Jamaica.
Jamaica, 70 años de souvenirs en Vigo: "Ahora el turista que viene busca cosas muy baratas"
Ángeles y su hijo Javier son la cara visible del histórico negocio vigués y testigos de primera mano de la evolución del turismo de la ciudad, así como del languidecer de A Pedra como centro neurálgico para los visitantes
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Las escaleras que conectan Teófilo Llorente con la plaza de A Pedra son uno de los principales accesos al Casco Vello para los turistas que desembarcan de los grandes cruceros que llegan al Puerto de Vigo. En esa subida, de manera estratégica, se sitúan varias tiendas de souvenirs, que buscan encandilar al visitante en su trayecto a la parte antigua.
Desde hace unos 70 años, uno de los escaparates de referencia de este lugar es el de Jamaica, una tienda de souvenirs que comenzó a trabajar a mediados del siglo pasado.
"A él le encantaba Jamaica. En aquella época los barcos tenían bases de tres o seis meses en distintos sitios y conocía medio mundo. Jamaica le había encantado y dijo: '¿Te parece que le pongamos Jamaica?'. Y Jamaica se quedó", recuerda Ángeles, actual propietaria, sobre el origen del nombre, obra y gracia de su padre y al que su abuela no pudo negarse.
Había trabajado de contramaestre en un buque cablero inglés, por lo que su profesión le había permitido conocer buena parte del mundo, aunque fue la isla caribeña la que le conquistó.
Javier, hijo de Ángeles, puntualiza sobre ese origen; recuerda que su abuelo, aficionado a las historias de piratas, bromeaba con que la tienda, llena de objetos brillantes y mercancías llegadas de lugares remotos, parecía "una de las cuevas de los piratas de Jamaica".
Sea como fuere, el nombre no sólo se ha convertido en un emblema para ellos y los negocios del lugar, sino que provocó que con el tiempo abriesen otros locales con nombres exóticos, replicando la fórmula del Jamaica.
De las mercancías del extranjero al souvenir
En sus inicios, en la tienda vendían productos muy diferentes a los actuales que tenían su origen en los viajes de su abuelo, acompañado de su abuela. A las mercancías que traían a Vigo también se añadían objetos de más valor, situados en la planta de arriba de la tienda, orientados a, por ejemplo, regalos de boda: vajillas inglesas, cristal de Bohemia o porcelanas procedentes de Asia, entre otros artículos.
El salto a los souvenirs llegó también de esos viajes y de una anécdota que sus actuales propietarios cuentan con una sonrisa en la cara: en una ocasión, apareció con una enorme cantidad de toros de fieltro, para sorpresa de su abuela, que no veía demasiado claro qué podían hacer con aquella mercancía. Sin embargo, él había comprobado en otros puertos que ese tipo de recuerdos funcionaba entre los viajeros. La apuesta tuvo éxito y Jamaica comenzó a desarrollar cada vez más esa línea de negocio.
"Fue cuando se empezó a vender todo el tema de los souvenirs, de la andaluza...", recuerda Javier, que señala que al principio las ventas se enfocaban en los recuerdos turísticos ligados a los tópicos españoles.
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Por su parte, Ángeles recuerda las compras de los tripulantes hindúes de algunos de los barcos que llegaban a Vigo, que adquirían grandes cantidades de determinados perfumes y productos españoles. "Se vendían cajas y cajas de una colonia muy particular. Venía un tripulante y a lo mejor llevaba diez cajas de doce frasquitos", relata.
Con el paso del tiempo, sin embargo, el negocio fue dejando atrás esa imagen más genérica de España para dar cada vez más protagonismo a Galicia y el producto artesano, hecho aquí. "Nos hemos preocupado de tener primero cosas gallegas, españolas y, a la cola y porque no tenemos más remedio, alguna otra cosa", señala su propietaria.
Pero, como explica Javier, cada vez resulta más complicado encontrar proveedores. "Cada vez hay menos artesanos trabajando", explica. Esta dificultad ha llevado a la propia familia a asumir parte de la creación de los artículos que comercializa. "Hay muchas cosas que ya hacemos nosotros, también los diseños, para paliar que fuera no encontramos quién lo haga".
El problema, asegura, se ha intensificado desde la pandemia. Algunos pequeños artesanos han abandonado la actividad o incluso los sistemas oficiales de acreditación porque mantener el negocio dejó de resultarles rentable.
