La corona sueca, moneda oficial de Suecia.

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Sociedad

Suecia quiere cambiar las normas: los supermercados y farmacias estarán obligados a aceptar dinero en efectivo

El país nórdico sigue los pasos de Países Bajos y presenta un proyecto de ley que obligará a supermercados y farmacias a cobrar en efectivo.

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Las claves

Suecia obligará a supermercados y farmacias a aceptar dinero en efectivo, revirtiendo su tendencia hacia una economía completamente digital.

El Banco Central sueco recomienda a los hogares mantener reservas de efectivo para afrontar posibles crisis como ciberataques o apagones.

La medida responde a preocupaciones de seguridad nacional y a la exclusión digital de colectivos como personas mayores.

Las transacciones en efectivo estarán limitadas a un máximo de 10.000 coronas (unos 900 euros) para evitar el blanqueo de capitales.

En un giro inesperado que marca un punto de inflexión en la historia económica moderna, Suecia, uno de los países más avanzados en la revolución digital, ha decidido replantear su camino hacia la desaparición del efectivo.

A mediados de marzo de 2026, el Gobierno sueco presentó un proyecto de ley en el parlamento que obligará (si sale adelante) a supermercados y farmacias a aceptar billetes y monedas.

Al mismo tiempo, el Banco Central, el Riksbank, ha recomendado a los hogares mantener reservas de efectivo para afrontar posibles situaciones de crisis.

La propuesta legislativa supone un cambio radical para un país que durante años ha liderado la llamada cashless society (la sociedad sin efectivo).

Basta con recorrer Suecia para encontrar carteles de "Kontantfritt" ("No aceptamos efectivo") en cafeterías, tiendas y restaurantes, una señal clara de cómo se había consolidado esta tendencia.

Las transacciones en metálico representan menos del 10% del total, y muchas sucursales bancarias han eliminado por completo el manejo de dinero físico, dificultando incluso retirar o ingresar efectivo.

El contraste es aún más llamativo si se tiene en cuenta que Suecia fue el primer país europeo en emitir billetes, allá por 1661.

Durante décadas, su evolución tecnológica la había situado a las puertas de convertirse en la primera economía completamente digital del mundo. Sin embargo, este modelo ha empezado a mostrar grietas.

El principal motivo de este cambio de rumbo es la seguridad nacional. En un contexto internacional cada vez más inestable, el Gobierno sueco considera que depender exclusivamente de sistemas digitales supone un riesgo crítico.

Un ciberataque, un apagón masivo o incluso un conflicto bélico podrían inutilizar redes eléctricas y de comunicaciones, paralizando la economía en cuestión de horas.

En ese contexto, el efectivo se vuelve esencial. Por ello, el Riksbank recomienda a cada hogar guardar al menos 1.000 coronas suecas (unos 90 euros) por adulto en billetes variados, suficientes para cubrir gastos esenciales durante una semana.

El segundo factor clave es la exclusión digital: la rápida transición a pagos electrónicos dejó atrás a parte de la población, especialmente mayores y colectivos con dificultades para usar aplicaciones como Swish, el sistema de pago móvil más extendido.

Sin acceso al efectivo, estos ciudadanos encontraban serios obstáculos para realizar compras cotidianas, lo que complicaba su día a día.

Para evitar que este regreso parcial al efectivo facilite actividades ilícitas, el Banco Central ha planteado limitar las transacciones en metálico a un máximo de 10.000 coronas (unos 900 euros).

El objetivo es claro: garantizar que el efectivo funcione como red de seguridad para la población, sin convertirse en una puerta al blanqueo de capitales.

Suecia, referente global en innovación financiera, lanza así un mensaje contundente: en la era digital, la resiliencia también pasa por lo analógico. El dinero físico, lejos de desaparecer, vuelve a ocupar un lugar estratégico en la economía del futuro.