patrimonio, gastronomía dulce y miradores con guiño al Mediterráneo.
¿Por qué Jijona?
Con casi tres cuartas partes de su término cubiertas de bosque, los alrededores de Jijona son ideales para escapadas de senderismo y bicicleta de montaña cuando el calor del verano amaina.
Tras los primeros chaparrones otoñales, muchas fuentes naturales recuperan caudal y el paisaje gana intensidad, lugares como El Salt, Font de Nutxes, Font dels Bassons, Font de Roset o Font del Moratell son algunos de los puntos que merecen una parada.
La localidad, de unos 7.000 habitantes, se asienta entre los valles y montañas que separan Alicante de Alcoy, en un entorno dominado por la Penya Migjorn y el monte de la Carrasqueta (1.020 m), uno de los grandes pulmones verdes de la provincia.
Alma medieval
El casco antiguo de Jijona es un laberinto de calles estrechas y empinadas, con fachadas de colores, balcones de hierro forjado y puertas de madera que invitan a perderse sin prisa. Este conjunto histórico, que apenas ha cambiado con los años, conserva la impronta de sus fundadores árabes y ha sido reconocido por la UNESCO.
Entre los rincones con más encanto destaca la Plaza del Diezmo, donde se conserva la portada gótica de la Iglesia Vieja (Esglèsia Vella), templo del siglo XIII dedicado a Santa María y ejemplo de transición al gótico valenciano; la Iglesia de la Asunción, la parroquia actual, y edificios señoriales como la casa Monerris Planelles y el Convento de los Franciscanos, la Torre Blai y el Forn del Raval, una joya de la arquitectura popular vinculada a la tradición del turrón.
También merece una visita el Ayuntamiento, en la avenida de la Constitución, reconstruido tras el incendio de 1930 y punto de partida habitual para recorrer el casco viejo con plano en mano.
Muchos fines de semana se organizan visitas guiadas teatralizadas por el casco antiguo, una opción muy recomendable para familias y para quienes quieran descubrir anécdotas y leyendas locales de forma amena.
El castillo y la Torre Grossa
En lo alto del cerro que domina la villa se alza el Castillo de Jijona, también conocido como Torre Grossa, una fortaleza de origen almohade construida entre los siglos XII y XIII. Restaurado en 2020, el recinto se usa hoy para conciertos y espectáculos al aire libre y puede visitarse solicitando acceso con antelación en el Ayuntamiento.
La recompensa está en las vistas: desde el castillo se divisa el Mediterráneo, que en línea recta queda a unos 20 kilómetros, en un panorama que en otoño gana claridad y profundidad. No en vano, la Penya Migjorn, el “balcón de Jijona”, ofrece también panorámicas magníficas de gran parte de la provincia y del mar.