Víctor Moure, CEO de Kumbra.

Víctor Moure, CEO de Kumbra. Cedida

Talento Rebelde

Víctor Moure: "El mayor lujo ya no es tener un barco, sino disfrutarlo sin preocupaciones"

El emprendedor gallego Emilio Froján entrevista al CEO de Kumbra, una compañía dedicada al diseño y fabricación de yates a motor de lujo con vocación internacional que le ha convertido en Forbes 30u30 este año

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Con solo 25 años, Víctor Moure ha irrumpido en uno de los sectores más exigentes del lujo con una propuesta que desafía las reglas de la náutica tradicional.

Al frente de Kumbra, vende embarcaciones de hasta 750.000 euros apostando por el diseño, la experiencia y una nueva forma de entender la propiedad de un barco. En esta conversación hablamos de emprendimiento, liderazgo, marca, inversión y de cómo se construye una compañía con vocación internacional que le ha convertido en Forbes 30u30 este año.

Tienes 25 años y ya vendes barcos de hasta 750.000 euros. ¿En qué momento dejaste de pensar que era una idea bonita y empezaste a creer que realmente podía convertirse en una empresa?

El punto de inflexión llegó cuando entendimos que la necesidad que habíamos detectado no era únicamente una percepción personal. Había clientes que buscaban una manera distinta de vivir la náutica: más contemporánea, más cercana y más conectada con su estilo de vida.

Kumbra nació en Barcelona con la voluntad de ocupar el espacio existente entre el yate tradicional, muchas veces percibido como complejo, distante o excesivamente clásico, y una nueva generación de propietarios que valoraba el diseño, la personalización, la adaptación a la manera que tienen de disfrutarlo y la experiencia dentro y fuera del barco.

Cuando empezamos a recibir interés real por parte de clientes, colaboradores y profesionales del sector, dejamos de hablar únicamente de una idea. Nos dimos cuenta de que podíamos construir una empresa y, sobre todo, una marca con recorrido internacional. Desde el momento que empecé, tenía claro que no podía quedarme a medias ya que al ser un sector tan exigente y de lujo, tienes que actuar y ser percibido en consecuencia.

¿Qué vio Víctor Moure que toda la industria náutica llevaba décadas sin ver?

No diría que la industria no lo hubiera visto, sino que existía una oportunidad para interpretar el lujo náutico de una manera diferente.

Durante muchos años, el sector se centró principalmente en el producto, las prestaciones y la propiedad. Nosotros entendimos que el nuevo cliente también buscaba sencillez, identidad, comunidad y experiencias. No quería limitarse a comprar un barco; quería que ese barco formara parte de su vida. Hoy en día el mayor lujo es poder disfrutar de un barco, sin que esto te genere preocupaciones y dolores de cabeza constantes.

Por eso Kumbra no se plantea únicamente como un astillero. Queremos construir una marca que combine producto, experiencia, comunidad y estilo de vida. El barco es el centro, pero alrededor de él desarrollamos nuevas formas de entender la propiedad, la inversión y la relación del cliente con el mar.

Emprender con una app ya es difícil. Tú decidiste fabricar barcos. ¿Qué tiene que pasar por la cabeza de alguien para escoger probablemente uno de los negocios más complejos que existen?

Probablemente hay que tener una mezcla de pasión, inconsciencia y mucha convicción.

La náutica es un sector complejo porque intervienen el diseño, la ingeniería, la producción, la homologación, la logística, la comercialización y un servicio postventa muy exigente. Además, cada unidad requiere una inversión importante con mucha personalización y un nivel de precisión muy alto.

Sin embargo, esa complejidad también es lo que hace que el proyecto sea tan apasionante. No queríamos crear algo fácil; queríamos construir algo relevante y duradero. Cuando conoces bien el producto, entiendes al cliente y estás rodeado de un equipo preparado, la dificultad deja de ser un freno y se convierte en una barrera de entrada que protege el valor de lo que estás creando.

¿Qué consideras que es necesario para convertirte en buen CEO?

Creo que un buen CEO debe tener visión, capacidad de ejecución y, sobre todo, mucha humildad para seguir aprendiendo y escuchando de los que le rodean.

El trabajo no consiste en tener todas las respuestas, sino en formular las preguntas adecuadas, tomar decisiones con información incompleta y rodearte de personas que sepan más que tú en sus respectivas áreas. En cierta medida, una frase que me gusta mucho decir es que emprender o empezar un proyecto no consiste en no tener miedo, sino en seguir avanzando a pesar de él, sabiendo que tendrás más equivocaciones que aciertos y que estos te ayudarán a estar mejor preparado.

También es fundamental saber comunicar una dirección clara. El equipo debe entender qué estamos construyendo, por qué lo estamos haciendo y qué se espera de cada persona. A medida que la empresa crece, el reto deja de ser hacerlo todo y pasa a ser crear el contexto necesario para que los demás puedan hacer su trabajo de la mejor manera posible.

¿Qué has aprendido de este mercado en estos años?

He aprendido que en la náutica o en los sectores de lujo, la confianza lo es todo. El cliente no está comprando únicamente una embarcación; está depositando en ti un sueño, una inversión importante, una expectativa y una parte de su tiempo libre.

Por eso no basta con tener un buen producto. Hay que ser rigurosos en los plazos, transparentes en la comunicación y excelentes en el servicio. La relación con el cliente continúa mucho después de la entrega.

También he aprendido que es un sector tradicional, pero con una gran capacidad de transformación. Existe espacio para innovar en el diseño, en la experiencia de compra, en la personalización y en los modelos de propiedad. El mercado evoluciona hacia un lujo más experiencial, más flexible y más alineado con la forma de vivir de cada cliente.

