Jaime Guerrero, biólogo,  embriólogo y director de la Unidad de Ovodonación y Criobiología del Instituto Bernabeu.

Jaime Guerrero, biólogo, embriólogo y director de la Unidad de Ovodonación y Criobiología del Instituto Bernabeu. Cedida

Reportajes

El drama legal de los embriones congelados en España: "el limbo" de 100.000 potenciales vidas abandonadas y no reclamadas

El 12% permanece sin decisión, mientras el total podría escalar a 1,5 millones en diez años y tensionar recursos sanitarios públicos y privados.

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En una sala silenciosa, lejos del tránsito habitual de consultas y salas de espera, hay tanques metálicos que no llaman la atención a simple vista.

No tienen etiquetas dramáticas ni luces intermitentes. Son cilindros opacos, fríos, discretos. Dentro, sin embargo, se conserva algo extraordinario: miles de embriones humanos detenidos en el tiempo.

A -196 ºC.

Si uno pudiera asomarse —aunque no podría, porque todo ocurre bajo protocolos estrictos y microscopios— vería pequeñas estructuras invisibles al ojo humano, suspendidas en un estado que los especialistas llaman "vítreo".

Ni congeladas en el sentido doméstico del término, ni vivas en desarrollo. En pausa. En España, esos tanques almacenan más de 791.000 embriones criopreservados, según datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).

Y al menos 100.000 de ellos están en una especie de limbo: sin destino definido, sin una decisión activa por parte de quienes los crearon.

No están olvidados en el sentido clásico, pero tampoco tienen un futuro claro. Son, en términos técnicos, embriones abandonados.

La escena podría empezar con una pareja cualquiera —o una mujer sola, o dos mujeres— sentada frente a una ginecóloga. La consulta es luminosa, el lenguaje clínico pero cercano.

La doctora Herencia durante una consulta

La doctora Herencia durante una consulta Cedida

Hay nervios, hay expectativa, hay una mezcla de ansiedad y esperanza que suele acompañar a quienes llegan a la reproducción asistida.

El objetivo es concreto: tener un hijo.

"Lo que se suele hacer es fecundar varios óvulos a la vez y se obtienen varios embriones", explica Alicia Herencia, ginecóloga y especialista en medicina reproductiva, en diálogo con EL ESPAÑOL.

"Entonces, como no podemos transferir todos los embriones a la vez, siempre normalmente, si es un ciclo que va bien y que va normal, se congelan embriones".

Es una práctica habitual. Tanto, que se repite a escala casi industrial.

"Uf, depende mucho pero no lo sé, a lo mejor 10-15 pacientes todos los días", dice Herencia sobre la cantidad de consultas vinculadas a estos tratamientos en su clínica.

"Y somos en el equipo entre 8 o 7 ginecólogos trabajando, ya que es muy habitual".

El proceso, explicado con detalle por los especialistas, es una coreografía precisa entre biología y tecnología.

Jaime Guerrero, director del programa de ovodonación, explica el proceso paso a paso: "Un embrión se origina a partir de la fecundación del ovocito por un espermatozoide, es decir, de la unión del gameto femenino y el gameto masculino".

En primer lugar, la mujer se somete a una estimulación ovárica controlada con el objetivo de obtener varios ovocitos maduros.

Posteriormente, estos se recuperan mediante una punción folicular, una intervención breve que se realiza bajo control ecográfico.

De forma paralela, se obtiene y procesa la muestra seminal.

"En el laboratorio seleccionamos los espermatozoides con mejores características y, con ellos, procedemos a fecundar los ovocitos obtenidos", explica Guerrero.

No todos los ovocitos inseminados llegan a fecundar correctamente, aunque en condiciones adecuadas un porcentaje significativo lo consigue.

"De los ovocitos recuperados, una proporción relevante presentará una fecundación normal y pasará a considerarse embrión", señala.

A partir de ese momento comienza el desarrollo embrionario in vitro: tiene lugar en el laboratorio dentro de incubadores diseñados para reproducir de forma estable las condiciones fisiológicas del tracto reproductor femenino, como la temperatura, la humedad y la concentración de gases.

"Los ovocitos fecundados, ya convertidos en embriones, continúan su desarrollo durante los días siguientes", añade.

Habitualmente, alrededor del quinto o sexto día de cultivo, alcanzan el estadio de blastocisto, una fase clave para la evaluación embrionaria.

