Un grupo de marroquíes caminando por la playa de Ceuta.

Un grupo de marroquíes caminando por la playa de Ceuta. Reuters

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La llamada desde Marruecos a los inmigrantes que siguen en Ceuta: "No vuelvas. Ya estás allí, mejor quédate en España"

Se estima que más de 50.000 marroquíes ya han retornado a su país. Además, la Guardia Civil sitúa en al menos 70 muertos tras intentar cruzar la frontera.

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Antes de saltar al agua en Fnideq (Castillejos) con la intención de llegar a Ceuta, un grupo de 10 amigos le pidió a un fotógrafo que capturara el momento en la tarde del jueves 30 de julio.

"Toma una foto de todos y nos la mandas", se escuchaba que vociferaba alguien de ese grupo. Entre tanto, otro gritaba: "¡Nos vamos!".

La ropa de todos aún estaba seca. Sus sueños, intactos. Pero la realidad suele ser aplastante frente a una esperanza errónea. El resultado: solo cuatro lograron llegar. Cinco de ellos fracasaron en el intento y renunciaron a la idea. Y el otro murió ahogado en el mar.

Quienes cruzaron a España llegaron heridos. Lina, de 17 años, logró pasar la frontera, pero un par de días después está regresando a Castillejos.

Camina despacio. Su rostro muestra que está abatida, agotada y triste, mientras observa un horizonte perdido.

También se mueve con dificultad. Sus pasos son acompañados de una muleta por las heridas que ha sufrido en un pie. Su brazo también tiene los rastros de las heridas de un intento fallido. "Seguiré insistiendo hasta poder entrar en España", asegura a EFE.

En cambio, su amiga Leila, de 18 años y que también cruzó nadando, está refugiada en la casa de una familia ceutí a la que no conoce. La acogieron en las primeras horas, pero ya le están pidiendo que se vaya.

Según la Guardia Civil, la mayoría de inmigrantes marroquíes ya han retornado a su país. Los que quedan, y según ha constatado EL ESPAÑOL, se están escondiendo en sectores como El Príncipe para así evitar ser devueltos.

Conexión

Ahora ambas amigas están en una videollamada, de la cual fue testigo EFE.

Leila también está abatida. Proviene de una familia humilde. En Marruecos se desempeñaba como cocinera, aunque dejó su empleo en un restaurante de Tetuán cuando se enteró del intento colectivo para entrar en Ceuta.

—Nadie tiene piedad —dice Leila al otro lado de la línea. En sus ojos también se refleja la tristeza.

—Aguanta con esa gente y no salgas de la casa, al menos hasta que pasen estos días críticos. Intenta convencerlos —le responde Lina durante la videollamada.

Leila cumple años dentro de un mes. Y tiene claro su deseo.

—No quiero volver a Marruecos —comenta con melancolía.

Ese éxodo, que marca una de las mayores crisis de inmigrantes en Ceuta, ha dejado un balance de más de 70 muertos. La mayoría perdieron la vida nadando. Sin embargo, la Guardia Civil asegura que podría haber más cuerpos en el mar.

—Ya que has llegado, no vuelvas. ¿Tienes la mano herida? Yo también tengo cortes en la pierna y en la mano. Pero a pesar de la humillación que sufrimos, Dios está con nosotros —responde su amiga.

Un silencio se produce durante la conversación. Ambas están llorando.

Lina huyó de su casa cuando tenía 15 años. Desde entonces ha vivido en la calle, con familias de acogida y en un orfanato. Por eso, considera que su sueño de un mejor futuro es posible si cruza una frontera.

—¿Alguien ha preguntado por mí? —continúa Leila. A lo que Lina responde que todos preguntan por ella.

La llamada finaliza y Lina cree que su amiga logrará quedarse un tiempo más en Ceuta.

Ese grupo de amigos, que se fracturó al intentar cruzar la frontera, mira desde su realidad: buscar conseguir una vida mejor. Sin embargo, hay una arista que para ellos es desconocida.

Su reflexión no llega al miedo que ocasionó que más de 50.000 inmigrantes irrumpieran de golpe, en menos de 24 horas, en una ciudad de poco más de 84.000 habitantes. Tampoco llega a comprender que gran parte de los comercios tuvo que cerrar por el temor a los disturbios.

En medio de ello, Lina retoma. "Doy gracias por haber salido viva y que no me mataran en el agua. Se nos echaban encima y yo no sé nadar bien. Las autoridades nos golpeaban desde la valla y las piedras nos impedían avanzar. ¡Nadie tiene piedad!".

Como no sabe nadar bien, duró varias horas en el mar. Ahora que está regresando vivirá en la casa de un pariente sin agua ni electricidad.

"Estoy decidida a emigrar para buscar trabajo y empezar una vida nueva porque los títulos en Marruecos no valen nada", expresa.

Las calles ahora están mucho más vacías. Gran parte de los inmigrantes han retornado, aunque quedan unos pocos a los que las autoridades están ayudando a mostrarles el camino de vuelta.

Finalmente, Lina envía otro mensaje a Leila.

—Marruecos es maravilloso, pero aquí no hay trabajo digno —concluye.