Soldados españoles siguiendo a los inmigrantes marroquíes mientras regresan a su país.
Los ceutíes siguen encerrados por miedo: cientos de migrantes continúan escondidos en montes, fuertes y hoteles
Militares y policías han conducido hasta el Tarajal a los jóvenes localizados en playas y parques
Varios cientos permanecen ocultos con ayuda de familiares llegados incluso desde Francia y Países Bajos
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Ceuta amanece este domingo sin apenas rastro de las decenas de miles de jóvenes que durante los últimos días ocuparon sus playas, parques y avenidas. En el centro ya no quedan grupos caminando sin rumbo, cuerpos tendidos sobre el césped ni colas ante los comercios que todavía se atrevían a abrir.
Los servicios de limpieza tratan de recoger las últimas mantas y bolsas de plástico, los vecinos vuelven a pasear junto al mar y la ciudad recupera una apariencia de normalidad que se explica, en buena medida, por el barrido realizado durante las últimas horas por militares y policías.
Los agentes han recorrido de forma sistemática las zonas en las que todavía dormían algunos de los recién llegados, los han agrupado y conducido directamente hasta la frontera del Tarajal.
Cientos de inmigrantes marroquíes retornando a su país.
Los jóvenes localizados conservaban los vestigios inequívocos del cruce: ropa endurecida por el agua y la suciedad, zapatillas cubiertas de arena y casi ninguna pertenencia más allá de una bolsa de plástico con una botella, algo de comida o una manta.
Haber pasado la noche en una playa o bajo los árboles de un parque no les ha permitido ganar tiempo. Una vez encontrados, han sido incorporados a los grupos escoltados hacia Marruecos.
Operación retorno
La operación ha terminado de vaciar el centro después de varios días de retornos. Interior sostiene que más de 48.000 personas han regresado ya al país vecino y las fuerzas de seguridad mantienen controles para localizar a quienes continúan en espacios públicos.
La ciudad presenta este domingo una calma difícil de relacionar con las imágenes de la avalancha del jueves, cuando miles de personas atravesaron el Tarajal y se dispersaron sin ser identificadas.
Los que permanecen en Ceuta han aprendido que quedarse exige desaparecer. Fuentes sobre el terreno calculan que quedan varios cientos repartidos entre las zonas montañosas, construcciones abandonadas y barriadas en las que disponen de familiares o conocidos.
Un soldado español, a la espera de que un inmigrante salga del mar.
Algunos duermen en antiguos fuertes, entre muros deteriorados y habitaciones sin luz; otros se mantienen alejados de las carreteras y descienden únicamente para conseguir agua o comida.
La principal concentración continúa en El Príncipe, especialmente en las calles interiores próximas al zoco, donde numerosas familias han acogido a hermanos, primos, sobrinos o amigos llegados desde el norte de Marruecos.
Los que quedan
A diferencia de quienes regresaron después de comprobar que no podían viajar a la Península, los que siguen ocultos llegaron con una decisión más firme. Muchos tenían conocidos en Ceuta antes de lanzarse al agua y sabían a qué número llamar o en qué barriada buscar ayuda.
Otros se dirigieron a El Príncipe porque conocían, aunque fuera de oídas, que allí podían encontrar comida, un techo y alguna posibilidad de pasar inadvertidos, según explicaron los propios vecinos a EL ESPAÑOL.
Cinco marroquíes, llegados a nado por la frontera, caminan en los límites de El Príncipe, este sábado.
Pero la red de apoyo se extiende fuera de la ciudad. Familiares residentes en Francia y Países Bajos han viajado hasta Ceuta para ayudar a algunos de los recién llegados, proporcionarles ropa limpia y alejarlos de la imagen que permite identificarlos de inmediato como participantes en la entrada masiva.
La ropa nueva, una maleta y la compañía de alguien que pueda registrarse legalmente en un alojamiento facilitan que pasen desapercibidos en hoteles donde un joven solo, sin documentación y todavía cubierto de salitre levantaría sospechas.
El objetivo inmediato no siempre es alcanzar el puerto. Algunos esperan que disminuyan los controles; otros pretenden iniciar un procedimiento administrativo o averiguar si pueden acogerse a alguna vía de protección.
La mayoría se limita por ahora a ganar días. Después del despliegue militar y policial, permanecer visible en Ceuta equivale casi inevitablemente a terminar en la carretera hacia el Tarajal.
Esa presión explica que las playas y los parques hayan quedado vacíos. Todavía durante la noche algunos jóvenes intentaron dormir junto al mar o en zonas verdes apartadas, confiando en que la oscuridad los protegiera.
Las patrullas los localizaron, comprobaron que apenas llevaban pertenencias y los trasladaron hacia la frontera. No hubo posibilidad de instalarse ni de convertir aquellos espacios en una espera prolongada.
Las imágenes del CETI, sin embargo, continúan siendo cercanas al colpaso absoluto. Numerosos grupos continúan acampando en los límites del centro a la espera de recibir atención.
Más de 400 personas, según los cálculos estimados por fuentes policiales, aguardan en estos momentos poder acceder al interior del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), cuyo recinto tiene cubiertas sus 512 plazas e incluso alguna más.
Emergencia desplazada
El dispositivo continúa activo, aunque la crisis ya no se reconoce a simple vista. En el centro han desaparecido las imágenes de hacinamiento, los comercios funcionan y la circulación ha recuperado su ritmo habitual.
La parte que queda se ha desplazado a lugares desde los que resulta más difícil contarla. Ceuta parece vacía porque quienes podían ser encontrados ya han sido conducidos hacia Marruecos. Los demás han cambiado la ropa mojada, han abandonado los parques y han buscado una puerta que se cierre detrás de ellos.
La emergencia desaparece de las avenidas mientras varios cientos de personas esperan, fuera de la vista, que la vigilancia termine por aflojar.