De izquierda a derecha: Rafa, Pablo, José, Pilar y Quique, poco antes de comenzar la primera etapa del Desafío Santalucía Seniors 2026.
"Yo me sigo viendo con 14 años": las vidas de los 5 españoles de entre 68 y 79 años que harán de Vietnam su Desafío Santa Lucía
Hace unas semanas Pilar, Quique, Pablo, Rafa y José eran desconocidos. Tras llegar a Hanói, este martes han completado la primera etapa de una expedición que les llevará de los arrozales del norte a las grandes cuevas de Phong Nha
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A José Puch la primera etapa se le hizo larga. Habían salido por la mañana para recorrer en bicicleta unos 50 kilómetros por el norte de Vietnam, con casi 800 metros de desnivel positivo, y durante buena parte de la jornada consiguió mantener el ritmo. Pero al final las piernas dejaron de responder como al principio.
José tiene 69 años, lleva media vida recorriendo montañas y sabe reconocer cuándo toca insistir y cuándo no. En el último tramo se bajó de la bicicleta y siguió caminando. No hubo una caída ni una escena dramática. Simplemente empujó la bicicleta.
Meses antes, sentado en una sala de reuniones de la redacción de EL ESPAÑOL en Madrid, había dicho algo que entonces sonaba a una de esas frases que dejan quienes llevan muchos años haciendo deporte: "Cuando crees que has llegado al máximo, siempre queda un poco más". Este martes tuvo la primera oportunidad de comprobarlo en Vietnam.
José Puch (d), al comienzo de la primera prueba de bicicleta del Desafío Santalucía Seniors 2026.
El Desafío Santalucía Seniors 2026 ya ha empezado. Después de unos primeros días en Hanói destinados a aclimatarse al país, al cambio horario y a una humedad que aquí se pega a la ropa, los cinco expedicionarios afrontaron la primera de las tres jornadas en bicicleta previstas en el norte del país. El recorrido acumuló unos 50 kilómetros y 789 metros de ascenso, desde poco más de cien metros sobre el nivel del mar hasta alcanzar, en su punto más alto, los 469.
Es sólo el principio. Todavía les esperan unos 100 kilómetros más sobre dos ruedas y, después, un tren nocturno hacia Phong Nha, una región de montañas calizas donde se encuentran algunas de las mayores cuevas del planeta. Allí cambiarán la bicicleta por jornadas de trekking, espeleología, rápel y paddle surf. Dormirán bajo tierra, con una humedad casi permanente y bóvedas que en algunos puntos alcanzan los 150 metros de altura.
Cinco vidas, 364 años
Los cinco tienen entre 67 y 79 años. El dato importa porque explica por qué están aquí. Después deja de importar bastante rápido. Rafa Collado, el más joven, tiene 67 años y se mueve con la energía de quien parece haber llegado a Vietnam dispuesto a aprovechar cada minuto.
Es corredor de trail de larga distancia y se nota. Pilar Sanguino, en el otro extremo del grupo, tiene 79 y consigue esconderlos detrás de una curiosidad casi adolescente por lo que ocurre a su alrededor.
Quique Soler, de 78, bromea, hace chistes y sonríe con una constancia que empieza a funcionar como banda sonora del grupo. Pablo San José tiene 71. José, 69. Entre todos suman 364 años. Hace unos meses eran desconocidos.
Ahora comen juntos, duermen en los mismas habitaciones, pedalean por las mismas carreteras y empiezan a conocer algo más importante que sus nombres: quién corre demasiado, quién necesita parar, quién hace bromas cuando está cansado y quién prefiere callarse.
Pablo, José, Quique, Pilar y Rafa, durante un descanso de la primera prueba de bicicleta del Desafío Santalucía Seniors 2026 en Vietnam.
La convivencia, al final, también forma parte de la expedición. José ya lo había advertido en Madrid: "Cuando las condiciones son difíciles es cuando se conoce a las personas". Él sabe algo de condiciones difíciles.
José Puch lleva medio siglo moviéndose por la montaña. Ha guiado grupos, participado en rescates y vivido situaciones límite. Una noche tuvo que improvisar un vivac después de que se les echara encima la oscuridad durante un descenso de barrancos.
Otra vez cargó a un accidentado a la espalda después de que una roca le golpeara durante un rápel en Picos de Europa. Y siendo trabajador de Spanair fue uno de los primeros empleados en llegar al escenario del accidente del vuelo JK5022 en Barajas.
No habla de esas historias con dramatismo. Durante su vida profesional trabajó en el ámbito de los servicios aéreos y aeroportuarios. Cuando llegó la jubilación descubrió algo que a veces queda oculto detrás de esa palabra: tiempo.
