Billetes del 'Eusko', la moneda local del País Vasco francés en la que se inspira 'Gure Moneta'. La futura divisa decidirá el diseño de sus billetes mediante una consulta ciudadana abierta hasta mediados de septiembre.

Billetes del 'Eusko', la moneda local del País Vasco francés en la que se inspira 'Gure Moneta'. La futura divisa decidirá el diseño de sus billetes mediante una consulta ciudadana abierta hasta mediados de septiembre. AFP

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Gure Moneta, la nueva moneda vasca que entrará en circulación a finales de 2026 junto al euro: operará en Navarra y Guipúzcoa

El proyecto aspira a construir una red económica propia con una moneda local que excluye a las grandes cadenas y prioriza el comercio de proximidad.

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"Ni una sola moneda saldrá de Euskal Herria. Toda la riqueza que se genere se quedará dentro del territorio y servirá para reforzar la economía local".

La frase podría pasar por una declaración política, pero es, en realidad, uno de los principios fundacionales de Gure Moneta ('Nuestra Moneda'), el proyecto con el que un grupo de asociaciones, ayuntamientos y organizaciones sociales impulsa una moneda complementaria al euro que comenzará a circular en Navarra y Guipúzcoa.

La iniciativa nace con la aspiración de extenderse, en el futuro, al conjunto de "Euskal Herria", el territorio cultural y político con el que el nacionalismo vasco identifica a la Comunidad Autónoma Vasca, la Comunidad Foral de Navarra y al País Vasco francés.

La idea no es sustituir al euro, insisten sus impulsores, sino "convivir con él" a la vez que construyen una red económica propia. Mientras el Banco Central Europeo prepara el rediseño de los futuros billetes del euro, Gure Moneta trabaja para emitir los suyos.

Si el calendario previsto se cumple, durante el último trimestre de 2026 los vecinos de Baztan, en Navarra, y de Oarsoaldea, en Guipúzcoa, podrán cambiar euros por esta nueva moneda para realizar sus compras en los establecimientos adheridos.

Cada unidad tendrá exactamente el mismo valor que un euro y, según la organización, funcionará como una moneda complementaria plenamente compatible con la legislación española y europea.

Aunque el proyecto parece tener la hoja de ruta definida, la moneda todavía no tiene nombre ni diseño definitivo y continúa inmersa en una campaña para reunir el respaldo social necesario antes de comenzar a circular.

Sus promotores se fijaron como meta alcanzar los 1.000 socios colaboradores. Sin embargo, en marzo de este mismo año reconocían que apenas habían logrado reunir cerca de un centenar de personas y entidades, muy lejos de la cifra que consideran necesaria para poner en marcha la iniciativa.

Desde entonces han intensificado la campaña bajo el lema "Herriz herri, moneta bat" ("Pueblo a pueblo, una moneda"), pero no han comunicado públicamente si ese objetivo ya se ha alcanzado.

Una moneda con reglas propias

Más allá del discurso que acompaña al proyecto, el funcionamiento de Gure Moneta es, en apariencia, sencillo. Los euros entregados por los usuarios quedarán depositados en un fondo de garantía de un banco local y, a cambio, recibirán billetes de 1, 2, 5, 10, 20 y 50 unidades o saldo digital para operar mediante una aplicación y una tarjeta con código QR. Para acceder a los billetes físicos será obligatorio hacerse socio del proyecto.

Los promotores llevan trabajando desde 2024 en dos experiencias piloto concebidas como banco de pruebas antes de extender la iniciativa al resto de "Euskal Herria".

Una se desarrolla en Baztan, junto con Urdax y Zugarramurdi, un entorno rural en el que colaboran el Ayuntamiento, la agencia de desarrollo Cederna-Garalur, la emisora Xorroxin Irratia, la escuela profesional de Elizondo y diferentes asociaciones locales.

Allí ya han distribuido dos encuestas entre más de 200 vecinos. La primera, según explican, les permitió constatar "un gran interés" por la futura moneda local; la segunda analizó los hábitos de pago de la población —efectivo, tarjeta o aplicaciones móviles— para adaptar el funcionamiento del sistema a los futuros usuarios.

La segunda experiencia se desarrolla en Oarsoaldea, la comarca guipuzcoana integrada por Errenteria, Lezo, Oiartzun y Pasaia. En este caso, el proyecto se ha organizado mediante siete grupos de trabajo municipales y un consejo de coordinación comarcal desde el que se busca incorporar a comercios, empresas, asociaciones y vecinos antes de la puesta en circulación de la moneda.

Detrás de Gure Moneta se encuentra una red de entidades sociales, económicas e institucionales que va mucho más allá de las dos comarcas piloto. Entre sus impulsores figuran Udalbiltza, Olatukoop, Dendartean, Euskalgintzaren Kontseilua, Bilgune Feminista, el sindicato LAB o la Fundación Ipar Hegoa.

El proyecto también cuenta con un importante respaldo institucional.. El Ayuntamiento de Baztan está gobernado por EH Bildu y varios de los municipios implicados en la experiencia piloto de Oarsoaldea también están dirigidos por esa formación. El proyecto cuenta, además, con el respaldo de la Diputación Foral de Gipuzkoa y la colaboración del Gobierno de Navarra.

