Sergio Arjona dejó de un día para otro su vida para dedicarse al completo a las tartas que más le gustan.

Sergio Arjona dejó de un día para otro su vida para dedicarse al completo a las tartas que más le gustan. Cedida

Sociedad

Sergio, dueño de una tienda de tartas de queso: "Le pedí 120 € a mi compañero de piso y ahora facturo más de 2 millones"

El joven lidera Luna&Wanda, la primera mejor pastelería de Madrid, tras abandonar su puesto en consultoría y sin tener experiencia en el sector.

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Las claves

Sergio Arjona dejó su empleo en consultoría para emprender con su propia receta de tarta de queso durante la pandemia.

Comenzó cocinando en casa con pocos recursos, llegando a pedir 120 euros prestados a su compañero de piso para arrancar.

Su marca Luna&Wanda cuenta ahora con tres tiendas en Madrid, un equipo de 25 personas y una facturación superior a dos millones de euros en 2025.

Sergio destaca la importancia de la experiencia y el trato al cliente, organizando catas que se han vuelto distintivas en la ciudad.

"Mamá, papá, voy a dejar la consultoría". Con esa rotundidad, Sergio Arjona le contaba a sus padres que la tarta de queso que tanto habían probado durante la pandemia sería a partir de ahora el trabajo con el que se levantaría para cotizar todos los días.

Tenía 27 años, buen sueldo, un empleo estable en la consultora Accenture, pero la certeza de que quería crear algo propio, pese a que nadie en su familia hubiera emprendido antes en el sector.

Todo comenzó casi sin plan. Con más tiempo libre durante la pandemia, al igual que otros muchos, Arjona empezó a probar recetas de vídeos de Youtube en su cocina hasta dar con la que le hizo crear la tarta de queso con la que todo su entorno se chupaba los dedos.

Sin embargo, lo importante no fue la receta. Y es que ese entusiasmo y esas primeras pruebas en un horno eléctrico de Lidl de unos 60 euros, fueron solo el inicio.

Pronto empezaron a llegar los primeros pedidos. Tras triunfar entre sus familiares, amigos y conocidos no querían quedarse sin probar esa tarta que hoy se ha convertido en la tercera mejor de Madrid.

Las tartas se hacen de manera casera en el obrador de una de sus tiendas.

Las tartas se hacen de manera casera en el obrador de una de sus tiendas. Cedida

Las hacía en su propia cocina, sin inversión ni equipo, usando únicamente sus manos y "lo que hasta ese momento había podido ahorrar" en una de las consultoras más conocidas de la capital.

"Yo me acuerdo que a mi compañero de piso le tuve que pedir una vez dinero prestado para hacer una compra de 120 euros, imagínate los recursos que tenía", recuerda a EL ESPAÑOL.

Y es que en ese momento, cada euro contaba, ya que cada pedido era un pequeño triunfo que le daba todavía más confianza.

A medida que la demanda crecía, Sergio se dio cuenta de que su idea tenía potencial. Lo personal se mezcló con lo profesional, y no le quedó otra que dar un paso más y pedirse una excedencia en Accenture para dedicar todo su tiempo al proyecto.

La marca cuenta con tres tiendas en la capital.

La marca cuenta con tres tiendas en la capital. Cedida

Fue entonces cuando alquiló su primer espacio, el que podía pagar, "un pequeño sótano de un estudio de arquitectura" donde podría cocinar con mayor capacidad y empezar a organizar la logística de sus pedidos, aunque no fuese el obrador ideal.

De forma clandestina, pero legal, Arjona empezó a consolidar lo que hoy es Luna&Wanda en ese espacio subterráneo.

Aumentó el número de pedidos, pudo contratar a su primer empleado y ampliar su equipo, mejorando su presencia en redes sociales, lo que le sirvió como un gran escaparate.

Hoy, la marca cuenta con "tres tiendas en Madrid", y una cuarta en camino fuera de la capital, un "equipo de 25 personas" y una facturación que ha superado los "dos millones de euros en 2025".

El obrador donde se hacen todas las tartas.

El obrador donde se hacen todas las tartas. Cedida

No obstante, solo en nóminas paga entre 40.000 y 45.000 euros al mes, un coste fijo que refleja la dimensión que ha alcanzado Luna&Wanda y la importancia de contar con un equipo profesional que pueda garantizar la calidad y el servicio que distingue a sus tiendas.

Aun así, crecer no ha sido sencillo. Aprender a delegar fue uno de los mayores retos. "Soy muy perfeccionista… me costaba", admite. Pero entender que no podía hacerlo todo solo fue clave para profesionalizar y hacer crecer su negocio.

Pese a haber logrado lo que para muchos ya sería el éxito ideal, Sergio sigue aprendiendo y creciendo todos los días tanto en el obrador como en el resto de tiendas.

Cada decisión, cada nuevo sabor y cada detalle del negocio son oportunidades para mejorar, mantener la calidad con la que a él le gusta disfrutar y cuidar de la experiencia de sus clientes.

Además de sus dulces "lunitas", sus catas se han convertido en un sello distintivo en la ciudad, una experiencia que va más allá de la clásica tarta de queso con la que se ha dado más que a conocer.

Y es que, según el empresario, estos momentos son la forma de hacer que la siguiente visita siempre llegue con más ganas, curiosidad y confianza.

Pues, Sergio, desde que se adentró en este sueño, tiene claro que el proyecto "no es solo vender tartas", sino crear recuerdos con la misma ilusión que él mantiene los de sus inicios en la pandemia.