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Reportajes

La otra Montero, la socialista que se politizó en una parroquia a cuyo bus de campaña hacen peinetas y controles policiales

Trabajadora incansable, versátil y con una facultad prodigiosa para memorizar cifras, la campaña electoral le ha hecho perder peso y enfrenta la recta final como candidata tras haber cometido errores inexplicables.

Más información: Los andaluces reciben llamadas que piden el voto del PSOE haciéndose pasar por personal del SAS

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Enviada en comisión de servicios a Andalucía, en estos días la candidata Montero ha adelgazado. Mucho. Ha sido necesario cogerle el pantalón, que se le ha quedado grande. Gasta la misma talla desde hace años y es fiel al traje chaqueta de distintos colores: lila, amarillo, rojo PSOE, rojo pasión, rosa Amama... A veces, hace una excepción y se marca un vestido o una torera. Pero, si ya era menuda, ahora es un silbido.

María Jesús Montero ha vetado a EL ESPAÑOL durante la campaña electoral andaluza: ni le concede la entrevista solicitada ni responde a un cuestionario blanco remitido a todos los candidatos a la presidencia del gobierno de la Junta en la recta final hacia el 17-M. Obligados a buscar vías alternativas de cobertura, ha sido necesario empotrarse en el autobús de campaña y buscar fuentes directas no oficiales.

Trianera de Sevilla (1966) su trayectoria está marcada por una dualidad: la precisión técnica del gestor y la pasión desbordante de la política socialista. "Es cien por cien del aparato del partido", precisa una fuente del PSOE.

Sus padres, Manuel Montero y Conchita Cuadrado, eran dos maestros que le inocularon el valor del estudio como única vía de ascenso social. La criaron a orillas del Guadalquivir. Desde joven frecuentaba la parroquia de la O, en la calle Castilla.

Pronto se vinculó a movimientos cristianos de base, como la Juventud Obrera Cristiana, y también se afilió, ya cursando la Licenciatura en Medicina, a Juventudes Comunistas. Fue allí donde conoció a Rafael Ibáñez Reche, un estudiante de Derecho con el que acabó casándose por la iglesia, aunque no en una iglesia, y que es el padre de sus dos hijas.

Montero reivindica siempre su plaza como médica en el Servicio Andaluz de Salud (SAS), un tema que genera debate en las redes pero que ella defiende como su mayor patrimonio personal. Nada más aterrizar en Andalucía como candidata, además de hablar de sí misma en tercera persona como la mujer más poderosa de la democracia, lo reivindicó:

"Abandonaré mi escaño del Congreso cuando coja el escaño en el Parlamento para no perder la reserva de plaza (de médica) que aprobé en unas oposiciones con veintitantos años, con mi trabajo y con mi esfuerzo. Se pongan como se pongan".

Lo cierto es que su plaza, como desveló ABC, no es de personal sanitario, sino administrativo. Quienes la conocen desde sus días en el Hospital de Valme, y luego, como subdirectora médica del Hospital Virgen del Rocío recuerdan a una gestora incansable, casi estajanovista.

Era capaz de memorizar presupuestos de servicios enteros mientras recorría las plantas de hospitalización. Esa cualidad la mantiene en la actualidad. "Es brutal. Es capaz de memorizar cifras y cifras y cifras", precisan las fuentes consultadas.

Esa capacidad de trabajo fue la que llamó la atención de Manuel Chaves, quien la rescató para la política institucional en 2002. Formó también parte del Gobierno de José Antonio Griñán como consejera de Sanidad, donde "se bregó políticamente". Luego continuó en el de Susana Díaz en 2013 y la líder socialista le confió la cartera de Hacienda.

Durante años, Montero fue la guardiana de las cuentas de Susana y su principal apoyo. Incluso la apoyó con fervor en su intento de derrotar a Pedro Sánchez en las primarias de 2017. Sin embargo, la moción de censura de 2018 en el Congreso de los Diputados lo cambió todo.

Cuando Sánchez llamó a Montero para ser ministra, la lealtad se disolvió.

El muro

A diferencia de otros políticos que exponen hasta cierto punto su vida privada, María Jesús Montero ha mantenido un muro casi infranqueable alrededor de su familia. Sus dos hijas, ya jóvenes universitarias, son su principal apoyo y, a la vez, en su cable a tierra. Ambas han crecido alejadas de los focos, estudiando en centros públicos y manteniendo una vida discreta en Sevilla.

Está separada del padre de sus dos hijas, el abogado Rafael Ibáñez Reche, abogado del sindicato CCOO y vinculado a Izquierda Unida. Con él mantiene una magnífica relación. Separados en 2019, justo cuando llevaba un año como ministra de Hacienda, mantienen todavía la cotitularidad de varios bienes inmuebles.

El aterrizaje de Montero en el Ministerio de Hacienda en 2018 fue un choque cultural para la capital. Su acento sevillano, del que siempre ha hecho gala como bandera de autenticidad andaluza, su capacidad de trabajo y su entrega hicieron que rápidamente pasase a convertirse en la pieza más versátil del tablero de Pedro Sánchez.

María Jesús Montero este martes en Martos, en la provincia de Jaén

María Jesús Montero este martes en Martos, en la provincia de Jaén

Fue nombrada portavoz del Gobierno en 2020, convirtiéndose en la voz que explicaba a los españoles la dureza de la pandemia cada martes. Su ascenso no se detuvo ahí: alcanzó la Vicesecretaría General del PSOE y, finalmente, la Vicepresidencia Primera del Gobierno.

"Es una excelente negociadora... con la izquierda y con los nacionalistas. Si algo estará echando de menos Pedro Sánchez es eso". En las negociaciones parlamentarias, se ganó fama por ello. Era capaz de cerrar acuerdos con socios tan dispares como ERC o el PNV sin perder la sonrisa.