La organización presenta la iniciativa como un proyecto "de todas y para todas", construido desde el ámbito local pero con vocación de extenderse al conjunto de "Euskal Herria".

La moneda será voluntaria, convivirá con la divisa europea y, según sostienen, "Se ajusta plenamente a la legislación española y comunitaria sobre monedas complementarias". El Banco de España, aseguran, ha sido informado del desarrollo de la iniciativa.

El dinero tendrá exactamente el mismo valor; lo que cambiará será el recorrido que podrá hacer. La organización quiere que los intercambios se produzcan preferentemente entre productores, comercios, empresas y asociaciones del territorio para evitar que parte del consumo termine en grandes cadenas de distribución.

"No aceptamos empresas distribuidoras de grandes redes por el modelo que desarrollan, las condiciones laborales, relaciones sociales y recursos", recoge su manifiesto.

Esa selección de participantes constituye uno de los elementos diferenciales del proyecto. Mientras sus promotores lo presentan como una herramienta para fortalecer el tejido económico local, el acceso a la red no dependerá únicamente de aceptar la moneda, sino también de cumplir los criterios sociales, lingüísticos y medioambientales fijados por la organización.

La moneda tampoco pretende ser ideológicamente neutra; sus impulsores la presentan como una herramienta de transformación social.

Además de favorecer el comercio de proximidad, pretende situar "el euskera en el centro de la actividad económica y social", impulsar una agricultura "ligada a la tierra", fomentar la economía circular y contribuir a una sociedad "más igualitaria e inclusiva", "combatiendo discriminaciones, sin excluir a nadie" y abordando los cuidados "desde una perspectiva feminista".

En ese sentido, el proyecto propone, además de una forma distinta de pagar, un nuevo modelo económico y social.

No se trata únicamente de decidir con qué se paga, sino también qué modelo económico quiere incentivar y qué actores quedarán fuera de esa red.

"A lo largo y ancho de toda Euskal Herria"

A pesar de que la circulación de la Gure Moneta esté prevista únicamente en Baztan y Oarsoaldea, sus impulsores nunca han ocultado que esas dos comarcas son solo el punto de partida.

"Nuestro deseo es que la moneda pueda utilizarse a lo largo y ancho de toda Euskal Herria", explican en la web del proyecto, aunque reconocen que ese objetivo dependerá de que en cada municipio se organicen comunidades locales capaces de implicar a ciudadanos, comercios, empresas y asociaciones.

Las denominadas monedas complementarias funcionan desde hace años en distintos países como instrumentos para incentivar el comercio de proximidad y favorecer la circulación del dinero dentro de un ámbito geográfico determinado. Entre las más conocidas figuran la Grama, en Cataluña; el Chiemgauer, en Alemania; el Banco Palmas, en Brasil, o La Gemme, en Francia.

Un estudio publicado en el Journal of Risk and Financial Management concluye que este tipo de monedas generan ventajas económicas principalmente cuando contribuyen a aliviar problemas de liquidez en la economía local, por lo que su impacto depende del contexto en el que se aplican. Mientras que, en economías donde el acceso al dinero no constituye un problema, sus efectos sobre la actividad económica son mucho más limitados.

Su principal referente, no obstante, es el Eusko, la moneda local que circula desde 2013 en el País Vasco francés. La futura divisa vasca toma como modelo esa experiencia, considerada una de las más consolidadas de Europa por el volumen de usuarios, comercios y administraciones adheridas.

De hecho, los impulsores de Gure Moneta prevén que, una vez resueltas las cuestiones legales pendientes, ambas monedas puedan llegar a ser compatibles a ambos lados de los Pirineos.

La propia organización recuerda que el País Vasco ya ha conocido otras experiencias similares. En Oñati funcionó durante años el Txantxi y en Hernani se impulsó Ekhi, dos monedas locales concebidas para favorecer el comercio de proximidad.

Gure Moneta pretende ir un paso más allá. Las dos experiencias piloto son únicamente el primer escalón de un proyecto que aspira a construir una red económica común bajo una misma moneda complementaria.

La incógnita ya no es únicamente si una experiencia consolidada como el Eusko puede reproducirse con éxito al otro lado de los Pirineos. Antes de responder a esa pregunta, Gure Moneta deberá superar otra mucho más inmediata: demostrar que cuenta con el respaldo suficiente para echar a andar.

Solo entonces podrá comprobarse si una moneda de ámbito local es capaz de cumplir la promesa con la que nació: que la riqueza permanezca en el territorio y fortalezca realmente la economía local.

Mientras tanto, el proyecto continúa definiendo la identidad de una moneda que todavía no existe físicamente. Hasta mediados de septiembre, cualquier ciudadano podrá proponer personajes históricos, animales, árboles, flores, paisajes o símbolos representativos de "Euskal Herria".

Parte del diseño será común para todo el territorio y otra parte será específica de cada comarca, en un proceso participativo que coincide, curiosamente, con la consulta impulsada por el Banco Central Europeo para renovar la imagen de los billetes del euro.

El aspecto de los billetes podrá decidirse mediante una consulta popular. Lo que sigue sin saberse es si esos billetes llegarán a imprimirse y, sobre todo, si bastarán para cumplir la promesa que acompaña al proyecto desde su nacimiento: que una moneda local consiga fortalecer realmente la economía del territorio.