Pilar Terán en su taxi.

Pilar Terán en su taxi. Daniel Pedriza

Reportajes

Pily, la patrona de los taxistas de Santander que ordenó dar una paliza a un conductor de Cabify: "Sólo fueron unos puñetazos"

La presidenta de dos de las principales organizaciones del taxi en Cantabria ha sido condenada por su participación en la agresión a un conductor de VTC.

Más información: Jota, conductor de VTC: "¿Por qué los taxistas nos hacen la vida imposible? Se creen ingenieros de la conducción"

Publicada

La presidenta de Radio Taxi Santander y de la Asociación Profesional de Taxistas de Santander y Cantabria (Aptasyc), Pilar Terán Gámez, ha sido condenada junto a otros siete taxistas por la agresión a un conductor de Cabify en el aeropuerto Seve Ballesteros de Santander.

Según la sentencia, a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, los hechos ocurrieron a las 8 de la mañana del 21 de junio de 2023, cuando el chófer de VTC llegó al aeropuerto para "realizar un servicio".

Pese a que la sentencia la sitúa participando en la agresión grupal ocurrida en el aeropuerto, Terán sigue ejerciendo como la gran patrona del taxi cántabro.

Pily, la patrona de los taxistas de Santander que ordenó dar una paliza a un conductor de Cabify: "Sólo fueron unos puñetazos"

'Pily' —como la conocen su familia y amigos—, lidera Aptasyc, la organización mayoritaria del taxi en Santander, con 197 licencias sobre un total de 230, y la cooperativa Radio Taxi, agrupa el mismo número de vehículos frente a los 31 integrados en Tele Taxi Santander.

Preguntada por este medio sobre una posible dimisión ha asegurado que no se lo plantea porque se siente "muy arropada" por sus compañeros.

"Violenta actuación en grupo"

Daniel —nombre ficticio utilizado para preservar la identidad de la víctima— no podrá olvidar nunca el ruido de los coches entrando en la terminal aquella mañana de junio, tampoco los gritos, el escupitajo, ni mucho menos los puñetazos.

El trabajador llegó al aeropuerto Seve Ballesteros de Santander a las 8:15 de la mañana del 21 de junio de 2023 para recoger a un cliente de Cabify.

Era su rutina habitual: entrar, esperar al pasajero y marcharse. Sin embargo, aquella mañana apenas tuvo tiempo de detener el coche.

Según la denuncia y los hechos que posteriormente quedaron recogidos en la sentencia, nada más parar el vehículo comenzó el hostigamiento.

"Fue increpado por varios taxistas que allí se encontraban". Uno de ellos, continúa el relato judicial, "metió la cabeza por la ventanilla del vehículo" y le escupió.

El conductor trató entonces de apartarse de la zona, cambió el coche de lugar y salió caminando hacia la terminal del aeropuerto con la intención de pedir ayuda a la Guardia Civil destinada allí.

No lo logró: los taxistas le cerraron el paso antes de alcanzar el interior del edificio.

La magistrada describe lo ocurrido como una "violenta actuación en grupo".

La superioridad numérica atraviesa toda la resolución judicial: eran ocho taxistas —dos mujeres y seis hombres— frente a un solo trabajador de VTC.

La resolución considera que el primer movimiento fue de Pilar Terán que "le sujetó por la espalda y le propinó un fuerte empujón".

A continuación, dos hombres comenzaron a golpear al conductor de VTC "propinándole varios puñetazos", mientras uno de ellos le sujetaba "fuertemente por el cuello".

La agresión ocurrió a plena luz del día, en uno de los accesos principales del aeródromo cántabro y delante de otros profesionales del transporte que esperaban clientes a pocos metros.

Las lesiones recogidas posteriormente por los médicos reflejan "contusiones en mandíbula, espalda y zona lumbar".

Durante casi tres años, el caso ha avanzado lentamente por los juzgados de Santander.

