Edna y Maria Gabrielly en 'Casa Sal', su vivienda sostenible.

Edna y Maria Gabrielly en 'Casa Sal', su vivienda sostenible. Alma Preta Journalismo

Sociedad

Reciclaron 8.000 botellas para construir una casa: 5 años después tienen una vivienda de 7 habitaciones

Una madre y una hija recolectaron botellas de vidrio para construir cinco años después una vivienda ecológica de siete habitaciones.

Más información: El Gobierno lo confirma: se dará baja laboral con sueldo completo a los trabajadores que donen órganos o tejidos

Publicada
Las claves

Las claves

Edna Dantas y su hija Maria Gabrielly construyeron una casa de siete habitaciones en Itamaracá, Brasil, utilizando 8.000 botellas recicladas.

El proyecto, llamado 'Casa de Sal', nació durante la pandemia como respuesta a la contaminación por envases abandonados en la playa.

La construcción se realizó en cinco años, empleando una técnica de encastre vertical única y materiales reciclados como madera y tubos de pasta dental.

Casa Sal busca ser un ejemplo de respeto medioambiental y creatividad, transformando basura en un hogar sostenible y funcional frente al mar.

Edna Dantas (55 años) y su hija Maria Gabrielly (27 años), residentes en la isla brasileña de Itamaracá, han conseguido transformar la basura en un hogar sustentable, un gran paso en el compromiso medioambiental. Así, crearon una casa de siete habitaciones a partir de 8.000 botellas recicladas

La 'Casa de Sal', nombre con el que bautizaron su hogar, es un proyecto que nació en plena pandemia en el año 2020 como una respuesta creativa ante la contaminación dejada por los turistas en las playas brasileñas.

A través de cinco años de trabajo manual continuo y desarrollando una técnica de encastre vertical única, estas dos mujeres levantaron una estructura habitable empleando madera recuperada y tubos de pasta dental para el tejado, una hazaña que compartió el medio brasileño Alma Preta.

Un mensaje de respeto

Casa Sal es un proyecto que empezó de la manera más inesperada. El 1 de mayo del año 2020, durante la pandemia del Covid-19, Edna y Maria Gabrielly descubrieron que en las playas de la zona había una enorme cantidad de envases abandonados por los turistas.

Así, madre e hija decidieron recolectarlos y poco a poco los fueron convirtiendo en el material central de su construcción. Con esto, más allá de construir una vivienda, buscaban enviar un mensaje de respeto medioambiental inspirado en sus raíces indígenas y quilombolas.

Maria Gabrielly y Edna Dantas (de izquierda a derecha).

Maria Gabrielly y Edna Dantas (de izquierda a derecha). Alma Preta Journalismo

Itamaracá, ubicada en Pernambuco, Brasil; es una zona que vive sobre todo de la pesca y del turismo. Tiene importantes raíces indígenas, pero de hecho fue una de las zonas de primeros contactos europeos en el siglo XV. Hoy en día, es un paraíso tropical.

Madre e hija estuvieron cinco años construyendo con sus propias manos lo que ahora pueden llamar hogar. Durante los dos primeros años se dedicaron a limpiar y preparar las miles de botellas que recolectaban y los tres siguientes fueron de construcción.

A diferencia de las bioconstrucciones convencionales, desarrollaron una técnica propia. En vez de apilar las botellas horizontalmente, las encastraron de manera vertical y alternada, una de pie y otra boca abajo, utilizando cemento y arena para fijarlas. Esta disposición genera un efecto estético único con el reflejo de la luz del sol.

La mayoría de las bioconstrucciones convencionales que, como bien dice su nombre, son sistemas de edificación que utilizan materiales naturales y sostenibles; las botellas se colocan horizontalmente, haciendo de ladrillo, para que la luz pase a través del vidrio de un extremo a otro.

Reciclaron 8.000 botellas para construir una casa: 5 años después tienen una vivienda de 7 habitaciones

Además de esto, hay otra diferencia entre Casa Sal y estas construcciones. Edna y Maria Gabrielly optaron por reutilizar basura urbana sintética para la vivienda, haciendo por ejemplo tejas de tubos de pasta de dientes, en vez de materiales 100% orgánicos o naturales como la paja o el barro.

Por otro lado, además de las tejas ecológicas, el esqueleto de la casa lo armaron con madera recuperada, utilizaron palets como refuerzos y tabiques internos contra los vientos marinos.

Lo cierto es que esta vivienda es una muestra de cómo el reciclaje, el ingenio y el activismo socioambiental pueden transformar lo que otros consideran basura en un inmueble de siete habitaciones completamente sostenible, funcional y en la playa.