Fósforo verde

Futuro que no lo es

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En una de las primeras sesiones del Google I/O 2016, la conferencia de Google para desarrolladores, la compañía ha presentado Google Home, un pequeño asistente doméstico muy similar al Echo de Amazon, lanzado por sorpresa en noviembre de 2014, al que puedes hacer preguntas, pedir que te ponga música, hacer que te apunte algo en la lista de la compra, o mil cosas más.

Cuando Echo se lanzó, muchos críticos dijeron desde que no querían tener una ventana abierta para que Jeff Bezos escuchase todo lo que decían en su salón, hasta que no tenía sentido una interfaz de voz para cosas que uno hace tranquilamente sentado en su ordenador o con su smartphone.

Sin embargo, a pesar de que la habitualmente oscura Amazon no facilita cifras de ventas por productos, sabemos que es un absoluto superventas, y que de las más de treinta mil opiniones de clientes del producto, más de dos tercios son de cinco estrellas, clientes enamorados de él -o de ella-, porque el asistente se llama Alexa y tiene voz de mujer.

¿Qué hay detrás de la idea de tener un cacharro en casa al que pedir cosas de viva voz? En ambos casos, hablamos de toda una batalla desencadenada por el control del hogar conectado, por ser quien ofrezca el punto de conexión y la interfaz a través del cual se coordinan una gama creciente de sensores y actuadores de todo tipo. Si tenemos frío, se lo decimos al cacharro y sube el termostato de la calefacción. Si tenemos calor, nos pone el aire acondicionado.

Pero las necesidades humanas van mucho más allá de los niveles bajos de la pirámide de Maslow, así que iremos conectando cada vez más cosas, sea para seguridad, para salud, para comercio electrónico o incluso para pedir a nuestro coche que salga del garaje y nos espere en la puerta de casa. O que avise a un Uber sin conductor o a un Google Car para que nos recojan. O que compre algo que necesitamos y que un helicóptero no tripulado nos lo traiga en media hora.

¿Futurista? Hablamos de tecnologías que ya existen, que ya están probadas. Ya lo decía William Gibson: “el futuro ya está aquí, sólo que no está uniformemente distribuido”. Cuando vemos tecnologías que muchos aún consideran tan futuristas como un episodio de Los Supersónicos, deberíamos lanzarnos a pensar cómo nos van a afectar, cómo van a afectar a nuestros negocios, y estar deseando probarlas para aprender a sacarles partido antes que nadie. ¿Futuro? Ya no lo es. El futuro ya está aquí.