Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y Economía Social.

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y Economía Social. Europa Press

Sociedad

Francia da una lección a España: el salario mínimo es de 1.823 euros y trabajan 35 horas a la semana

Un modelo laboral que combina menos horas de trabajo con mayor remuneración y que vuelve a poner el foco en la productividad en Europa.

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Las claves

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Francia tiene un salario mínimo de 1.823 euros brutos mensuales y una jornada laboral legal de 35 horas semanales.

El salario mínimo francés, conocido como SMIC, se actualiza periódicamente según la inflación y el coste de la vida.

En comparación, en España la jornada legal es de 40 horas semanales y el salario mínimo interprofesional es notablemente inferior.

Francia mantiene altos niveles de productividad por hora trabajada, a pesar de trabajar menos horas que la media europea.

Mientras en Europa se debate cómo reducir la jornada sin perder competitividad, Francia mantiene desde hace más de dos décadas un modelo de 35 horas semanales y más de 1.800 euros de salario mínimo.

El contraste es especialmente llamativo si se compara con el mercado laboral español, donde la jornada legal es de 40 horas semanales y el salario mínimo interprofesional se sitúa muy por debajo.

La pregunta que surge es inevitable: ¿Cómo puede Francia trabajar menos horas y mantener un nivel salarial más alto?

Un salario mínimo diferencial

El salario mínimo en Francia, conocido como SMIC, está fijado por el Gobierno y se actualiza de forma periódica en función de la inflación y el coste de la vida.

Según datos oficiales del Ministerio de Trabajo francés, el salario mínimo se sitúa en torno a los 1.800 - 1.823 euros brutos al mes, en función de las últimas revisiones.

Tras aplicar las cotizaciones sociales obligatorias, esta cantidad se reduce hasta un nivel neto aproximado de 1.400 - 1.450 euros mensuales, una cifra que puede variar ligeramente según la situación personal del trabajador.

En su equivalente horario, el SMIC se sitúa en torno a los 12 euros brutos por hora, un nivel que también se actualiza periódicamente para mantener el poder adquisitivo frente a la inflación.

La famosa semana laboral

El otro pilar del modelo francés es la jornada laboral de 35 horas semanales, instaurada a partir de las leyes Aubry a finales de los años 90 y principios de los 2000. Esta normativa fija el umbral a partir del cual las horas extras deben ser compensadas como trabajo adicional.

Aunque en la práctica muchos trabajadores superan esa cifra mediante horas extra o acuerdos sectoriales, la referencia legal sigue siendo clara: la jornada estándar en Francia es inferior a la de la mayoría de países europeos, incluida España.

El caso francés suele utilizarse como ejemplo en el debate sobre productividad. Organismos como la OCDE han señalado que Francia mantiene niveles de productividad por hora trabajada superiores a la media europea, a pesar de tener una jornada legal más corta.

Esto alimenta una discusión recurrente: si trabajar menos horas puede traducirse en mayor eficiencia y mejores salarios, o si el modelo francés es difícil de replicar en economías con estructuras laborales distintas.

En España, la jornada de 40 horas semanales sigue siendo la referencia, aunque el debate sobre su reducción está sobre la mesa política.

Mientras tanto, el salario mínimo continúa siendo sensiblemente inferior al francés, lo que refuerza la sensación de desajuste entre horas trabajadas y remuneración.

El modelo francés no es perfecto ni exento de críticas, pero sí plantea una idea incómoda para muchos países: trabajar más no siempre significa producir más, ni tampoco ganar mejor.