La Basílica de la Puríssima Xiqueta y San Pedro Apóstol.

La Basílica de la Puríssima Xiqueta y San Pedro Apóstol.

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Ni Altea ni Elche: esta es la iglesia más bonita en un pueblo de Alicante: una arquitectura neogótica impresionante

Fue construida a comienzos del siglo XX y su estilo neogótico la diferencia claramente de otras iglesias más sobrias de la provincia.

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Alicante
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Hay lugares que sorprenden sin hacer demasiado ruido. No están en todas las portadas, ni forman parte del circuito más repetido de Instagram en la provincia de Alicante. Y, sin embargo, destacan por su gran belleza.

Eso es exactamente lo que ocurre en Benissa.

En pleno corazón de la Marina Alta se alza esta localidad, un pueblo con historia medieval, calles empedradas y fachadas señoriales que guarda una joya arquitectónica inesperada como es la Basílica de la Puríssima Xiqueta y San Pedro Apóstol.

La “Catedral de la Marina”

No es casualidad que se la conozca como la Catedral de la Marina. Su silueta domina el perfil urbano del municipio con una fuerza poco habitual en templos de localidades pequeñas. Fue construida a comienzos del siglo XX y su estilo neogótico la diferencia claramente de otras iglesias más sobrias de la provincia.

Aquí todo impresiona. Las tres naves, los arcos apuntados, la verticalidad marcada y la amplitud interior. La piedra dorada con la que está edificada le aporta una luminosidad especial, sobre todo cuando el sol de la tarde baña la fachada principal.

Al cruzar la puerta, la sensación es todavía más impactante. La altura del techo, la simetría, la luz filtrándose por los ventanales… Es uno de esos espacios que invitan a bajar la voz y a contemplar en silencio.

Una belleza que destaca

En la provincia de Alicante hay iglesias muy fotogénicas. La cúpula azul de Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo en Altea es un icono mediterráneo. La monumentalidad histórica de la Basílica de Santa María en Elche la convierte en referencia indiscutible del gótico valenciano.

Pero lo que ocurre en Benissa es diferente. Aquí no hablamos solo de historia o de ubicación privilegiada, sino de impacto visual. Es una iglesia que sorprende por escala, por ambición arquitectónica y por cómo rompe la expectativa de lo que uno espera encontrar en un pueblo.

No está junto al mar ni forma parte de una gran ciudad. Está en el centro de un casco histórico tranquilo, elegante y auténtico. Y quizá precisamente por eso la experiencia es más especial.

Parte de su magia está en el factor sorpresa. Llegas paseando entre casas señoriales y, de pronto, aparece ante ti una construcción que podría estar en una capital europea. Es grandiosa, pero no ostentosa; monumental, pero integrada en el entorno.

Sentarse en la plaza, observar su fachada y escuchar el silencio del pueblo es uno de esos pequeños placeres que redefinen un viaje.