Iker, joven que vive en un bosque.

Iker, joven que vive en un bosque. YT: Arnau Serrado y Vida en Vela

Sociedad

Iker, 23 años, vive solo en un bosque: "No tengo que pagar facturas ni de luz ni de agua y hago poca compra"

El joven vive de forma autosuficiente en un bosque en su propio hogar desde hace dos años.

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Las claves
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Iker, de 23 años, ha decidido vivir solo en un bosque, apostando por la autosuficiencia y reduciendo al mínimo sus necesidades.

En su finca utiliza placas solares para la electricidad y un pozo para el agua, evitando así pagar facturas de luz y agua.

Cría animales como cabras, gallinas y patos, y busca producir parte de su propia alimentación para depender menos del exterior.

Iker cuestiona el ritmo de vida urbano y defiende que la verdadera riqueza está en necesitar menos y ser más autónomo.

A los 23 años, Iker ha decidido alejarse de la ciudad y llevar una vida muy diferente a la que siguió durante su infancia.

Creció rodeado del modelo convencional de estudiar para conseguir posteriormente un empleo, pero alrededor de los 20 o 21 años comenzó a cuestionarse si ese era realmente el camino que quería seguir.

Abandonó los estudios y puso en marcha un proyecto junto a su hermano. Aquella experiencia le llevó a replantearse el concepto de libertad y, finalmente, a trasladarse al campo. Allí lleva alrededor de dos años construyendo una forma de vida basada en la autosuficiencia y en reducir al mínimo sus necesidades.

Su finca cuenta con placas solares para generar electricidad, un pozo para disponer de agua y diferentes animales, entre ellos cabras, gallinas y patos. El objetivo es depender lo menos posible del exterior y producir parte de sus propios alimentos.

"Para mí no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita", explica Iker, una filosofía que se ha convertido en el eje de su día a día.

Viviendo de forma autosuficiente

Su decisión de abandonar la ciudad no responde únicamente a una cuestión económica. Iker considera que buena parte de la población ha perdido el contacto con las necesidades básicas al delegar en terceros tareas como conseguir alimentos, agua o energía.

A su juicio esa dependencia también limita la libertad individual. "Puedes tener incluso mucho dinero y tener la libertad financiera, que si no sabes hacer nada por ti mismo, tu vida va a depender de terceros", sostiene.

Por eso, frente a la posibilidad de aumentar sus ingresos, ha optado por aprender a producir y gestionar por sí mismo buena parte de lo que necesita.

Una de las consecuencias más evidentes de este modelo está en sus gastos mensuales: "No tengo red eléctrica aquí en la finca y me suministro 100% de las placas solares. No tengo que pagar facturas de nada, ni de luz ni de agua y hago poca compra".

La alimentación ocupa también un lugar importante en su proyecto. Iker cuenta con animales que le permiten obtener parte de sus alimentos y defiende recuperar una relación más directa con la producción.

Entre sus ideas está que criar los propios animales puede ser una alternativa al modelo alimentario basado exclusivamente en comprar productos en supermercados.

Su experiencia también le ha llevado a cuestionar el ritmo de vida urbano. Critica un modelo en el que, según explica, muchas personas necesitan trabajar durante horas para pagar vivienda, suministros y alimentación, mientras dependen de empresas y servicios externos para cubrir necesidades básicas.

Iker no considera que su forma de vida sea una solución universal, pero sí la entiende como una manera de recuperar autonomía. Su objetivo es sencillo: necesitar cada vez menos para poder depender cada vez menos de los demás.