Javier Rupérez fue embajador de España en Washington entre los años 2000 y 2004.

Javier Rupérez fue embajador de España en Washington entre los años 2000 y 2004.

Reportajes

Javier Rupérez, exembajador en EEUU: "Hay muchas cosas que recuerdan al socialismo de antes, al 'OTAN no, bases fuera'"

El diplomático cree que Sánchez no está siendo "cauto" y que tras su choque con Trump hay "una estrategia calculada para producir un efecto doméstico".

Más información: Militares y diplomáticos aliados advierten de que Trump "no se queda quieto" y que la actitud de Sánchez "tendrá consecuencias".

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Donald Trump ha vuelto a poner en alerta a sus socios de la OTAN tras sus últimas declaraciones al Daily Telegraph, donde ha asegurado que está "más que considerando" retirar a Estados Unidos de una Alianza Atlántica a la que tacha de mero "tigre de papel".

Para Javier Rupérez (Madrid, 1941), exembajador de José María Aznar en Washington y exsecretario de Asuntos Internacionales con Adolfo Suárez, se trata de unas declaraciones "muy serias que, pase lo que pase, se vaya o no, hay que tener en cuenta".

"Ver al presidente de Estados Unidos poniendo en duda la pertenencia de su país a la OTAN, con independencia de que lo ponga en práctica, es muy preocupante".

El ex embajador de España en EEUU, Javier Rupérez.

El ex embajador de España en EEUU, Javier Rupérez.

La pregunta es pertinente. Si Estados Unidos se marchara, ¿qué quedaría de la OTAN?

"Si se va, la OTAN debería subsistir como una alianza fundamentalmente europea, con la presencia de un importante socio norteamericano como Canadá. Pero no creo que eso ocurra".

El detonante inmediato de la nueva reacción airada del mandatario estadounidense ha sido la negativa de algunos de sus socios europeos a respaldar su guerra con Irán. Una batalla en esencia capitaneada por un sobreactuado Pedro Sánchez cuya confrontación directa con el trumpismo puede acabar deteriorando las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Porque Madrid no sólo ha negado a Washington el uso de las bases militares de Rota y de Morón para la Operación Furia Épica contra el régimen de los aytolás. El pasado 30 de marzo, el Gobierno fue un paso más allá y cerró también el espacio aéreo español a cualquier aeronave implicada en el conflicto.

La decisión provocó la respuesta inminente del secretario de Estado, Marco Rubio, quien calificó la postura española de "inaceptable". En los mismos términos se refirió al conflicto Mario Díaz-Balart, halcón de Rubio, en conversación con EL ESPAÑOL.

"Este individuo está poniendo en peligro la alianza entre Estados Unidos y España", dijo en referencia a Pedro Sánchez. "Es un presidente que actúa en formas agresivas y no me sorprendería si la Administración de EEUU buscara opciones alternativas distintas a las que, desde hace décadas, hemos tenido con España".

Se refería, con sutileza, a las bases de Rota y de Morón.

Para Rupérez, España ha cometido una consecución de errores de forma: "En su negativa a apoyar la guerra de Irán, no hay grandes diferencias entre este Gobierno y otros de la Unión Europea. Es verdad. Lo que sucede es que el resto de socios han procurado manifestar su posición de manera cauta y diplomática y España ha hecho de este tema una suerte de predilección".

Detrás de este movimiento hay, para el exembajador, una clara intencionalidad política. "La publicidad que se ha hecho sobre lo de Rota y Morón está perfectamente calculada para producir un efecto local, doméstico, olvidándose de las consecuencias que puede tener".

PREGUNTA.– ¿Por qué cree que hay que ser especialmente cuidadosos con Estados Unidos?

R.– Porque las relaciones bilaterales con Estados Unidos han sido siempre muy importantes desde el punto de vista económico, social y defensivo. Hay que tenerlo en cuenta no sólo para el presente y para el futuro. No soy profeta, no sé qué pasará, pero EE UU sigue siendo una pieza que ha sido esencial de la construcción de las relaciones internacionales.

