Imagen de la agricultora, Clara.

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Sociedad

Clara, agricultora en España: "Tenía muchos kilos de tomates y preferí tirarlo, querían pagarme la mitad del precio"

La trabajadora del sector agrícola explicó la difícil situación de los agricultores en España en un mercado tan presionado.

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Las claves

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Los agricultores españoles sufren por la competencia de productos importados con precios mucho más bajos, lo que dificulta la rentabilidad de sus cosechas.

La presión de los costes de producción y el aumento de la burocracia agravan la situación de los productores nacionales, que a menudo apenas cubren gastos.

Clara, agricultora riojana, decidió tirar parte de su cosecha porque el precio ofrecido era la mitad del año anterior, reflejando el desgaste económico del sector.

Algunos agricultores exploran alternativas como la venta directa o mercados locales para evitar la presión de los intermediarios y obtener precios más justos.

El campo español atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La presión de los costes, la competencia exterior y el peso creciente de la burocracia han colocado a miles de agricultores en una situación límite.

Por ello, Clara, agricultora riojana y divulgadora en redes sociales, reflejó en el canal de YouTube de Jaime Gumiel, el malestar de un sector que denuncia sentirse cada vez más asfixiado.

La agricultora asegura que muchos productores se ven obligados a aceptar precios cada vez más bajos debido a la entrada masiva de frutas y verduras procedentes de otros países.

En numerosos supermercados españoles es habitual encontrar productos importados desde Marruecos, Egipto, Costa Rica o Sudáfrica, mercados cuyos costes de producción son considerablemente inferiores.

El resultado, denuncia el sector, es una competencia prácticamente imposible de igualar para los agricultores nacionales.

"No se puede competir porque, con esos precios, es imposible", afirmaba. "La gente dice que valora el producto nacional, pero al final valora a veces más su bolsillo, porque tiene que ajustarse para poder comer, y al final compra de fuera".

A la presión de los precios se suma otro factor que los agricultores consideran decisivo: la carga administrativa.

Los productores denuncian que la burocracia europea y nacional exige cada vez más controles, certificados y trámites, lo que consume tiempo y recursos en explotaciones que ya trabajan con márgenes muy reducidos.

Mientras tanto, los costes de producción continúan creciendo. Combustible, fertilizantes, agua, electricidad o transporte han elevado el gasto necesario para sacar adelante cada cosecha.

Muchos agricultores aseguran que, aun vendiendo toda su producción, apenas consiguen cubrir costes.

Clara explica además que la comparación constante con los precios de productos extranjeros acaba utilizándose como argumento para rebajar aún más el valor de las cosechas españolas.

"Ya no es solo eso, es que a veces vas a vender tu producto y te dicen que ellos lo pueden comprar por otro precio, y aunque no fuera real, ya te lo van a bajar", indicaba. "Y al final no tiene nada que ver un producto con otro".

La consecuencia, en muchos casos, es devastadora. Algunos productores optan por no vender antes de asumir pérdidas mayores.

En el caso de Clara, la joven agricultora tomó esa decisión con sus cultivos de tomates, sandías y melones: "El año pasado, al intentar venderlos, tenías muchos kilos y querían pagar la mitad del precio del año anterior, y es que me daba rabia, así que preferí tirarlos".

El gesto puede parecer incomprensible desde fuera, pero refleja el profundo desgaste económico y emocional que viven muchos profesionales del campo.

Vender por debajo del coste de producción supone, según denuncian, trabajar a pérdidas y contribuir a una caída generalizada de precios que termina perjudicando a todo el sector.

"Si todos vamos a pasar por el aro, al final lo que conseguiremos es ir en nuestra contra. Somos nosotros mismos los que bajamos el precio de las cosas, así que no deberíamos permitirlo", añadía Clara.

Ante esta situación, los agricultores buscan alternativas para escapar de esta presión como venta directa al consumidor, los mercados locales o tiendas online, que permiten obtener precios más justos y mantener la rentabilidad.