Isabel Urraza, a quien le detectaron altas capacidades con 41 años.

Isabel Urraza, a quien le detectaron altas capacidades con 41 años. Cedida

Reportajes

A Isabel le detectaron altas capacidades con 41 años: "De niña me sentía muy incomprendida. Ya no"

Solo el 35,2% de los alumnos identificados en España son niñas: un estudio revela la invisibilización estructural de su potencial.

Más información: Cinco indicios a los que estar atento para saber si tu hijo tiene altas capacidades, según los expertos Pepe Pérez y Félix Ruiz

Publicada

Isabel Urraza descubrió en 2025, a sus 41 años, que tenía altas capacidades intelectuales. Nunca nadie había sospechado de ello. Ni siquiera ella.

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, trabajó durante años por cuenta ajena y dio el salto al emprendimiento con su propio despacho como administradora de fincas, que mantuvo durante ocho años.

Más tarde, en busca de una vía más creativa, se formó en confección y moda y se dedicó al sector textil.

Su recorrido profesional —marcado por la iniciativa, la versatilidad y la capacidad de reinventarse— se vio atravesado después por la maternidad, la pandemia y problemas de salud.

Hoy, en desempleo y preparando oposiciones para administrativo, su historia permite entender cómo el talento puede pasar desapercibido incluso en perfiles con iniciativa, formación y experiencia, y cómo esa falta de identificación influye en las decisiones y en el desarrollo vital.

"Ahora que sé lo que son las altas capacidades y los distintos perfiles de personas que las tienen he podido comprender mi trayectoria profesional. Todo tiene que ver", declara.

"No destacaba"

Su paso por el colegio no estuvo marcado por matrículas de honor, pero tampoco por suspensos. Su rendimiento académico fue, sencillamente, el normal.

"En algunos cursos tenía unas notas más bajas y en otros más altas. No destacaba", explica Isabel a EL ESPAÑOL.

Nunca dio signos de aburrimiento ni trató de llamar la atención. Quizá por eso nunca despertó el interés de los equipos de orientación de su escuela.

Era una alumna correcta y responsable. No interrumpía en clase y tampoco cuestionaba a los profesores.

Sin embargo, Urraza creció con la sensación de sentirse siempre fuera de lugar.

"De niña siempre me he sentido incomprendida. Le doy muchas vueltas a cosas a las que la gente de mi alrededor no les da tanta importancia. Ya no. Ahora entiendo qué pasaba", explica Isabel.

Hace tan solo un año que encontró la respuesta a qué era lo que le causaba esta sensación que le pesaba tanto: tenía altas capacidades.

En 2025 identificaron a su hijo con altas capacidades intelectuales y, aunque Isabel tenía miedo de "no dar la talla", decidió evaluarse.

"A raíz del diagnóstico de mi hijo me empecé a plantear que su perfil coincidía en muchos aspectos con cómo era yo y con cosas que me habían pasado", reconoce.

Diagnóstico tardío

Al ponerse a investigar sobre las AACC, la zaragozana, a sus 41 años, se dio cuenta de que lo que pensaba que no cuadraba en ella misma tenía un nombre

"Decidí evaluarme para confirmarlo. Necesitaba entender por qué me pasaba esto; si tenía algún tipo de relación", recuerda.

Isabel se presentó a las pruebas psicológicas con inseguridad.

"Tenía miedo de que no salieran muy bien. Temía salir por debajo de la media", asegura.

Se considera que existe un perfil de altas capacidades cuando las puntuaciones se sitúan significativamente por encima de la media, que son 100 puntos. Isabel superó, con creces, esa puntuación.

Pero saberlo no fue suficiente para cambiar la percepción de sí misma de inmediato.

"Estoy todavía tratando de creérmelo. No me veía capaz de conseguir nada", admite.

Ese desfase entre capacidad real y autoconcepto es una constante en mujeres con AACC.

Como explica a este periódico la directora de la asociación aragonesa de altas capacidades Sin Límites, Beatriz Urriés: "Muchas mujeres presentan un autoconcepto muy negativo que les impide reconocerse como personas con un alto potencial".

"Soy consciente de que encajo en el perfil de las altas capacidades por mi sensibilidad y la intensidad con la que vivo las cosas. Sin embargo, en cuanto al desarrollo cognitivo, todavía estoy en proceso de aceptarlo y de valorarlo", reconoce Urraza.

La evaluación

Lejos de la idea de un simple test de inteligencia, la evaluación de altas capacidades es un proceso complejo y multidimensional.

Incluye, tras unas pruebas, una entrevista inicial en la que se analizan aspectos como el desarrollo, el lenguaje, los intereses o la sensibilidad de la persona.

Después, se incorpora información del contexto escolar: rendimiento y posibles desajustes entre capacidad y resultados, entre otras cosas.

El núcleo es la valoración cognitiva, que no se reduce al coeficiente intelectual, sino al análisis de distintas áreas: razonamiento verbal, lógico, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento o capacidad visoespacial.

Además, se evalúan la creatividad, el pensamiento divergente y variables emocionales como la autoestima, el perfeccionismo, la ansiedad, la hipersensibilidad o la adaptación social.

Muchas mujeres son evaluadas tarde. Lo hacen de adultas tras años de malestar, incomprensión e insatisfacción profesional.

EL ESPAÑOL ha hablado con el psicólogo José Luis Pérez, del Centro Ayalga (Asturias), que atiende a personas con AACC.

Según explica, la clave está en cómo se manifiestan las altas capacidades en función del género.

"Los niños suelen ser detectados por conductas disruptivas. Las niñas, en cambio, tienen un perfil de adaptación mucho mayor y pasan desapercibidas", afirma el psicólogo.

Esta tardía identificación puede limitar su desarrollo personal y su trayectoria vital y profesional.