P.– ¿Ha ido demasiado lejos España en su forma de decir 'no' a la guerra de Irán? Por ejemplo, con las bases de Rota y de Morón o el cierre del espacio aéreo.

R.– A mí me parece normal que, en la aplicación de una norma bilateral de tipo defensivo, haya planteamientos divergentes. Sin embargo, yo hubiera preferido que ese planteamiento hubiese tenido una presentación, no digo más moderada, sino cauta, lo cual, naturalmente, no impide señalar que no estamos dispuestos a permitir ciertas actividades que no están previstas en el tratado. No somos los únicos que hemos planteado dudas sobre el comportamiento de Estados Unidos, pero sí hemos puesto mucha atención en subrayar las divergencias. El trumpismo no me produce emoción; es enormemente negativo para la comunidad internacional y para los norteamericanos, pero debemos tener un enorme cuidado con el futuro de nuestras relaciones.

El exembajador Javier Rupérez.

El exembajador Javier Rupérez.

P.– Se señala a España pero varios países europeos han seguido la línea de Sánchez a la hora de limitar movimientos militares estadounidenses. ¿Cree que Madrid está marcando una tendencia dentro de la UE o sólo actuando por cálculo interno meramente político?

R.– Bueno, todo empezó con el 'No a la guerra'. Todos estamos de acuerdo con el rechazo a la guerra, pero no hacía falta convertirlo en una línea fundamental de conducta. La publicidad sobre Rota y Morón… no diré que sea torpe, porque está perfectamente calculada para producir ese efecto; lo que se busca es un efecto local, doméstico, olvidándose de las consecuencias que todo ello puede tener.

P.– Se lo pregunto porque Marco Rubio y Díaz-Balart señalan a España directamente. ¿Percibe que haya una especial inquina contra Pedro Sánchez?

R.– El Gobierno debería calcular cuál es el futuro que nos espera si ciertas afirmaciones tienen consecuencias. Cierto tipo de afirmaciones deben hacerse con cuidado porque no se olvidan fácilmente, sea quien sea el interlocutor.

P.– Consecuencias que podrían traducirse en el deterioro de las relaciones bilaterales...

R.– Hay que pensar en el futuro inmediato, no en el remoto. En las relaciones personales e internacionales, las afirmaciones tienen siempre un margen de vigencia y de recuerdo. Desde ese punto de vista, sea quien sea quien esté en la presidencia del Gobierno americano, siempre recordará las cosas que han pasado. Ya ocurrió con Zapatero: él fue el primer ministro español que, en sus primeros cuatro años, no visitó la Casa Blanca. Allí se acordaban de las decisiones que había tomado y de las cosas que había dicho.

P.– ¿Qué papel juegan las bases en esa relación?

R.– Las bases son importantes para los Estados Unidos y para España, para que no desaparezcan de nuestro territorio, no ya únicamente por lo que suponen desde el punto de vista territorial, del empleo que dan a muchas personas que trabajan y viven allí, sino por nuestras vecindades del sur, que siguen teniendo una excelente relación con Estados Unidos y que, claro, no se han pronunciado de manera negativa al respecto [Irán].

P.– ¿Se trata de una medida simbólica o una verdadera muestra de distanciamiento político? ¿Qué implicaciones puede tener?

R.– Desconozco el alcance técnico, pero su publicidad contiene una clara voluntad política sin ningún tipo de duda. A mí lo que me preocupa es que este socialismo vuelva al socialismo de antes, al que decía 'OTAN no, bases fuera'. Hay una parte, no sé si del socialismo, pero sí de la izquierda, que lo reclama, y hay cosas que me recuerdan a esos años. Sería muy grave, porque condicionaría todo lo que ha supuesto desde el punto de vista de la Transición española a la democracia, la recuperación del sitio en el mundo internacional que habíamos perdido durante 40 años. Hay que ser cauto, realista y tener en cuenta los intereses de ambas partes. No podemos repetir la torpeza infinita de 2004, y no me gustaría que estuviéramos en la misma dimensión y por las mismas motivaciones.

