La médica María Almenar.

La médica María Almenar. Cedida

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La hazaña de María Almenar para subir 5.604 puestos en el MIR 2026: ha registrado uno de los mayores ascensos históricos

La valenciana quedó en el puesto 9.135 en 2025 y este 2026 ha alcanzado el 3.527 tras cambiar su forma de estudiar: menos horas, más salud mental.

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Hay días en los que los nervios pueden sobrepasar a cualquiera. Todo el mundo puede fallar. Incluso quienes llevan años preparándose para uno de los exámenes más exigentes del sistema sanitario español.

Sin embargo, no todo el mundo es capaz de volver, enfrentarse al mismo examen y escalar más de 5.600 puestos en solo un año.

Ese ha sido el caso de María Almenar (Valencia, 2000), que en el examen MIR de 2025 quedó en el puesto 9.135 y este 2026 ha logrado situarse en el 3.527, con 131 netas.

María Almenar.

María Almenar. Cedida

La médica valenciana ha protagonizado uno de los mayores ascensos registrados en la historia del examen MIR y que, además, no se explica por estudiar más, sino por aprender a gestionar las emociones a la vez que el temario.

Estudiar medicina

La historia de María no viene marcada por una vocación precoz en Medicina ni por un relato infantil entre consultas médicas.

"Llegué hasta aquí un poco por descarte, porque me gustaba muchísimo la biología y todo lo que tenía que ver con el cuerpo humano, pero en cambio las matemáticas nunca se me han dado bien, así que descarté todas las ingenierías y acabé aquí", cuenta la joven a EL ESPAÑOL.

Esta elección terminó consolidándose con los años y Medicina terminó apasionándole.

Estudió en la Universidad CEU de Valencia y, aunque reconoce que en ocasiones se ha planteado el coste de tantos años de estudio, siempre acaba llegando a la misma conclusión: "Es una carrera muy bonita y, por ello, merecen la pena todas las horas de estudio".

No era la mejor de la clase ni pretendía serlo. "Siempre he sido una chica normal, no destacaba por mis notas", insiste con modestia.

Pero pronto consiguió terminar la carrera y enfrentarse al siguiente gran reto: el MIR.

El primer examen

Durante la carrera, María ya había experimentado momentos de ansiedad, especialmente en los exámenes, pero nunca habían condicionado de forma decisiva su rendimiento.

"Siempre me bloqueaba en los exámenes, pero preparando el MIR vi que la situación era insostenible", explica.

El problema, además de en el volumen de estudio, estuvo en la forma que tuvo de afrontarlo. Comparaciones constantes, presión interna y una exigencia que acabó jugando en su contra.

Ese desgaste se hacía especialmente evidente en los simulacros, donde empezó a notar algo que no había experimentado antes con tanta intensidad: el bloqueo.

"Había preguntas que sabía que me sabía porque las había estudiado, pero me quedaba en blanco, como si no pudiera acceder a la respuesta", recuerda.

Ese bloqueo mental fue determinante y el resultado lo confirmó: puesto 9.135.

Un examen aprobado y suficiente para acceder a algunas especialidades, pero lejos de sus expectativas.

Al salir del examen, María no dudó. "Desde el momento en el que salí del examen, sabía que lo iba a repetir, no me planteé otra cosa", reconoce.

Ni siquiera inició el proceso de adjudicación de plaza, por lo que no llegó a elegir especialidad. No valoró opciones intermedias: se tomó dos meses de descanso y en abril volvió a empezar a prepararse la oposición.

Mientras otros opositores optan por asegurar una plaza, ella decidió renunciar a todo para intentarlo de nuevo. Sin garantías.

Podría pensarse que el secreto de este ascenso es un aumento de horas o una estrategia académica más dura y disciplinada. Pero en el caso de María no fue así.

"Si comparo los dos años, para el primer examen estudié bastante más horas que para el segundo, pero no me sirvió de nada hacerlo así", declara.

