El pintor de la luz, Joaquín Sorolla, nunca tuvo que emigrar. Aunque viajó por vocación tanto a Roma, París como Estados Unidos. Él buscaba inspiración, empaparse de las nuevas tendencias y volver a plasmar en sus pinturas su color y su naturalidad.
Sin embargo, si se hubiera visto obligado a dejar su patria, Toulouse no hubiera sido mal destino puesto que más allá de los Pirineos es una ciudad donde la luz sigue siendo intensa y la vida alegre es casi contagiosa.
Quizá por eso la capital de Occitania siente que le debe algo a Sorolla y ha montado la segunda exposición más importante que el pintor español ha protagonizado en toda Francia.
El Hôtel d'Assézat donde se aloja la Fundación Georges Bemberg.
Precisamente, fue hace 10 años cuando la capital francesa rindió homenaje a un artista que adoraba ese ambiente bohemio, con la muestra Sorolla en París en el Musée des Impressionnismes de Giverny, que luego viajó hasta su casa, el Museo Sorolla de Madrid.
Ahora es la Fundación Bemberg, una de las pinacotecas más impresionantes del país tanto por su arquitectura como por lo que guardan sus muros, la que acaba de inaugurar una gran muestra centrada en el maestro de la luz que, según cuentan, será sólo un aperitivo de la gran retrospectiva histórica que preparan instalar en París.
Esta muestra, que aprovecha el cierre del Museo Sorolla de Madrid por obras, refuerza una vez más los históricos lazos que la conocida como la "Ciudad Rosa" por el color de los ladrillos de terracota de sus edificios, siempre ha tenido con España a través de un despliegue artístico sin precedentes.
Uno de los cuadros de Sorolla en la exposición que ha abierto la Fundación Bemberg.
La luz del Mediterráneo de la mano de Joaquín Sorolla iluminará las salas de la Fundación Bemberg hasta el próximo 13 de septiembre. La exposición aborda los principales ejes temáticos de la obra del pintor valenciano a través de una cuidada selección de sus pinturas más representativas.
Estructurada de forma temática, la muestra ofrece al visitante un viaje sensorial y geográfico dividido en tres grandes pasiones del artista.
La primera es la de los Paisajes marinos. Son escenas inspiradoras capturadas en las playas de Valencia, San Sebastián y Biarritz donde el pintor logra atrapar la fugacidad del agua y el viento en estampas que van desde las duras labores marítimas de los pescadores hasta los momentos de ocio.
La segunda es el Arte del retrato, con una mirada íntima centrada en las figuras de su esposa Clotilde y sus tres hijos, pero que también se abre a miembros de la alta sociedad y a personas anónimas de las clases trabajadoras con las que Sorolla se topaba en sus viajes.
Parte de la exposición en Toulouse.
Y por último se verán los Jardines íntimos en un recorrido botánico y arquitectónico que comenzó inspirado por los grandes lugares históricos de España (como los Reales Alcázares de Sevilla o la Alhambra de Granada) y que desembocó en rincones mucho más personales en su última etapa, tras la construcción de su mítica casa y estudio en Madrid.
La exposición temporal se integra a la perfección con la colección permanente de la Fundación Bemberg, un espacio que custodia el impresionante legado de pinturas, esculturas y mobiliario del mecenas argentino Georges Bemberg, ubicado en el monumental Hôtel d’Assézat, una obra maestra del Renacimiento tulusano.
Qué hacer en Toulouse
Pasear por la Place du Capitole. El corazón neurálgico de la ciudad, una majestuosa plaza peatonal rodeada de fachadas de ladrillo rosa donde se ubica el Ayuntamiento y el teatro de la ópera. Sus terrazas son el lugar idóneo para ver pasar la vida local mientras se disfruta de un café.
El puente sobre el Garona en Toulouse.
Atardecer a orillas del río Garona. Al caer la tarde, tanto los locales como los viajeros se congregan en el Quai de la Daurade o en el césped del Port de l'Embouchure. Contemplar el reflejo del sol poniente sobre el icónico Pont Neuf (el puente más antiguo de la ciudad) es un espectáculo imprescindible.
Ruta de mercados y Cassoulet. El turismo también se saborea. Una visita al mercado cubierto de Victor Hugo permite degustar los mejores quesos franceses, embutidos y vinos de la región. Para la cena, ningún plato representa mejor a la ciudad que el Cassoulet, un contundente y delicioso guiso tradicional de alubias blancas y carne confitada.