"Cuando me jubilé, descubrí una nueva vida, siendo dueño de mi tiempo. La jubilación no debe hacerte dejar atrás sueños y proyectos". Ha recorrido la Transpirenaica entre Pamplona y Lleida, dado la vuelta a Picos de Europa y atravesado las Alpujarras hasta Cabo de Gata. Este martes, sin embargo, una carretera vietnamita consiguió hacerle daño. Terminó. Pero terminó sufriendo.
Pilar y los ochenta
Antes de cumplir los ochenta años, Pilar Sanguino se perdió sola en la Sierra de Guadarrama. Se hizo de noche, se quedó sin agua y acabó abriéndose paso entre zarzas y rocas hasta encontrar un camino. Un bombero que pasaba por allí la acercó hasta su coche. Cuando ella intentó pagarle, él se negó.
"Me pagas haciendo con otros lo que yo he hecho contigo", recuerda que le dijo. Pilar sonríe cuando lo cuenta. Tiene 79 años y hay momentos en los que cuesta relacionar esa cifra con la mujer que está recorriendo Vietnam en bicicleta.
No porque su edad deba ocultarse ni porque el cuerpo no la recuerde, sino porque ella parece tener poco interés en organizar su vida alrededor de ella. "Hay veces que ni yo me creo que tengo 79 años".
Montó en bicicleta por primera vez con cinco. Su hermano, diez años mayor, consiguió para ella una de piñón fijo y ruedas macizas. En las cuestas la ataba con una cuerda y tiraba mientras Pilar seguía moviendo las piernas porque aquellas bicicletas ni siquiera permitían dejar de pedalear.
Después llegaron la gimnasia, el esquí y la montaña. Quiso practicar esgrima y sus padres no la dejaron. Tampoco podía ir a la piscina porque temían que se ahogara. Eran otros años y también otra forma de entender lo que una mujer podía hacer sola.
Ella siguió haciéndolo. Ha subido el Aneto y el Toubkal. Durante años alternó la bicicleta de carretera con la de montaña. Dejó la primera cuando empezó a darle "un poquito de yuyu", pero no dejó de pedalear.
Hace nada estuvo en Japón y completó el monte Fuji. Cuando se le pregunta si le pesa ser la mayor del grupo, responde sin detenerse demasiado: "No, nada en absoluto". Lo que quiere es regresar a España y poder decir una frase mucho más sencilla: "Lo he hecho".
Pilar Sanguino, en una imagen tomada este martes poco después de haber caído a un río.
"Yo me sigo viendo con 14"
A Pablo San José le ocurre algo parecido con los números. Tiene 71 años, pero su relación con esa cifra es peculiar. "Yo me sigo viendo con catorce años cuando me miro al espejo. Luego están las arrugas y el pelo blanco para recordarte otra cosa".
Antiguo directivo y árbitro de pádel en activo, llegó al Desafío casi por accidente. Recibió la convocatoria en un correo electrónico, rellenó el formulario sin demasiadas expectativas y fue superando fases.
"No sé por qué me seleccionaron", decía entre risas en Madrid. Cuando llegó a las pruebas físicas de Cercedilla pensó que quizá se habían equivocado. La bicicleta era, además, su gran asignatura pendiente.
Había practicado deporte durante toda su vida, pero nunca había sido ciclista. Para presentarse a las pruebas tuvo que pedir una prestada. "Me apunté como quien se apunta a un sorteo".
Su relación con la edad tiene también una parte menos amable. Durante años ocupó puestos directivos y llegó a ser director comercial hasta que su empresa decidió prejubilarle a los 58 años. Pablo habla del edadismo como una realidad "perniciosa".
Después de aquella salida siguió trabajando como asesor fiscal y permaneció vinculado al deporte como juez árbitro nacional de pádel y de la Federación Madrileña. La bicicleta que entonces era casi una anécdota es ahora parte central de su vida durante tres días en Vietnam.
A su lado pedalea Quique Soler. Tiene 78 años, una barba blanca que hace imposible disimularlos y una facilidad considerable para comportarse como si el número no tuviera demasiada importancia.
Bromear parece formar parte de su preparación física. Arquitecto técnico jubilado, exjugador de balonmano y campeón del mundo por equipos de trail en la categoría de 70 a 80 años, habla de sus resultados deportivos sin solemnidad.
Cuando se le preguntó en Madrid qué le quedaba por demostrar, tardó poco en responder: "Nada". Con 24 años agarró una moto y una guitarra y recorrió solo Europa y el norte de África.
Después jugó ocho temporadas al balonmano al máximo nivel y fue campeón de Copa en 1971. Corrió el primer maratón celebrado en Valencia y décadas después encontró en el trail otra forma de competir. En 2024 se proclamó campeón del mundo por equipos máster en Canfranc.