Si su paso por Madrid como ministra de Hacienda, y la maldita hemeroteca, le están sirviendo como lastre en esta campaña andaluza, lo cierto es que Montero regresaba a Sevilla en el AVE cada fin de semana para dormir en su casa.

"Es una currante nata e incansable. Con ella no hay reloj. Es también muy protectora con su equipo, con el que hace piña". Esto último es "una rareza, que casi nadie hace en política".

Es de las que sabe delegar y confía "ciegamente" en ellos, aunque manteniendo el control. Además, es una mujer "del aparato socialista". Una virtud, y también, su talón de Aquiles.

Las peinetas

Este martes María Jesús Montero despierta en Sevilla, pasará por Jaén y acabará, ya el miércoles, en Granada. La caravana del PSOE lleva su imagen serigrafiada y, sobre fondo verde hay una enorme leyenda: "Vota sanidad pública".

Más que a plantar cara a Juanma Moreno —con su aura institucional y su despliegue comunicativo—, Montero bajó por Despeñaperros en plan guerrillera, aunque con la canana semivacía. Tenía tres balas: sanidad pública, sanidad pública y sanidad pública. Pero el guion, el mantra, se le ha torcido por el camino.

María Jesús Montero, este sábado, a su llegada a la capilla ardiente en la Comandancia de Huelva

María Jesús Montero, este sábado, a su llegada a la capilla ardiente en la Comandancia de Huelva Europa Press

La tragedia de los dos guardias civiles de Huelva no ha hecho sino deteriorar aún más una imagen que no terminaba de levantar el vuelo. Llegó con una agenda muy encapsulada: mítines, actos con la militancia, viejos conocidos (Carmen Romero, Zapatero, Manuel Chaves...). Frente a los abrazos, videoclips y likes que tanto critica en Juanma Moreno, ha puesto una mampara con la calle, con la gente.

Apenas se la ve en contextos espontáneos, con el pueblo, y cuando ha sucedido, por ejemplo en el funeral en Huelva, se ha encontrado algunas increpaciones.

Que Marlaska no acudiera hirió. Que ella calificara luego la tragedia acaecida en el debate de Canal Sur como "accidente laboral" en dos ocasiones ha sido un tiro en el pie.

Luego trató de rectificar en redes sociales y en declaraciones a la SER y RNE, donde llegó a decir que "en ningún momento" pretendió calificar como accidente laboral la muerte de los agentes. "Ni quise ni tengo criterio para calificar nada".

Muchos le auguran un desastre histórico, por debajo de los 30 escaños. El andaluz es más orgulloso de lo que se piensa y Montero llevaba 8 años en Madrid, que era campo cuando en Córdoba ya había acequias. En Madrid y con Sánchez, todo hay que decirlo.

Aquí ha venido a apagar un fuego cuando las encuestas y el pulso de la calle le indican que ya ha caído la viga maestra. Hay quien cree que el día 18 estará de vuelta en Madrid y no le perdonan que finja lo contrario. Ella misma misma confiesa que tiene las cajas de mudanza sin abrir, desparramadas por el piso de Sevilla.

No fue hasta mediada la campaña que se atrevió a decir que sí, que se quedará en el Parlamento andaluz pase lo que pase.

Señales

Este martes le toca mitin en Martos, Jaén. El autobús del PSOE no pasa desapercibido. La prensa ha visto de todo en sus largos periplos de punta a punta de Andalucía: los motoristas le lanzan peinetas, los coches pitan en señal de repulsa. También, por supuesto, hay gestos de afecto y victoria.

En un lugar indeterminado, el pasado fin de semana, un autobús de publicidad electoral del PSOE se hizo viral: quedó atascado en una calle mientras la persona que grababa el vídeo ironizaba "y estos son los que quieren gobernar Andalucía".

Tras la tragedia de Huelva, y de sus declaraciones, muchos guardias civiles han celebrado, sotto voce, la foto en la que un agente de tráfico le pide los papeles al vehículo también publicitario durante un control. Es una de las imágenes que abren este reportaje.

Sus mítines se abren con una versión del "Romance sonámbulo" de Lorca y se cierran con "Tengo el poder", de Manuel Carrasco. La canción, repetida hasta la saciedad, arranca en tonos poco inspiradores ("Tengo pesadillas de noche y de día"), aunque es fuerza decir que remonta rápido: "Tengo el poder, llegó la hora y voy a hacerlo / Tengo el poder, ¿quién eres tú para romperlo? / Quien quiera pararme, quien quiera pararme, no podrá".

En Martos se repite el guion. Son las 18:30 cuando aparece María Jesús Montero en los salones El Moreno, que ya hay que tener 'malaje' para elegir el sitio. De hecho, en el salón han tapado con unos roll up del PSOE un nombre tan inconveniente.

El Moreno es el clásico lugar de bodas, bautizos y comuniones a la salida del pueblo. Se trata de un "acto joven", así que la juventud se coloca en el tiro de cámara, detrás de la candidata. El resto del público son cerca de 400 personas mayores, jubilados en su mayoría. "Era peor en el mitin de Cártama —confiesa un compañero—, allí ya iban en tacataca".

"Lo volveremos a hacer", dice Montero. Ahora les ha tocado una temporadita en el infierno. Ocho años que al PSOE andaluz le sabe a ochenta. Años de perro. ¿Logrará Montero devolver la autoestima al PSOE andaluz?

Entre localidad y localidad, entre mitin y acto, Montero lee. Suele leer lo que le recomienda su madre, que vive en Triana y va a un club de lectura. En estos días trata de abstraerse con Sara Mesa, una autora sevillana. ¿El título del libro? Oposición.