La Fiscalía llegó a acusar a los ocho taxistas de un delito de coacciones castigado inicialmente con penas de prisión, mientras la acusación particular solicitaba además que se les prohibiera acudir al aeropuerto en cuestión durante un año.

Sin embargo, el juicio nunca llegó realmente a celebrarse.

El 18 de mayo de 2026, justo antes del inicio de la vista oral, todas las partes alcanzaron un acuerdo de conformidad.

La Fiscalía rebajó sustancialmente las acusaciones iniciales: el delito de coacciones pasó de la vía ordinaria a un delito leve y las penas de prisión desaparecieron.

Finalmente, los ocho acusados aceptaron multas económicas y tres de ellos reconocieron además delitos leves de lesiones.

El Ministerio Público había solicitado inicialmente ocho meses de prisión para todos ellos.

La acusación particular elevaba incluso la petición hasta los dos años y medio de cárcel por coacciones agravadas.

Al final, todo quedó reducido a multas de 480 euros para cada uno de los ocho condenados y sanciones adicionales para los dos taxistas que propinaron los golpes y para Pilar Terán por el empujón descrito en la sentencia.

Los dos acusados señalados como autores de los puñetazos aceptaron además indemnizar conjuntamente al conductor de Cabify con 1.450 euros por las lesiones sufridas y otros 165 euros al Servicio Cántabro de Salud por la atención médica.

En paralelo a la versión judicial existe, sin embargo, otro relato: el que sostiene Terán.

La 'patrona'

En Santander, dentro del taxi, casi todo el mundo sabe quién es, sus compañeros la tutean y la llaman directamente cuando surge cualquier conflicto.

Más conocida como 'Pily', esta taxista lleva dos décadas recorriendo una ciudad donde el gremio del volante funciona muchas veces como una familia cerrada: se discute, se protege y se defiende.

Pase lo que pase, cueste lo que cueste y aunque implique una condena.

Terán habla alto, rápido y sin ningún tipo de filtro.

Durante la conversación que mantiene con este periódico, mantiene el tono de quien lleva muchos años acostumbrada a discutir en paradas de taxi y en reuniones del sector.

En sus redes sociales mezcla reivindicaciones laborales, mensajes corporativos y fotografías del día a día del gremio.

Entre los taxistas, muchos la describen como una mujer de carácter fuerte, de las que no rehúyen el conflicto y suelen acabar tomando la palabra cuando hay un problema.

Quizá fue por ello que su ascenso dentro del sector fue rápido.

Cuando ocurrieron los hechos del aeropuerto, en junio de 2023, Terán no era todavía presidenta de Radio Taxi Santander ni de la Asociación Profesional de Taxistas de Santander y Cantabria.

"Cuando se produjo la paliza yo no representaba a nada ni a nadie. Solo a mí misma", insiste.

Apenas unas semanas después terminaría convertida en la nueva cara visible del taxi cántabro.

Mientras seguía investigada judicialmente por la agresión a un conductor de Cabify, fue elegida presidenta de dos de las principales organizaciones del sector en la ciudad.

La paradoja resulta difícil de ignorar: la misma mujer acusada de participar en una agresión en plena guerra contra las VTC acabó liderando públicamente al gremio.

Pilar Terán encarna bastante bien el estado de ánimo de una parte del taxi tradicional durante los últimos años: orgullo hacia su gremio y una desconfianza profunda hacia las plataformas VTC.

En entrevistas anteriores ya había alertado sobre el "intrusismo" y defendido endurecer los controles contra Uber y Cabify porque, como otros dirigentes del sector, Terán considera que el taxi ha sido tratado de forma injusta frente a las nuevas plataformas digitales.

"Ni que le hubiéramos matado"

En ningún momento de la conversación con este periódico Terán muestra compasión por el conductor de Cabify.

Tampoco una mínima autocrítica, ni siquiera un mínimo ápice de arrepentimiento.

