Exterior de la casa.
Buscan voluntarios cerca de Madrid para desconectar en una cabaña de 24 m² con estufa y piscina en plena naturaleza
Situado a 60 kilómetros de la capital, este alojamiento busca personas para ayudar con los animales y la huerta.
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En la Alcarria madrileña, a solo 60 kilómetros de Madrid y a orillas del río Tajuña, la granja ecológica ARREA ha abierto una convocatoria para encontrar voluntarios. La iniciativa, impulsada por su fundador Fredi, propone desconectar en una estancia basada en la sostenibilidad, la permacultura y el decrecimiento.
Los participantes se alojan de forma independiente en una cabaña diáfana de 24 m² situada a 100 metros de la vivienda del anfitrión. La estancia cuenta con literas, cocina con nevera, depósito de agua potable, estufa de leña y lámpara solar para las noches, además de un baño e instalaciones con piscina y huerto ecológico.
A cambio de ofrecer el espacio y alimentos vegetarianos para cocinar, los colaboradores aportan entre tres y cuatro horas diarias de trabajo. Entre las labores se incluyen cuidar el huerto orgánico, alimentar a los animales, acarrear leña y realizar tareas cotidianas de mantenimiento.
El proyecto ARREA se define como un espacio abierto a experimentar e intercambiar bajo la cultura del decrecimiento. Su filosofía busca alejarse del consumo capitalista tradicional y retomar el contacto directo con la tierra, fomentando hábitos de vida que priorizan utilizar las energías limpias y los recursos naturales locales.
La finca se localiza en un paraje de bosque rodeado de encinas y almendros y prioriza en todo momento la convivencia y el aprendizaje mutuo en la granja. Además, existe una parada de autobús a un kilómetro y medio que conecta la zona con la capital.
Bienestar animal
El trato directo con los animales es una parte esencial de la rutina diaria en la propiedad. Los voluntarios pueden compartir la jornada con dos perros, entre ellos un mastín de gran tamaño, dos burros llamados América y Pedrito, gallinas y colmenas de abejas, por lo que tener predisposición y respeto con ellos es fundamental.
A las labores con la fauna se suman actividades agrícolas como recolectar hortalizas frescas del huerto, vaciar el sanitario y mantener limpios los espacios compartidos. Para asegurar la coordinación, se convocan asambleas periódicas en las que se evalúan las necesidades del grupo y se acuerdan los turnos con flexibilidad.
Uno de los dos burros de Fredi.
La convocatoria está orientada a personas dispuestas a adaptarse a una vida sencilla sin lujos urbanos. Se requiere manejar herramientas básicas de campo, mostrar compromiso con el entorno animal y tener capacidad de trabajo en equipo.
Para garantizar un impacto positivo en el proyecto, la estancia pide un mínimo de un mes de duración. Esta experiencia ofrece la oportunidad de desconectar del ritmo acelerado de la ciudad, aprender técnicas de agricultura biológica y disfrutar de un espacio apacible e inspirador a pocos kilómetros de Madrid.