Decisiones

"En ese momento valoramos su evolución, su calidad morfológica y, según cada caso, decidimos si el embrión es apto para transferencia, criopreservación o, cuando está indicado, para realizar una biopsia embrionaria con fines diagnósticos", concluye Guerrero.

No todos los ovocitos fecundan correctamente, ni todos los embriones continúan su desarrollo hasta fases avanzadas.

Sin embargo, en muchos tratamientos se obtiene un número de embriones superior al que finalmente se transfiere en ese ciclo.

"Se trata de una estrategia clínica orientada a maximizar la probabilidad acumulada de embarazo, reduciendo al mismo tiempo la necesidad de repetir nuevos tratamientos de estimulación ovárica", explica Guerrero.

A partir de ese momento comienza una nueva etapa: la criopreservación.

"Los embriones se conservan a temperaturas extremadamente bajas, en torno a -196 ºC, gracias al uso de nitrógeno líquido", detalla Guerrero.

La técnica empleada de forma habitual es la vitrificación, un procedimiento de congelación ultrarrápida cuyo objetivo principal es evitar la formación de cristales de hielo en el interior de las células.

"La formación de cristales es uno de los principales factores asociados al daño celular durante los procesos de criopreservación", añade.

El resultado es una especie de suspensión perfecta: es un estado de conservación estable, en el que la actividad biológica queda prácticamente detenida.

"La técnica ha evolucionado de forma muy significativa y, actualmente, permite obtener tasas de supervivencia embrionaria tras la desvitrificación muy elevadas, próximas al 100% en muchos programas", señala.

Los embriones vitrificados se almacenan en tanques de nitrógeno líquido, cuya capacidad puede variar según el modelo y la organización del banco.

"Los tanques de mayor tamaño pueden albergar miles de embriones; en algunos casos, en torno a 15.000 o incluso 20.000", agrega el especialista.

Estos sistemas requieren reposición periódica de nitrógeno líquido y están sometidos a controles de seguridad y monitorización continua. Cualquier desviación relevante de temperatura podría comprometer la viabilidad de las muestras almacenadas.

Todo el sistema está diseñado precisamente para evitar variaciones y garantizar unas condiciones estables de conservación a largo plazo.

En teoría, cada uno de esos embriones debe tener un destino definido.

En España, la legislación contempla cuatro opciones para los embriones criopreservados: su utilización por la propia mujer o pareja, la donación con fines reproductivos a otras personas, la donación para investigación autorizada o el cese de su conservación cuando se cumplen los requisitos legales establecidos.

Pero la teoría no siempre coincide con la práctica.

"En muchas ocasiones, estos embriones quedan sin un destino expresamente confirmado o actualizado por sus progenitores", reconoce Guerrero.

El procedimiento administrativo intenta evitar esa situación.

La ley obliga, además, a renovar el consentimiento cada dos años, por lo que los centros deben contactar de forma periódica con los pacientes para que ratifiquen o modifiquen el destino de sus embriones criopreservados.

"Si tras dos intentos de contacto no recibimos respuesta, esos embriones pueden llegar a considerarse en situación de abandono", explica.

Y ahí aparece uno de los principales problemas prácticos, porque aunque la ley habilita a los centros a decidir en esos casos, la realidad es más compleja.

"Existe una incertidumbre importante: qué ocurriría si, años después, uno de esos pacientes reaparece reclamando sus embriones y el centro ya ha dispuesto de ellos conforme a la normativa", plantea Guerrero.

Ante esa inseguridad, la respuesta de muchas clínicas es conservadora: no hacer nada.

"Por lo general, ante esta incertidumbre, los centros optan por mantener los embriones almacenados", afirma.

"En la mayoría de los casos, no hacen uso de las posibilidades que legalmente podrían estar disponibles".

Así se acumulan.

¿Por qué alguien no decide sobre algo tan significativo?

Las respuestas no son técnicas, sino humanas.

"Yo creo que lo que suele ocurrir es que son embriones que los dueños… todavía no se han planteado qué hacer con ellos", dice Herencia.

Alicia Herencia,  ginecóloga y especialista en medicina reproductiva

Alicia Herencia, ginecóloga y especialista en medicina reproductiva Cedida

"Se quedan en un limbo, porque son parejas que a lo mejor en este mismo momento vital no se plantean transferirlos… pero tampoco se plantean los otros destinos".

El dilema es profundo. Donarlos implica que otra persona podría tener un hijo biológico propio. Destruirlos tiene una carga emocional evidente. La investigación, aunque posible, es limitada.

