La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi. Europa Press

Sociedad

Japón cambia de estrategia: ahora vuelve a comprar petróleo ruso tras el cierre del estrecho de Ormuz por la guerra de Irán

La compañía japonesa Taiya Oil recibirá un cargamento de petróleo crudo del proyecto ruso Sakhalin-2, el primero desde febrero de 2022.

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Las claves

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Japón ha reanudado la importación de petróleo ruso debido al cierre del estrecho de Ormuz por la guerra en Irán.

La primera compra desde 2022 ha sido realizada por Taiyo Oil, que recibirá crudo Sakhalin Blend en la isla de Shikoku.

Estados Unidos ha autorizado de forma excepcional la operación bajo ciertos márgenes legales hasta el 18 de junio.

El Gobierno japonés no descarta aumentar las compras a Rusia si persiste la inestabilidad en Oriente Medio para garantizar su seguridad energética.

Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Por ello, Japón ha decidido reanudar la importación de petróleo ruso. La primera compra desde febrero de 2022, cuando los países del G7 impusieron sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania.

El movimiento de Japón se entiende precisamente en el contexto geopolítico de Oriente Medio actual. El país nipón obtiene más del 90% de su petróleo de Asia Occidental, por lo depende del paso por el estrecho de Ormuz, cerrado desde la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán el pasado 2 de marzo.

Para estabilizar el suministro de forma extraordinaria, el Gobierno japonés recurrió a sus reservas estratégicas: primero liberó el equivalente a 50 días y después otros 20 días adicionales. También buscaron rutas que evitasen la zona de conflicto.

Sin embargo, ante la grave crisis energética y la falta de garantías de una fecha de apertura del estrecho, Japón ha decidido romper su pausa en las importaciones de crudo ruso con la compra de un cargamento de petróleo tipo Sakhalin Blend por parte de la empresa Taiyo Oil.

Así, el petróleo viaja en el buque tanque Voyager, con bandera de Omán, que partió el 24 de abril de Sajalín y tiene prevista su llegada el 2 de mayo a una refinería en la prefectura de Ehime, en la isla de Shikoku.

No obstante, pese a la presión internacional sobre Rusia, la operación se mueve dentro de márgenes legales específicos. Estados Unidos ha autorizado de forma excepcional al proyecto Sakhalin-2 hasta del 18 de junio.

Sakhalin-2 es uno de los proyectos energéticos integrados más grandes y complejos del mundo. Se trata de una explotación masiva de gas natural y petróleo ubicada en la isla de Sajalín, en el extremo oriental de Rusia, al norte de Japón. Sus principales productos son el gas natural licuado y el petróleo.

El proyecto está controlado en gran medida por la compañía rusa Gazprom, aunque Japón, a diferencia de otras empresas occidentales, mantiene participaciones a través de Mitsui y Mitsubishi debido a su importancia para la seguridad energética del país.

Esta relevancia permite que, con Sakhalin-2, Japón disponga de una excepción legal que permite la circulación del buque Voyager y la compra de crudo de origen ruso.

Además, tal y como ha subrayado la empresa Taiyo Oil, no se trata de una decisión privada aislada. Ha sido una operación en estrecha colaboración con el Ministerio de Economía, Comercio e Industria.

El objetivo es que, para paliar la crisis, el 60% del crudo de este mes provenga de rutas alternativas como Estados Unidos, Asia Central, América Latina y Rusia.

Por ello, el gobierno de Sanae Takaichi no descarta aumentar las compras a Rusia si persiste la inestabilidad en Oriente Medio y continúa bloqueando el paso por Ormuz. Una decisión que no se trata de beneficiar a Moscú, sino de una decisión por el interés nacional.

El caso de Japón no es único. India también afronta una escasez energética, especialmente relevante en un país con un consumo de 80.000 toneladas de gas de cocina al día. En su caso, Estados Unidos también le ha otorgado una exención temporal para adquirir petróleo ruso durante 30 días.

Otros países como Corea del Sur, China o la propia Unión Europea también se están viendo afectados por el cierre del estrecho de Ormuz. Así, la guerra en Irán está provocando una grave crisis energética que, por el momento, parece no conocer final.