Manuel Morales Mantellini en los escombros de un edificio en La Guaira, Venezuela.

Manuel Morales Mantellini en los escombros de un edificio en La Guaira, Venezuela. Manuel Morales Mantellini.

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Manuel, 25 años, rescatista en Venezuela: "El eco de los ladridos de los perros era sinónimo de vida"

El joven estudiante de medicina ha participado en numerosos rescates desde el terremoto del 24 de junio y contó su historia a EL ESPAÑOL.

Más información: Venezuela suma otros 229 muertos por el doble terremoto, elevando a al menos 4.118 los fallecidos: 40 son españoles

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Las claves

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Manuel Morales, estudiante de Medicina y rescatista, vivió el terremoto en Venezuela salvando a niños y colaborando en labores de rescate en La Guaira.

Junto a equipos internacionales y locales, participó en rescates exitosos como el del vigilante Hernán Gil, atrapado ocho días bajo los escombros.

Morales relata el esfuerzo extremo, la solidaridad global y la falta de apoyo gubernamental en la 'zona cero' tras los terremotos.

El joven destaca la importancia de la ayuda internacional y la necesidad de recursos para continuar con la reconstrucción y el apoyo a los afectados.

Manuel Morales Mantellini estaba de monitor en el campamento La Fogata el pasado 24 de junio, cuando de repente "la tierra retumbó" y de un minuto a otro, o mejor dicho, en 39 segundos, la vida del estudiante de quinto de Medicina dio un vuelco inesperado.

En el momento en el que el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 golpeó Venezuela, el joven de 25 años tenía un foco: poner a los niños del campamento a salvo. Hoy, unas semanas después, admitió que en el momento fue complicado mantener la calma frente a padres y niños aterrorizados y además sin saber el paradero de su propia familia.

Manuel, conocido coloquialmente como Manny, forma parte del Grupo Rescate Caracas, con lo cual el siguiente paso para él fue ir a ayudar y comentó a EL ESPAÑOL que el día se concentró en intentar conseguir "signos de vida" en medio de los escombros y con "réplicas que no daban tregua".

Manuel Morales Mantellini caminando al lado de una calle destruida por los terremotos en Venezuela.

Manuel Morales Mantellini caminando al lado de una calle destruida por los terremotos en Venezuela. Manuel Morales Mantellini.

Los fatídicos terremotos fueron a las 18:00 horas; Manny llegó a su casa a descansar en la madrugada del 25 de junio: "Exhausto, a las 5:00 de la mañana regresé brevemente a casa, sabiendo que lo peor apenas comenzaba".

Cinco horas después, el joven se encontraba bajando a La Guaira, la 'zona cero': "El panorama era apocalíptico, edificios colapsados en su totalidad, personas durmiendo en las calles, saqueos en tiendas, motos circulando en medio del caos y una marea de sobrevivientes cargando bolsas con lo poco que rescataban", explicó.

Ser rescatista en la 'zona cero'

A través de sus redes sociales, el joven descubrió el nivel de necesidad que había y decidió abrir un canal para recopilar información sobre las personas desaparecidas.

Así, aprovechó que se encontró con los Bomberos Marítimos del Caribe de la Universidad Marítima del Caribe y puso a su disposición "los puntos críticos", a lo cual "el bombero Granadillo, quien puso su moto a disposición".

Con una moto y mucha esperanza, ambos recorrieron la 'zona cero' buscando sobrevivientes en aquel panorama apocalíptico e irreconocible: "Logramos salvar a varios y recuperamos los cuerpos de otros".

El 27 de junio llegaron a un lugar que "marcaría los siguientes nueve días"; llegaron a Playa Grande, una zona que quedó completamente devastada. Allí, se encontraron con un joven que suplicaba ayuda para salvar a su madre que se encontraba atrapada en un coche bajo los escombros.

"Al acercarnos, Granadillo y yo confirmamos un milagro: se escuchaban leves golpes de respuesta contra la lata del coche", relató Manny. Así, en aquel momento apareció el equipo de rescate de Chile que contaba con herramientas "de vanguardia acústica, térmica y de detección de movimientos" y lograron confirmar que la mujer atrapada estaba con vida, lo cual supuso un minucioso rescate.

Más adelante, este mismo edificio se convertiría en un foco mediático, ya que allí fue donde la UME de España, el equipo de rescate de Costa Rica y el joven estudiante de medicina sacaron con vida de entre los escombros al vigilante Hernán Gil, quien llevaba ocho días atrapado bajo los escombros.

"Su extracción fue una hazaña titánica que se prolongó por una semana entera, requiriendo que nos arrastráramos incontables veces entre los escombros inestables", comentó el rescatista voluntario.

El joven estuvo toda la noche buscando sobrevivientes, incluso se topó en ocasiones con personas saqueando apartamentos.