"A mí me ha costado. Aunque estudié la licenciatura de Administración y Dirección de Empresas, muchas veces me planteaba qué era lo que estaba haciendo. Estudiando trato de abarcarlo todo y no me organizo bien. Me ha faltado acompañamiento y técnicas de estudio", reconoce Urraza.

El caso de Isabel no es aislado. Forma parte de un patrón estructural.

Sin Límites

El estudio La escasa identificación de niñas con altas capacidades intelectuales en el sistema educativo español (2025), al que ha tenido acceso este diario, revela que solo el 35,2% del alumnado identificado con AACC en España son niñas

La investigación, liderada por Beatriz Urriés, directora de Sin Límites, Asociación Aragonesa de AACC, en colaboración con psicólogos del Centro Ayalga (Asturias), consistió en la evaluación de 27 mujeres adultas y 14 niñas.

Estas mujeres nunca habían sido derivadas ni identificadas pese a pertenecer a familias donde ya existía conciencia sobre las altas capacidades por la identificación previa de varones.

"Tuve que convencer a muchas madres de la asociación porque no querían. Me decían que cómo se iban a hacer ellas la prueba, que iban a pensar que eran unas creídas. Oía a estas mujeres tan brillantes y con desarrollos laborales tan potentes decir que su hijo había salido al padre, y yo alucinaba", declara Urriés a este periódico.

El resultado fue contundente: 26 de 27 mujeres adultas y 13 de 14 niñas presentaban perfil de altas capacidades.

Esto ejemplifica que la infradetección de mujeres no responde a una inexistencia y falta de capacidad de las mismas, sino a una invisibilización estructural de su potencial.

'Síndrome del impostor'

Beatriz Urriés afirma que uno de los factores que explican esta infradetección es el conocido como "síndrome del impostor".

"Muchas mujeres restan valor a sus logros y los atribuyen a la suerte o al esfuerzo desmedido, no a su capacidad", afirma Urriés.

Esto tiene un impacto en su autoestima, su motivación y sus decisiones académicas. Cuando la percepción de autoeficacia es baja, es más probable que no muestren su potencial con claridad.

Urraza lo resume así: "Sigo sin considerarme más inteligente que otras personas, aunque una cifra diga lo contrario".

La detección tardía no es solo una cuestión académica. Tiene consecuencias emocionales profundas.

El psicólogo José Luis Pérez, del centro Ayalga, sitúa este problema en una tradición histórica de invisibilización, recordando a Leta Stetter Hollingworth, quien ya en el siglo XX defendió que las mujeres podían tener el mismo nivel de inteligencia que los hombres.

Un siglo después, reconoce que el problema persiste: "Cuando evaluamos a un hombre adulto, normalmente no tiene problema en aceptarlo, pero las mujeres siempre lloran"

La reacción general, explica, suele ser similar: incredulidad, negación y una dificultad profunda para asumir el diagnóstico.

"Siempre dicen: ‘no me lo puedo creer’, ‘esto no está bien’. Y yo les digo: tienes que valorarte", declara el psicólogo.

No importa su trayectoria. Pueden tener estudios, responsabilidades o carreras consolidadas. El patrón se repite.

El origen, según apunta, está en un aprendizaje prolongado de adaptación. Muchas mujeres con altas capacidades han crecido priorizando la aceptación social frente al desarrollo propio

A Isabel Urraza, el ponerle nombre, 41 años más tarde, a la sensación que tenía de "no encajar" y de pensar que "era culpa mía" la liberó de una interpretación errónea de sí misma.

"El diagnóstico es necesario porque te entiendes a ti mismo y también te haces entender. Te puedes explicar cuando en un momento dado te pones demasiado nervioso o quieres irte a casa porque tienes que descansar", aclara Isabel, detectada como AACC con 41 años.

Falta de recursos

Tanto las familias como las asociaciones coinciden en señalar la falta de recursos en los centros educativos.

"Faltan orientadores y formación específica del profesorado", denuncia Beatriz Urriés, profesora y también directora de la asociación Sin Límites.

El psicólogo José Luis Pérez, por su parte, defiende la terapia como una vía para reforzar la confianza de los niños y niñas con AACC. "No es por ir a Harvard", insiste, "Es por el desarrollo personal".

"La terapia adecuada me habría ayudado a tener más confianza, a tener unas relaciones sociales mejores y a atreverme con otros proyectos", reconoce Isabel Urraza.

La asociación Sin Límites propone el uso de pruebas screening en todos los centros educativos para evitar que la identificación dependa exclusivamente de la iniciativa familiar.

"A nivel curricular siempre es conveniente que haya algún tipo de intervención porque si no estos niños no desarrollan hábitos de estudio. O puede pasar también que se aburran tanto, que desconecten. El conocimiento no entra solo, con lo cual acaban suspendiendo", asevera la presidenta de la asociación.

Esto desmonta el mito de que las personas con altas capacidades obtienen unas notas increíbles en sus estudios. Las AACC no tienen por qué estar ligadas a un alto rendimiento académico.

Las familias no buscan etiquetas de excepcionalidad.

"Nadie viene orgulloso porque su hijo tenga altas capacidades. Vienen porque hay sufrimiento", afirma.

Las altas capacidades no son solo un potencial cognitivo, sino también una mayor sensibilidad. "Reciben más información, tienen más empatía, anticipan más lo negativo… y eso hace que sufran más", añade el psicólogo.

Detectar a tiempo no implica únicamente mejorar el rendimiento, sino evitar años de desconcierto, inseguridad y sensación de no encajar.

Después de 40 años, Isabel encontró la explicación que llevaba tiempo buscando y aunque no ha cambiado quién era, sí ha cambiado su forma de entenderse y de hacerse entender.