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Javier pone como ejemplo a proveedores cuyos productos sabe que están elaborados y pintados a mano, pero que ya no forman parte de determinadas certificaciones. Para Jamaica, poder seguir ofreciendo este tipo de piezas implica por tanto buscar directamente a los productores y conservar relaciones con talleres pequeños que todavía mantienen técnicas artesanales.
Además, está la llegada de la venta online: "Ahora con Internet te lo coges en cualquier sitio y nosotros no podemos competir con eso".
La estética de la tienda de souvenirs
El reto no es sólo vender y luchar contra la competencia, sino que también está en la manera de exhibir el producto. Paradójicamente, una presentación demasiado sofisticada puede hacer pensar que el producto es muy caro, especialmente por la asociación que hace el turista del souvenir a una determinada estética. "Quieres ponerlo todo súper bien, como una tienda normal, con sus luces, y no vendes", comenta Javier entre risas.
Un artículo colocado cuidadosamente sobre una estantería puede funcionar peor que ese mismo producto colgado de una forma mucho más informal. "Es el concepto que tenemos de la tienda de souvenirs, como de mercadillo", resume.
En esas aguas se mueve el Jamaica, entre la modernización y las redes sociales y una imagen tradicional que el propio turista espera encontrar. Al mismo tiempo, Javier observa una preocupación creciente entre los clientes por saber de dónde procede aquello que compran. "Últimamente la gente pregunta mucho: '¿Esto de dónde viene?, ¿esto es de aquí?, ¿esto es local?'", explica.
Un turista que ha evolucionado
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Y es que el turismo ha cambiado, y también ha crecido. De hecho, la llegada de la Navidad de Abel Caballero ha permitido que las ventas tengan más periodos de crecimiento. Tradicionalmente, el periodo más fuerte comienza alrededor del 15 de julio y se prolonga hasta finales de agosto. Septiembre, explica Ángeles, suele aportar menos volumen pero clientes de mayor capacidad de gasto, mientras que octubre funciona como mes de transición.
Sin embargo, este año asegura haber vivido una temporada especialmente irregular, después de un invierno y una Semana Santa malos y con un verano marcado por fuertes altibajos. Más allá del número de visitantes, el principal cambio que detecta está en su capacidad adquisitiva. "El poder adquisitivo de la gente es muy bajo. Ha cambiado el tipo de turismo que viene a Galicia. Antes venía un señor al que no le importaba comprarse una pieza gallega mona y gastarse un poco de dinero. Ahora el turismo que viene es turismo de cosas muy baratas", sostiene.
La Navidad de Vigo ha contribuido, en cambio, a extender la actividad turística durante meses que tradicionalmente eran muy flojos para este tipo de comercio. Jamaica ha incorporado también recuerdos relacionados con las luces, como imanes y otros pequeños artículos. "Antes, desde finales de septiembre prácticamente hasta marzo, esto estaba muerto. Las luces sí que han ayudado porque ahora hay una continuidad", reconoce.
A Pedra
Desde su ubicación junto al Mercado da Pedra, Ángeles ha sido además testigo de la profunda transformación de uno de los espacios que durante décadas funcionó como gran foco turístico de Vigo. Recuerda una época en la que miles de personas llegaban expresamente a la zona para comprar ropa y otros productos, comer ostras o acudir a sus restaurantes.
Ahora, una parte de ese público, afirma, se ha desplazado ahora a Portugal. El actual formato de outlet ha permitido recuperar cierta actividad, pero, a su juicio, "no es lo de antes".
"El mercado, los restaurantes... esto funcionaba como un todo, como un punto turístico súper importante", explica. Incluso la venta y el consumo de ostras, añade, han perdido parte del tirón que tuvieron años atrás.
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Para Ángeles, recuperar y potenciar esta zona resulta especialmente importante porque Vigo no cuenta con un gran monumento que, por sí solo, concentre el interés de quienes llegan por primera vez a la ciudad.
Precisamente por ese carácter de puerta de entrada turística, desde el Jamaica reclaman también una mejora del entorno inmediato del Mercado da Pedra. Su principal queja son los contenedores situados en la zona, utilizados por numerosos establecimientos hosteleros y que, especialmente a determinadas horas, terminan rodeados de residuos que atraen a las gaviotas.
"Suben por aquí 1.500 personas y lo que se encuentran son unos contenedores de frente con toda la porquería tirada", lamenta. Reconoce que en los últimos tiempos se recoge con mayor frecuencia el cartón y se limpian los recipientes, pero considera insuficiente la solución y pide distribuir contenedores en otros puntos.
"Es la entrada del Casco Vello y la verdad es que da una imagen bastante mala", concluye.