Quique junto a una imagen de la difunta Ainhoa.

Quique junto a una imagen de la difunta Ainhoa.

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El forense sentencia a Quique para ser juzgado por estrangular a su 'ex' Ainhoa en Librilla: "No presenta trastorno mental"

El informe del Instituto de Medicina Legal considera imputable a este joven, de 27 años: “Conoce perfectamente el alcance y la trascendencia de los hechos de los que se le acusa, asumiendo que puede ser sancionado por ello”.

Más información: La confesión de Quique tras matar brutalmente a su novia Ainhoa de 19 años en Librilla: "La cogí del cuello y apreté..."

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Quique estaba perfectamente cuerdo cuando estranguló hasta la muerte a la chica que había sido su novia y con la que había convivido dos años: Ainhoa. De forma que todo apunta a que tendrá que enfrentarse a un jurado popular cuando sea juzgado por este crimen machista.

EL ESPAÑOL ha accedido al informe pericial de imputabilidad que ha realizado un médico forense del Instituto de Medicina Legal de Murcia y tira por tierra cualquier posibilidad de que Quique, de 27 años, se ampare en viejos traumas paternos, para eludir la responsabilidad penal de lo que hizo: matar a su exnovia, de 19 años.

Manuel Enrique García Tolinos no presenta ningún trastorno mental que le afecte a las bases psicobiológicas de la imputabilidad desde un punto de vista medicolegal, manteniendo integridad absoluta del juicio de la realidad y resultando por ello responsable de los hechos que se deriven de su conducta en el presente procedimiento”.

Así de contundente es la conclusión que recoge el informe sobre el ataque mortal que Quique perpetró sobre Ainhoa, en el piso que ambos compartieron en Librilla, el sábado 25 de octubre de 2025, cuando la estranguló cuatro días después de que ella rompiera el noviazgo.

El portal del número 2 de la calle Totana en Librilla se encontró el cadáver de Ainhoa, el pasado domingo 26 de octubre.

El portal del número 2 de la calle Totana en Librilla se encontró el cadáver de Ainhoa, el pasado domingo 26 de octubre. Marcial Guillén / EFE

“Se trata de un varón de 27 años, que no presenta ninguna enfermedad o trastorno mental que le afecte a sus esferas intelectivas, volitivas, ni al juicio de la realidad”, según sostiene el perito en su informe, fechado el 16 de abril, y que ya obra en poder de la Plaza número 3 del Tribunal de Instrucción de Totana.

Hace perfecta crítica de su conducta y conoce la trascendencia de cualquier conducta derivada, siendo responsable de cualquier hecho derivado de la misma. No es consumidor de drogas de abuso. Conoce perfectamente de lo que se le acusa, manteniendo una respuesta ante los hechos en absoluto patológica”.

El veredicto del informe de imputabilidad del Instituto de Medicina Legal va en línea con la acusación particular que ejerce la familia de la difunta Ainhoa, a través del afamado penalista Raúl Pardo Geijo, para solicitar una condena de cárcel lo más larga posible.

"El investigado conoció y quiso realizar los actos que ejecutó, por mucho que posteriormente ingiriese una cantidad indeterminada de comprimidos de benzodiacepinas que no le ocasionaron perjuicio significativo alguno en su estado de salud", tal y como siempre ha sostenido Pardo-Geijo. "Se trata de un crimen de extrema gravedad".

El conocido abogado Raúl Pardo-Geijo, en los juzgados de Totana que instruyen la causa por el crimen machista de Ainhoa.

El conocido abogado Raúl Pardo-Geijo, en los juzgados de Totana que instruyen la causa por el crimen machista de Ainhoa. Badía

La evaluación del perito resultaba crucial porque Quique tuvo a un maltratador como figura paterna; arrastra algún intento de suicidio; en su historial clínico aparecen consultas en salud mental y fue detenido en el Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia porque se atiborró de pastillas, intentando quitarse la vida, tras haber estrangulado a su exnovia.

De hecho, Quique le confesó lo que había hecho a una de sus hermanas, cuando fueron a visitarle pensando que había protagonizado otro de sus episodios de ideación suicida. Pero el médico del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Murcia es tajante en su valoración:

“Tiene antecedentes de asistencia y tratamiento en centro de salud mental por trastornos adaptativos que apenas han precisado medicación sintomática y que en ningún caso se puede extrapolar que pueda alterar en ningún grado el juicio de la realidad”, según insiste el médico que ha evaluado a nivel psicológico y psiquiátrico a Quique, ingresado en prisión desde octubre del pasado año.

“Estado de ánimo dentro de límites no patológicos, pero acorde con la situación que está viviendo (tristeza, preocupación, sentimiento de que ha hecho las cosas mal y de que ya no tiene arreglo…). Conoce y analiza perfectamente la carga moral de los hechos que se puedan derivar de su conducta. No presenta ninguna enfermedad mental que pueda afectarle por su carga patológica al control de los impulsos”.

Tales consideraciones contrastan con el informe psiquiátrico que encargó Fernando Murcia, abogado defensor de Manuel Enrique, conocido como ‘Quique’, y que sitúa a este veinteañero fuera del perfil clásico de maltratador, ubicándolo en el perfil de los que cometen un homicidio bajo la influencia de un trastorno mental.

Una foto panorámica de Librilla donde se produjo el crimen machista.

Una foto panorámica de Librilla donde se produjo el crimen machista.

La magistrada de Totana tendrá la última palabra para decidir si sienta en el banquillo de los acusados a Quique.

De momento, el informe del Instituto de Medicina Legal es claro: “Conoce perfectamente el alcance y la trascendencia de los hechos de los que se le acusa, asumiendo que puede ser sancionado”. “Hace hincapié en el arrepentimiento de los hechos, de los que se manifiesta responsable a lo largo de todas las entrevistas”.

Este crimen machista causó una honda conmoción en Librilla, un pueblecito murciano que no llega a los 6.000 vecinos, debido a que Quique era conocido por su labor en la hostelería, justo el sector en el que conoció a Ainhoa cuando trabajaba de cocinero en el Bar La Bodega. Por aquel entonces, él tenía 23 años, y ella solo era una menor de edad, de 15 años, currando de camarera.

Más pronto que tarde se fueron a vivir juntos al piso que Quique tenía alquilado en la calle Totana donde estranguló con sus propias manos a Ainhoa porque ella decidió romper una relación sentimental aparentemente tóxica. Durante su entrevista con el forense, el autor del estrangulamiento llega a afirmar esto sobre sus antiguos suegros: "Eran como mis padres". Pero lo que hizo no se le hace a la familia.