Al día siguiente volvió dispuesto a ayudar, pero esta vez aprovechó para establecer, junto a otros miembros sanitarios, entre los cuales nombró al doctor Lameda, un punto de atención médica y una conexión Starlink: "En ese lugar confluyó la solidaridad global, rescatistas de Chile, España, Brasil, México, Estados Unidos, Costa Rica, El Salvador y República Checa", enumeró Manny.

"Durante los días siguientes en Playa Grande, trabajé estrechamente con el equipo USAR de South Florida y Los Ángeles", señaló Morales. Acompañó sobre todo a un especialista técnico llamado Mark, quien de despedida le entregó el parche de su uniforme en señal de reconocimiento: "Fue un momento muy emotivo".

Explicó que la tecnología de estos grupos de rescatistas y su profesionalismo "era de otro planeta". Señaló que utilizaban cámaras 360° monitoreadas por iPads para introducirse en espacios estrechos y buscar señales de vida.

"Luego introducían a los perros de búsqueda; el eco de sus ladridos era el sinónimo de que había esperanza de vida", manifestó el joven veinteañero.

Los rescatistas adentrándose en los escombros de un edificio derrumbado en La Guaira, Venezuela.

Los rescatistas adentrándose en los escombros de un edificio derrumbado en La Guaira, Venezuela. Manuel Morales Mantellini.

Así, los días siguieron su rumbo y Morales confesó que "mi labor continuó sin descanso, durmiendo apenas un par de horas en una carretilla en la sede de los bomberos".

El joven se sinceró explicando que llegó un punto donde "mi cuerpo no aguantaba más": "Era un cansancio extremo, levantar escombros o hacer cualquier esfuerzo resultaba en un agotamiento intenso. Mi cuerpo y mi mente ya no estaban unidos, estaba agotado física y mentalmente", comentó.

A pesar de ello, el rescatista se mantuvo todos los días buscando sin cesar a sobrevivientes y agradeció a compañeros y amigos como Isabella De Santolo y Rogelio Diz, quienes desde un primer momento se volcaron a recoger ayuda e insumos para los afectados de La Guaira.

También quiso agradecer especialmente a los contingentes internacionales de Estados Unidos (South Florida, Los Ángeles, Virginia) y de Chile, México y Costa Rica.

Hay otro elemento que Manny aprovechó para resaltar de estas dos semanas de trabajo: "No me gusta la política, pero me dolió ver cómo el rescate de Hernán Gil se politizó en los medios".

"Mientras entes oficiales llegaban al sitio de la jornada con uniformes impecables y pulcros para la foto, yo estaba allí con los pantalones rotos de tanto arrastrarme por el cemento, hambriento, exhausto, pero con el orgullo de haber entregado la vida por salvar a personas que ni siquiera conocía", reflexionó el joven estudiante de medicina que, de un día a otro, se convirtió en rescatista.

Dos semanas después

"A lo largo de esos 12 días, veía cómo aumentaba la presencia de civiles junto a los grupos de rescate", recordó Morales, "después vi llegar a los entes internacionales y, luego, la maquinaria pesada para la extracción de escombros, así como plantas y herramientas".

Sin embargo, el veinteañero no dudó en recalcar que "lo que viví allá abajo fue, hasta cierto punto, el abandono por parte de los entes gubernamentales. El lunes 6 de julio ya se veía una Guaira abandonada".

Recordó que los primeros días había prensa, policías, rescatistas, motos, vehículos, pero que ahora "solo había silencio". "Lo que durante la primera semana fue un rush de adrenalina, aquí ya se notaba un declive evidente", confesó el rescatista.

Después de 12 días bajando a La Guaira en búsqueda de alguna esperanza de vida, el joven no puede evitar agradecer también a su madre, a su primo, a su ahijado, y a quienes estuvieron allí en medio del desastre.

Un grupo de rescatistas entrando a los escombros de un edificio derrumbado.

Un grupo de rescatistas entrando a los escombros de un edificio derrumbado. Manuel Morales Mantellini.

"A pesar de que el eco de la noticia comience a apagarse y en los medios ya no se hable de esto todos los días, la emergencia no ha terminado", aprovechó para recalcar el joven rescatista.

De esta manera, aprovechó para hacer énfasis en un mensaje claro: "Allá abajo entre las ruinas y el silencio, todavía hay médicos, civiles y bomberos entregándolo todo para ayudar a levantar a nuestra gente. Seguimos necesitando recursos y manos. La ayuda internacional sigue siendo vital".

"No nos olviden, porque aunque baje la adrenalina, la reconstrucción y la necesidad de apoyo apenas comienzan", concluyó Manny, el joven rescatista de 25 años que hoy, una vez más, se prepara para bajar a La Guaira.