Al contrario, reconoce sentirse muy agraviada por el relato judicial y por el eco público de la sentencia.

Considera que todo se ha "exagerado" y minimiza las lesiones porque "apenas generaron una factura médica de 160 y pico euros".

"Ni que le hubiéramos matado", dice. "Ni ha habido lesiones ni este señor se ha caído al suelo", insiste.

Según el relato que Terán mantiene hoy sobre lo ocurrido, el origen del enfrentamiento estuvo en la presencia del vehículo de Cabify en la zona de recogida del aeropuerto.

La taxista asegura que los taxistas se encontraban "esperando a que llegase el avión de la mañana" en su parada habitual cuando el conductor de VTC estacionó "en la zona de subida y bajada de pasajeros, obstaculizando".

En su versión, varios coches comenzaron a pitarle para que se apartara y fue entonces cuando el conductor, "cabreado", abandonó el vehículo y caminó hacia el grupo de taxistas.

Ella sostiene que únicamente trató de apartarle, que le agarró "de la chaqueta por la parte de atrás dándole un tirón" y le pidió "por favor" que se fuera para su coche "de una puta vez".

Aunque admite su participación en la agresión niega el sentido agresivo de su gesto porque, según su versión, el trabajador de Cabify llegó "todo chulo", "provocando" y "enciscado" enfrentándose al grupo de taxistas.

Cuando se le ha preguntado si se arrepentía ha asegurado que "no, no hay arrepentimiento". Solo por haber intentado "ayudar".

"La próxima vez que pase alguna historia de estas ya se puede matar la gente que yo no me meto", declara.

No ha aportado matices ni ha querido hacer una disculpa pública como representante del sector.

"Poco más que le hemos matado al muchacho... solo fueron unos puñetazos", afirma.

Terán trata de explicar que todo se ha magnificado porque "apenas generaron una factura médica de 160 y pico euros".

Cuando se le pregunta directamente por una posible dimisión, niega con rotundidad.

"Ni me lo he planteado, ni lo voy a hacer y tampoco me lo han venido ni a pedir", reconoce.

Mucho antes de que Cabify aterrizara en Cantabria y todavía mucho antes de que estos ocho taxistas acabaran condenados en Santander, ya existía una guerra silenciosa entre el taxi y las VTC en toda España.

Una batalla por las calles, por las estaciones, por los aeropuertos y, sobre todo, por el control de un mercado que durante décadas había pertenecido casi en exclusiva al taxi.

El origen del conflicto está en el famoso ratio 1/30 aprobado en 1998 que estableció que sólo pudiera concederse una licencia VTC por cada 30 taxis.

Entre 2009 y 2015 este ratio desapareció de la legislación por un vacío normativo derivado de la liberalización del sector.

Fue en ese periodo cuando miles de autorizaciones VTC comenzaron a solicitarse en España.

Después, cuando el Gobierno recuperó el ratio en 2015, ya era tarde: los tribunales terminaron obligando a conceder muchas de aquellas licencias porque habían sido pedidas cuando el límite no existía legalmente.

Los taxistas sostienen que la ley se cumple "en el papel" pero no "en la calle" porque aunque ya no se concedan nuevas licencias por encima del 1/30, sí circulan muchas más VTC de las que ese ratio permitiría si se aplicara sobre los vehículos que operan realmente cada día.

El caso del aeropuerto de Santander explica perfectamente esta tensión.

Los taxis consideran históricamente los aeropuertos una de sus principales bolsas de trabajo y la llegada de Uber y Cabify convirtió este espacio en un territorio disputado.

Pilar Terán lo verbaliza diciendo que en Santander "Las VTCs van contra el taxi y el taxi contra las VTCs, como en toda España".

Tres años después, la guerra continúa. Los taxis siguen denunciando competencia desleal y las VTC siguen creciendo, mientras Pilar Terán continúa al frente de las dos principales organizaciones del taxi de Santander sin arrepentirse de lo ocurrido.