Si el primer año las horas que la estudiante dedicaba al estudio rondaban las ocho o nueve horas diarias, en la preparación de este segundo examen rara vez superaba las siete y, aun así, el rendimiento fue mayor.

Frente a las jornadas largas y rígidas del primer intento, María introdujo algo que hasta entonces no se había permitido: flexibilidad.

"Si algún día no podía estudiar porque mi cabeza no me dejaba, me lo permitía. El año pasado no".

Ese cambio de enfoque marcó toda la preparación. Más descanso y una idea clara: no exigirse demasiado.

La terapia

Si hay un elemento que supuso un punto de inflexión y que explica el salto de 5.604 puestos fue el inicio de la terapia psicológica como una herramienta más dentro del proceso.

María acudió al psicólogo durante todo el año, con sesiones semanales y lo considera algo determinante en su mejora.

"Fue la mejor decisión que pude tomar", resume la médica.

El trabajo fue muy concreto y muy orientado al examen: técnicas de relajación, control de pensamientos intrusivos, simulación de situaciones de presión y exposición al escenario del examen.

"Trabajamos incluso cómo iba a ser el día del examen, los momentos en los que me agobiaba… Cuando el día del examen llegó, fue como si ya lo hubiera vivido", asegura María.

El resultado fue un cambio radical en su relación con la prueba.

Otro de los cambios más llamativos fue su decisión de dejar de controlar constantemente sus resultados.

En el primer intento, los simulacros eran una fuente constante de presión. En el segundo, decidió romper con esa dinámica.

"Hubo un momento en el que me di cuenta de que mirar todo el rato las notas de los simulacros solo me estaba generando más presión, porque al final te comparas, te encasillas y te condicionas", cuenta.

Por eso, en la recta final, dejó de introducir los resultados.

"No quería pensar ‘estoy en este número y de aquí no subo’. Los últimos simulacros no sé qué nota saqué y no lo voy a saber, porque no me aportaba nada, al contrario, me ponía más nerviosa".

Esa renuncia al control le permitió llegar al examen sin una expectativa cerrada, sin un número al que aferrarse o del que depender.

El día del examen

La diferencia entre las dos convocatorias se hizo evidente en el momento clave. "Comparado con el año pasado, estaba súper tranquila", reconoce.

Nada de insomnio, nada de bloqueo. El trabajo previo había dado resultado.

"Lo viví como si fuera un simulacro más y eso para mí fue la mayor diferencia", declara la joven.

Esa normalización del momento del examen es, en sí misma, una de las claves del éxito de María Almenar.

Cuando se publicaron las notas, la reacción fue de alivio, primero, y después sorpresa.

"No me lo esperaba, porque como no había estado pendiente de números ni de simulacros, no tenía una referencia clara de dónde podía quedar", explica.

El dato, en cualquier caso, habla por sí solo: 131 netas y un ascenso de 5.604 puestos.

Elegir especialidad

María se encuentra ahora en el punto que todo opositor persigue: el lunes podrá elegir su especialidad.

Su decisión no está cerrada del todo, pero sí acotada entre Ginecología y Anestesiología.

"Son dos campos que me gustan mucho y en los que me veo trabajando", declara.

Más allá de la especialidad, hay una prioridad clara: quedarse en la Comunidad Valenciana. Entre sus opciones están hospitales como el Hospital Universitario de Alicante o el Hospital de San Juan.

La elección definitiva dependerá de cómo avance el proceso.

Más allá del resultado, María tiene claro el sentido de contar su historia porque la suya no habla de excelencia académica ni de talento extraordinario, sino de superar algo muy frecuente, pero poco visible: la ansiedad.

"En mi situación, el año pasado, me habría gustado leer algo así: saber que a alguien le había ido mal y luego había conseguido remontar", afirma la médica."

El caso de María Almenar rompe, además, con uno de los mitos más extendidos en la preparación del MIR: que el éxito depende exclusivamente de la cantidad de horas invertidas.