Carla Maronda, la joven de Xàtiva que sufrió una cuádruple amputación

Carla Maronda, la joven de Xàtiva que sufrió una cuádruple amputación Biel Aliño

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Carla, la joven ‘biónica’ sin manos ni pies por una bacteria que pide al Estado que cubra sus prótesis: cuestan 200.000€

La valenciana critica que el elevado coste de las prótesis es una de las principales barreras para lograr la inclusión real, ya que la Seguridad Social solo cubre una parte.

Más información: La nueva vida de Carla, la joven valenciana a la que han amputado las manos y pies: "Adiós a quién fui"

Xàtiva (Valencia)
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Hace dos años la vida de Carla Maronda cambió para siempre. Tras una cirugía rutinaria para extirpar un quiste, contrajo una bacteria que le provocó una sepsis y un fallo multiorgánico.

Estuvo 12 días en coma inducido y con una probabilidad de sobrevivir de un 5%. Pese a este pronóstico, Carla salió adelante, aunque para salvarse tuvieron que amputarle las cuatro extremidades.

A ella, sin embargo, no le gusta recordar ese momento. Prefiere centrarse en el presente, en lo que tiene y las nuevas oportunidades, en lugar de en lo que ha perdido.

"Me ha cambiado la vida radicalmente, pero he aprendido a vivir y soy feliz, no puedo decir si más o menos que antes, pero sí que cuando hay cosas que te pasan, se cierran muchas puertas, pero hay otras que se abren y tienes que saber abrirlas y aprovechar el momento", afirma la joven de Xàtiva (Valencia) a EL ESPAÑOL.

Nos recibe en casa, todavía con el chándal del entrenamiento que acaba de terminar. Presenta su primer libro El día que volví a abrir los ojos (editorial Kailas) en el que relata su experiencia desde el momento de la intervención hasta su recuperación.

Escribirlo, según confiesa, no ha sido un camino fácil, pero sí necesario para ayudar a otras personas que puedan atravesar situaciones similares.

Carla Maronda

Carla Maronda Biel Aliño

A día de hoy, su día a día es casi como el de cualquier joven de 27 años que ha acabado sus estudios. Su tenacidad le ha llevado a no rendirse ni conformarse. Aboga por ser agradecida y "valorar lo que se tiene" pese a los golpes de la vida.

Tras tres meses hospitalizada, cuando volvió a casa, según explica, no podía ni siquiera darse la vuelta en la cama sola. "Fue horroroso, pero hubo un momento en el que me di cuenta de que todo dependía de mí y de que me tenía que rehabilitar tanto física como psicológicamente", relata.

En este sentido, explica que aunque las personas más cercanas acompañen y sean esenciales en este proceso, lo más importante es ser consciente una misma. "Nadie lo podía hacer por mí", subraya durante la entrevista.

Rehabilitación

Esa certeza supuso un "cambio radical" en ella y comenzó su proceso de recuperación, un periodo que no ha estado exento de dificultades y frustraciones, pero que avanza diariamente.

"Ahora ya hago prácticamente de todo. Me falta poder ponerme los vaqueros y los zapatos", asegura. Lo más complicado son las cremalleras y los botones. "Cocinar también estoy en ello", añade. ¿Lo último que ha aprendido? A ducharse sola, hace dos semanas.

Pero hasta llegar a este punto, la recuperación ha sido "costosa y dolorosa". "Me amputaron el 28 de mayo y en agosto ya estaba encima de unas prótesis".

Carla Maronda

Carla Maronda Biel Aliño

"Al principio fue horrible, me hacía mucho daño porque la tibia se me había quedado demasiado en punta", comenta. En octubre, el día de la dana, fue intervenida quirúrgicamente para limar los huesos y en noviembre estaba probando de nuevo.

"Me tuve que acostumbrar al peso y a llevar la piel metida en una silicona y al final es costoso, pero no hay nada como ponerte de pie y volver a andar", subraya.

Tuvo que volver a aprender a caminar, (un proceso que recuerda como frustrante que le llevó meses), a bajar y subir escaleras, a estar de pie quieta, a soportar peso encima de las prótesis, a comer, a escribir y a infinidad de tareas cotidianas a las que nos enfrentamos a diario sin darnos cuenta.

Gracias a las extremidades biónicas que lleva, de última generación, domina todas estas acciones, hace deporte y sigue montando a caballo, su gran pasión.

Funcionan a través de unos sensores que detectan los impulsos de sus músculos. "Una vez te acostumbras al peso, hay que saber mandar las señales y reeducar el cerebro. Son manos multiarticuladas, pero los movimientos no son naturales, son grabados", explica.

El libro de Carla Maronda

El libro de Carla Maronda Biel Aliño

Ejemplo

Carla es graduada en derecho y máster en derecho marítimo, su siguiente objetivo es abrir en septiembre su propio bufete de abogados en Xàtiva junto a su padrastro.

De su experiencia tiene claro el mensaje que quiere lanzar, "que se puede ser feliz aunque las circunstancias cambien". "Es complicado, pero solo nosotros mismos sabemos dónde están nuestros límites y solo nosotros tenemos la capacidad de afrontar lo que queramos", asegura.

En esta línea, aboga por la importancia de la salud mental para aprender a bajar el ritmo, a saber escucharse y a no invalidar los sentimientos.

"Creía que podía con todo sola, pero me vi desbordada, que no sabía gestionar la situación y que necesitaba que alguien pudiese acompañarme, entenderme y enseñarme", añade esta joven valenciana.

Carla Maronda pasa las páginas de su libro

Carla Maronda pasa las páginas de su libro Biel Aliño

¿Qué diferencia a la Carla de antes de la de ahora? "Valoro cosas que antes no valoraba y disfruto de momentos pequeños de la vida. Además, he crecido mucho como persona, hay una evolución", responde.

"Si me dieran a elegir, yo viviría con mis manos y con mis pies, pero estoy agradecida también de poder hacer mi vida con estas prótesis", concluye. Al respecto, critica la falta de apoyo institucional para poder sufragar su elevado coste.

En esta línea, explica que todos los procesos de "protetización" deben estar personalizados "porque como cada persona es un mundo, cada usuario de prótesis también es un mundo".

En su caso, se valoró su vida y sus expectativas desde un punto de vista realista. A partir de ahí, se hizo un estudio y probó varios dispositivos.

Carla Maronda

Carla Maronda Biel Aliño

Que la Seguridad Social solo cubra una parte considera que genera desigualdades. "No entiendo que haya cantidades ingentes de dinero que se dedican a un millón de cosas en lugar de a que podamos tener una vida plena y digna", denuncia.

Sus prótesis cuestan unos 95.000 euros cada una y tiene que cambiarlas cada cinco años. Por ello, ha fundado su propia asociación, Tus manos son mis manos, para recaudar fondos y dar visibilidad a la realidad de personas a las que les falta alguna extremidad.