P.– ¿Puede salir fortalecida Marruecos ante la 'desconfianza' que genera Madrid en Washington y, en un futuro, poder contar más con los marroquíes que con los españoles?

R.– Marruecos y Estados Unidos tienen una relación muy próxima, incluso vínculos históricos. Los estadounidenses fueron de los primeros en reconocer al Reino de Marruecos hace unas cuantas décadas, y esas relaciones se han mantenido permanentemente a lo largo de los años. Lo vimos muy claro en el tema de Perejil, cuando precisamente hubo una intervención marroquí que intentó condicionar la presencia española en Ceuta y Melilla [EE UU hizo de mediador]. Como entonces teníamos excelentes relaciones con Washington, y la reacción española fue muy contundente, encontró apoyo por parte de los Estados Unidos. Pese a todo, es público y notorio que es un aliado claro y próximo de Estados Unidos.

P.– ¿Hoy sería igual?

R.– Es algo que me pregunto. Si encontraríamos la misma respuesta si se produjese algo parecido. Lo que digo es que hay que tener cuidado porque ahí están Ceuta y Melilla, las Canarias, el mar territorial canario, y es evidente que las relaciones con Marruecos no son todo lo amistosas que deberían ser con nosotros. Existe la permanente duda de cuál es su postura sobre la integridad territorial española.

P.– ¿Habría respondido igual Sánchez ante la crisis de Irán si la ayuda hubiese sido solicitada por Biden u Obama?

R.– Creo que ni Biden ni Obama habrían hecho algo así. Lo que sí está claro es que el Gobierno está empeñado en buscar la comparativa crítica con Irak y cargar contra Aznar o Bush. Tampoco España estaba de acuerdo con lo que pasaba en Irak, pero había que tener en cuenta lo que ocurrió con las Torres Gemelas, el gran comienzo del terrorismo islámico. Ello provocó una reacción por parte de Estados Unidos, en principio justificada, que luego se prolongó en Irak. Una de las cosas que ha dicho Sánchez en uno de sus últimos discursos, fundamentalmente dirigido a José María Aznar, es que España estuvo en la guerra de Irak. Pero no hubo invasión; sí participación española con presencia de tropas en Irak cuando el mando estaba en manos Naciones Unidas. Precisamente aquella Administración Bush recibió eso de manera enormemente molesta y criticó la retirada de tropas. Yo lo viví como embajador en Washington. Eso es lo que enfrió las relaciones de manera brutal.

Javier Rupérez, exembajador de España en Estados Unidos.

Javier Rupérez, exembajador de España en Estados Unidos. Europa Press

P.– ¿En qué lugar que, en definitiva, España ante esta crisis?

R.– Mi visión del lugar de España en el mundo fue precisamente el tema de mi discurso de entrada en la Academia de Ciencias Morales y Políticas: la necesidad de la presencia española y de la alianza con todos aquellos países que practican y creen en la democracia, en los derechos humanos y en el respeto al derecho internacional, desde la perspectiva de la Unión Europea y de la OTAN. Esto no quiere decir que no tengamos intereses propios, pero el gran avance que se ha producido en la política internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial es la creación de esos vínculos, decisivos para el mantenimiento de la paz; ese es el lugar de España en el mundo, y ese es el marco ideal para evitar el conflicto. Hay que tener relaciones con China, con India, pero no veo a España convertida en un aliado de los chinos, de los indios o de los argelinos; tampoco de los marroquíes. Eso hay que tenerlo en cuenta para saber dónde queremos estar y qué queremos obtener. Esa política exterior europea y occidental es básica, y debemos procurar mantenerla con todos aquellos que han sido y siguen siendo nuestros aliados.