"Probablemente firman y listo", admite, sobre el momento inicial en que se aceptan las condiciones. "No creo que sean muy conscientes de primeras".

El paso del tiempo no necesariamente aclara la situación. A veces la complica.

"Muchas de estas parejas son parejas que ya han cumplido su deseo reproductivo y no quieren ampliar familia", señala Guerrero.

"En otros casos también ocurre que la pareja se separa… o hay discordancias entre la pareja sobre qué destino darle".

La indecisión, sostenida durante años, termina convirtiéndose en una categoría en sí misma.

El fenómeno crece al ritmo de la reproducción asistida. En los últimos años, los tratamientos se han multiplicado y las técnicas han mejorado.

La vitrificación —mucho más eficaz que la antigua congelación lenta— ha hecho que congelar embriones sea una opción casi estándar.

El tratamiento anterior tenía peores resultados en cuanto a tasas de supervivencia y potencial reproductivo.

"Se ha hecho más habitual en los últimos 10-15 años porque las técnicas de congelación de embriones han mejorado muchísimo", explica la especialista en medicina reproductiva.

Si la práctica mantiene el ritmo actual, el número de embriones criopreservados seguirá creciendo de forma sostenida en la próxima década.

Como se mencionó anteriormente, la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) estima que ya superan los 791.000 y que podrían alcanzar los 1,5 millones en diez años si la tendencia continúa.

En esa misma línea, y a partir de una estimación proporcional, determinados subgrupos —como los embriones sin respuesta de sus progenitores— podrían aumentar en una magnitud similar, hasta situarse en torno a los 189.633 en ese mismo periodo.

El impacto

Mantener esos embriones tiene un coste tangible. "Hay un consumo de nitrógeno… el nitrógeno también tiene un coste importante", señala Guerrero. "Cuantos más embriones se vayan almacenando, más tanques serán necesarios… más recursos humanos para poder gestionar esos bancos".

Herencia coincide en el diagnóstico a futuro: "Si esto sigue siendo la norma… quizá a la larga sí que pueda ser un problema de espacio y de recursos para las clínicas".

Por ahora, los embriones ocupan poco. Pero el sistema que los sostiene no.

También hay un límite menos visible: el de la investigación.

"Apenas hay estudios o investigaciones con embriones humanos", reconoce Guerrero. "La capacidad de dar salida a estos embriones por esa vía es limitada".

Herencia lo confirma: "En la práctica hay muy poquitos proyectos de investigación con embriones donados".

Incluso la donación a otras parejas tiene restricciones. "En España también es muy estricta la donación de embriones", señala la ginecóloga.

"A lo mejor hay parejas que estarían dispuestas a donar, pero no lo pueden hacer porque esos embriones no cumplen criterios".

Las salidas posibles existen, pero no siempre son accesibles. Mientras tanto, los embriones permanecen.

"Teóricamente, la viabilidad de los embriones no se ve alterada", dice Guerrero. "Pueden permanecer de forma permanente y ser viables una vez se descongelen".

Jaime Guerrero en el banco de criopreservación.

Jaime Guerrero en el banco de criopreservación. Cedida

El tiempo, en ese sentido, no corre. Pero todo lo demás sí.

Las clínicas crecen, los tratamientos se multiplican, las decisiones se postergan. Y en esos tanques, cada vez más llenos, se acumulan historias suspendidas.

En el fondo, el debate no es solo médico ni legal. Es también ético.

"Se intenta tener muy claro que un embrión es un potencial humano en un futuro", reflexiona Herencia. "Y se intenta… no generar muchísimos embriones".

Pero incluso esa intención choca con la lógica del tratamiento, que busca maximizar las probabilidades de éxito.

El resultado es una tensión constante entre eficiencia, deseo, responsabilidad y límite.

Algunos países como Estados Unidos han ensayado soluciones. Bancos centralizados de embriones, plazos máximos de conservación, criterios más flexibles para la donación.

En España, el debate ahora empieza a tomar forma. "Hay que dar alguna solución", admite Guerrero. "Esa podría ser una".

Por ahora, la tendencia es otra: conservar. Mantener. Esperar.

De vuelta en la sala de los tanques, nada parece cambiar. El nitrógeno se evapora lentamente y se repone. Los sensores registran cada variación y los protocolos se cumplen con precisión.

Dentro, miles de embriones siguen en pausa: no envejecen, no se desarrollan y no desaparecen.

Esperan. No se sabe exactamente a qué.