Otra cosa que he aprendido es que no hay dos personas con los mismos gustos, y hay que saber adaptarse a cada situación, recomendando lo que realmente quiere y no lo que a ti te convenga, de esta manera la relación que creas va más allá que solo una simple transacción.

Si mañana entra un fondo dispuesto a invertir 120 millones de euros... ¿qué tendría que aportar además del dinero para que aceptaras?

Tendría que aportar visión a largo plazo, conocimiento y respeto por la identidad de Kumbra.

El capital puede acelerar el crecimiento, pero no garantiza que ese crecimiento esté bien construido. Para nosotros sería importante contar con un socio capaz de abrir mercados, profesionalizar determinadas áreas como la producción, reforzar la red comercial y acompañarnos en la expansión internacional.

Pero también tendría que comprender que la marca, el producto y la experiencia del cliente no pueden diluirse en el proceso. No aceptaríamos una inversión únicamente por el tamaño de la cifra. Buscaríamos un socio que compartiera nuestra ambición y entendiera que queremos construir una compañía relevante durante generaciones, no crecer deprisa a cualquier precio.

Ferrari consiguió que soñáramos con su coche. ¿Qué tendría que pasar para que dentro de diez años la gente sueñe con un Kumbra?

Tendríamos que ser capaces de construir un producto excepcional y, al mismo tiempo, un universo de marca reconocible y aspiracional.

La aspiración no se crea únicamente con publicidad. Se construye mediante la coherencia: diseño, calidad, prestaciones, atención al cliente, distribución, experiencias y comunidad. Cada punto de contacto debe transmitir la misma identidad.

Queremos que un Kumbra represente una forma de vivir el Mediterráneo: elegante, deportiva, cercana y emocional. Activaciones como el Gran Premio de Mónaco o la Kumbra House en Ibiza nos permiten situar la náutica en nuevos contextos y relacionarla con la cultura, el entretenimiento y el lifestyle.

El objetivo es que, al ver un Kumbra, la gente no piense únicamente en un barco, sino en todo lo que podría vivir a bordo, algo que en la náutica,no es habitual.

¿Qué tiene Kumbra de empresa tradicional?

Aunque nuestra manera de comunicar y de entender la marca sea contemporánea, hay una parte muy tradicional que consideramos fundamental: el respeto por el oficio.

Fabricar un barco sigue siendo totalmente artesanal, donde intervienen personas de principio a fin y donde exige conocimiento técnico, atención al detalle, disciplina y una relación muy directa con proveedores, ingenieros, diseñadores y profesionales especializados. Hay procesos que no pueden acelerarse sin comprometer la calidad.

También compartimos con las empresas tradicionales una visión de largo plazo. Queremos construir una marca sólida, cuidar la reputación y mantener una relación cercana con cada cliente. Podemos innovar en el modelo de negocio o en la experiencia, pero la excelencia del producto sigue dependiendo del rigor, la experiencia y el trabajo bien hecho.

Nuestros clientes tienen entre 40 y 55 años, por lo que, aunque tengamos un equipo joven y una filosofía más bien innovadora, tenemos que seguir pensando que nuestro cliente no nació en la generación de los smartphones, redes sociales o IA, y que muchas veces, se encuentran en otros lugares, tienen otros gustos, les gusta que los traten “como antes”. Por este motivo, seguimos adoptando todo aquello que nos gusta de otras generaciones, para que también se sientan parte de nuestra cultura de empresa.

¿Has perdido algo por el camino al construir Kumbra?

Emprender un proyecto de esta dimensión implica renuncias. He perdido parte de la tranquilidad, tiempo personal y muchos momentos que, a esta edad, probablemente habría vivido de otra manera. Por suerte, durante la universidad pude quemar muchas de estas etapas sabiendo que mi objetivo era centrarme en crear algo desde 0, sacrificándome hasta donde otras personas no ven razonable llegar. Pero el camino al éxito, lo siento así, y lo he vivido en casa así desde que nací.

También tienes que madurar muy rápido. Cuando existen empleados, clientes, proveedores e inversores que dependen de tus decisiones, aprendes que no puedes actuar únicamente en función de cómo te sientes en cada momento.

Aun así, no lo planteo desde el arrepentimiento. He ganado experiencia, responsabilidad y la oportunidad de construir algo en lo que creo profundamente. El reto está en no normalizar el sacrificio permanente y aprender a cuidar también las relaciones, la salud y la vida personal.

Acabas de ser nombrado Forbes 30u30 ¿Qué consejo le darías a alguien joven que está planteándose emprender?

Le diría que no espere a sentirse completamente preparado, porque ese momento probablemente no llegará. Pero también le diría que no confunda valentía con improvisación.

Hay que conocer muy bien el problema que se quiere resolver, hablar con clientes, entender el mercado y validar si existe una necesidad real. Una idea puede ser atractiva, pero una empresa solo existe cuando genera valor de manera sostenible.

También es importante rodearse de personas mejores que uno mismo, aceptar que habrá errores y mantener la capacidad de adaptación. Los reconocimientos pueden dar visibilidad, pero no construyen una compañía. Lo que realmente marca la diferencia es la constancia, la ejecución diaria y la voluntad de seguir adelante cuando el proyecto todavía no recibe aplausos.

Emprender no consiste únicamente en tener una gran idea. Consiste en asumir la responsabilidad de convertirla en realidad.

Para mí, lo más importante en todo el proceso es la disciplina, y seguir empujando hasta cuando no ves la luz al final del túnel.