Todavía corre carreras. Y todavía quiere ganar, aunque algo menos. "Antes querías ganar. Ahora quieres llegar bien". Quique tampoco hizo deporte pensando en prepararse para la vejez.
Cuando oyó hablar de "longevidad positiva" descubrió prácticamente que llevaba años practicándola sin conocer el término. "Yo no he hecho deporte para hacerme mayor y vivir mejor. Me salió solo". Se jubiló y siguió haciendo lo mismo que antes. Sólo que disponía de más tiempo.
El último en llegar
El último en incorporarse al grupo fue Rafa Collado, de 67 años. Y también es el más joven. No figuraba entre los cinco elegidos inicialmente. Había participado en el proceso de selección y se había quedado a las puertas, hasta que una lesión de Julia Martínez, una de las expedicionarias seleccionadas, le impidió viajar. Entonces sonó el teléfono de Rafa. Estaba preparado.
Exgestor en una multinacional y vecino de Almàssera, en Valencia, forma parte de un club de corredores y montaña y está acostumbrado al trail de larga distancia. Ha terminado pruebas como la MIM 60K y la Vuelta al Aneto 55K.
Fuera del deporte dedica una tarde a la semana como voluntario en un centro de día para niños y niñas en riesgo de exclusión social. En estos primeros días de expedición su condición física se hace notar. Es vigoroso, rápido y parece tener siempre algo más dentro.
Rafa Collado, en una imagen tomada poco después de su incorporación a la expedición.
Cuando todavía no sabía si acabaría viajando a Vietnam resumió así lo que podía ofrecer al grupo: "Experiencia, trabajo y actitud positiva". Ahora está aquí. Los cinco fueron elegidos entre 271 candidaturas. El proyecto, organizado por Trex Exploring, seleccionó primero a una veintena de aspirantes y los sometió a pruebas físicas de bicicleta de montaña y rápel en la sierra madrileña.
El equipo definitivo se entrena bajo la dirección deportiva de Zuriñe Rodríguez, triatleta profesional que participó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Vietnam es la tercera edición del Desafío Santalucía Seniors después de las expediciones a la Cordillera Blanca de Perú y al archipiélago noruego de Svalbard, en el Ártico.
La idea que sostiene el proyecto se denomina longevidad positiva: mantener actividad física, proyectos y autonomía durante una etapa de la vida que durante décadas estuvo asociada casi exclusivamente a la retirada.
Ellos utilizan palabras bastante menos técnicas: tiempo, curiosidad, montaña, viajes. Y proyectos.
El primer límite
Este martes ya no estaban hablando de ellos alrededor de una mesa en Madrid. Estaban sobre una bicicleta en Vietnam. La primera etapa dejó casi 800 metros de subida. Rafa hizo visible su fortaleza. Pilar volvió a convertir sus 79 años en un dato que hay que consultar para recordar. Quique siguió repartiendo bromas y sonrisas. Pablo continuó su aprendizaje sobre una bicicleta.
José tuvo que bajarse. Empujó durante el último tramo cuando las piernas dejaron de acompañarle. Después llegó al final. Todavía quedan dos jornadas de bicicleta. Después vendrá el tren hacia el sur, la selva, las montañas de piedra caliza y las cuevas de Phong Nha. Quedan humedad, cansancio, kilómetros y noches bajo tierra.
En Madrid, cuando todo aquello todavía cabía en un mapa, José había explicado su manera de entender los límites: "Cuando crees que has llegado al máximo, siempre queda un poco más". En Vietnam, el primer día, ese poco más tuvo que hacerlo caminando.
Los cinco séniors posan, junto a sus bicicletas, poco antes del comienzo del Desafío.
Quizá de eso vaya también este viaje. No de demostrar que a los 67, 71 o 79 años se puede hacer lo mismo que a los veinte, ni de fingir que el tiempo no pasa. El tiempo pasa. Las piernas se cansan. A veces hay que bajarse de la bicicleta. Pero todavía se puede elegir dónde estar cuando eso ocurra.
José eligió una carretera entre los arrozales de Vietnam. Pilar, a punto de cumplir ochenta, sigue pensando en la siguiente montaña. Rafa acaba de llegar y parece tener prisa por vivirlo todo. Quique todavía encuentra motivos para reírse mientras pedalea. Pablo sigue aprendiendo algo que hasta hace unos meses apenas sabía hacer.
Mañana volverán a subirse a las bicicletas. Porque hacerse mayor quizá no consista en dejar de encontrar límites, sino en seguir teniendo lugares a los que merezca la pena llegar.