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Majestuosa y elegante, poderosa y señorial, Arequipa aguarda al viajero desde su particular ubicación entre el desierto costero y el altiplano andino del sur del Perú.

Hermosa como pocas ciudades pueden reconocer serlo, se halla a 2.300 metros de altitud con un telón de fondo único: el de los volcanes Misti, Chachani y Pichu Pichu, que han marcado su historia y carácter a lo largo de los siglos.

Pero si hay algo que conquista de esta urbe fundada por los españoles en 1540, es su centro histórico, uno de los conjuntos coloniales más espectaculares de Sudamérica, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Plaza de Armas de Arequipa.

Plaza de Armas de Arequipa. Karina Mendoza PROMPERÚ

Nos disponemos a recorrer sus callejuelas, disfrutar de su día a día y aprender sobre su historia a lo largo de 36 horas repletas de planes y estampas difíciles de olvidar.

La magia del encanto colonial

El trasiego más cotidiano arranca desde temprano en las calles de Arequipa en torno a su Plaza de Armas. En cuanto el sol empieza a iluminar la blanca piedra volcánica de la que están construidos sus edificios del centro histórico, los primeros cafés abren sus terrazas bajo los soportales, los limpiabotas instalan sus cajas frente a la catedral y los vendedores ambulantes comienzan a ofrecer ricas viandas.

Mercado San Camilo en la ciudad de Arequipa.

Mercado San Camilo en la ciudad de Arequipa. Karina Mendoza PROMPERÚ

Nosotros optamos por tomarle el pulso a la jornada en el Mercado San Camilo, perfecto para entender la rutina matinal. Inaugurado en el siglo XIX y considerado uno de los mercados históricos del país, nos perdemos entre pasillos repletos de aguacates y aprendemos sobre los más de 3.000 tipos de papas cultivadas en Perú.

Sentados en un banquito, nos deleitamos con un jugo de frutas recién hecho o con un contundente desayuno: ¿quién puede negarse a unos tamales o un caldo de gallina?

Disfrutado el banquete, regresamos a la Plaza de Armas de Arequipa, que a estas horas ya está completamente animada: turistas con cámaras por doquier, estudiantes con mochilas al hombro y vendedores de helados componen la escena.

Calle Sevilla, en el interior del convento de Santa Catalina.

Calle Sevilla, en el interior del convento de Santa Catalina. Inés Menacho PROMPERÚ

Dominando el conjunto, la imponente Catedral de Arequipa, una de las más monumentales de Perú, nos tienta a visitarla.

Construida en sillar blanco, el templo ocupa el lado norte de la plaza con su fascinante fachada neoclásica. Aunque el edificio original es del siglo XVII, su aspecto actual es consecuencia de reconstrucciones posteriores provocadas por terremotos, un recordatorio de la actividad sísmica —pues estamos en zona volcánica— que ha marcado la historia de la ciudad.

Dentro, sorprende la amplitud de sus naves, el inmenso órgano belga del siglo XIX y el púlpito tallado en madera.

Basta caminar unos minutos para llegar al Monasterio de Santa Catalina, tras cuyos muros todo es calma. Con más de 20.000 m2 rodeados de vetustas murallas, fue fundado en 1579 y en él vivieron durante siglos monjas de clausura pertenecientes mayormente a familias acomodadas.

Claustro del convento de Santa Catalina, ciudad de Arequipa.

Claustro del convento de Santa Catalina, ciudad de Arequipa. Enrique Castro-Mendívil PROMPERÚ

Recorremos su laberinto de calles estrechas bautizadas con nombres de ciudades españolas como Córdoba, Sevilla o Toledo, y curioseamos entre patios, fuentes, celdas y espacios comunitarios, conociendo cómo era la vida dentro de este recinto religioso que permaneció prácticamente cerrado al mundo exterior durante casi cuatro siglos.

Empapados de patrimonio, almorzamos en El Fuego de San Antonio, donde una tradicional sopa de quinoa es la antesala perfecta para la especialidad de la casa: las carnes a la brasa. Si preferimos un ambiente aún más local, nada como el ceviche de Señor Ceviche o Ceviche Puerto 92.

La tarde la dedicamos a una visita guiada al Museo Santuarios Andinos, que no nos deja indiferente, pues su interior alberga uno de los hallazgos arqueológicos más impactantes de los Andes: la famosa Juanita, también conocida como la Doncella de Ampato.

El mirador Cruz del Cóndor en el Valle del Colca.

El mirador Cruz del Cóndor en el Valle del Colca. Trailer Films PROMPERÚ

Para entender su importancia, nos remontamos a 1995, cuando el antropólogo estadounidense Johan Reinhard y el arqueólogo peruano José Antonio Chávez descubrieron, en el volcán Ampato, el cuerpo congelado de esta joven inca sacrificada hace más de 500 años durante un ritual de capacocha, una ceremonia religiosa destinada a honrar a las montañas sagradas.

Gracias al hielo y a las condiciones extremas de altura, el cuerpo se conservó de manera extraordinaria, convirtiéndose en una de las momias mejor preservadas del mundo, actualmente expuesta aquí.

Atardecer en Plaza de Armas de Arequipa.

Atardecer en Plaza de Armas de Arequipa. Karina Mendoza PROMPERÚ

Al caer la tarde, cuando el cielo se tiñe de azules imposibles, llega la hora de la ducha reponedora, del paseo relajado y la cena. Optamos por Chicha, el restaurante que el reputado chef peruano Gastón Acurio tiene en una casona histórica del centro de la ciudad —también en otras localizaciones de Perú—.

Desde aquí hace una lectura contemporánea de la cocina arequipeña, reinterpretando los platos tradicionales con técnica actual, pero respetando los ingredientes y sabores de la región.

¿Qué elegir? Nada como sus clásicos recuperados como el rocoto relleno, el chupe de camarones o el controvertido —pero delicioso— cuy: una absoluta exquisitez.

Ventana del Colca en el distrito de Callalli, cañón del Colca.

Ventana del Colca en el distrito de Callalli, cañón del Colca. James Posso PROMPERÚ

Explorando el exuberante entorno

Arequipa se encuentra en un entorno natural espectacular, donde en apenas unas horas es posible pasar de fértiles valles a algunos de los paisajes más sobrecogedores de los Andes.

Por eso, tras una jornada dedicada a su centro histórico, elegimos irnos de excursión: el Cañón del Colca, tres horas al norte de Arequipa, es el elegido.

Con más de 3.000 metros de profundidad en algunos tramos, es uno de los cañones más hondos del planeta y un territorio de pueblos andinos, terrazas agrícolas preincaicas y vertiginosos miradores desde los que contemplar el vuelo del cóndor andino, que aprovecha las corrientes térmicas del cañón para elevarse sobre el vacío.

Una ruta de senderismo supone una experiencia imprescindible a este inolvidable viaje a Arequipa, ciudad de identidad propia donde historia, carácter y belleza son un combo difícil de olvidar.