Brian Lavio, presidente del Centro de Valores; Eduardo Imán, director de seguridad; Cristian Cruz, director de experiencia del cliente; José María Garcia, administrador & Chief Legal Officer.

Brian Lavio, presidente del Centro de Valores; Eduardo Imán, director de seguridad; Cristian Cruz, director de experiencia del cliente; José María Garcia, administrador & Chief Legal Officer. E.E.

Reportajes

Los guardianes del búnker más seguro de España: 170.000 kg de blindaje, clientes filtrados por Interpol y políticos "vetados"

Más de 3.000 cajas fuertes, colecciones de arte o vino bajo un sistema de máxima seguridad infalible en el nuevo "Centro de Valores".

Más información: David Sacristán, el guardián del búnker de Madrid con 1.650 cajas fuertes: "Nuestro sistema lee incluso las venas"

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La entrada al Centro de Valores abre la puerta a un mundo que parece sacado de una película de grandes atracos como La Cámara Acorazada o la famosa serie de La Casa de Papel.

Este búnker de 1.400 metros en pleno barrio de Tetuán en Madrid ha pasado de ser una antigua fábrica de vino y, después de quesos, a convertirse en un espacio de máxima seguridad. Hay tres de este estilo en la capital, pero ninguno con estas características.

Su sistema de seguridad hace que los bienes del interior y, especialmente, los de la cámara acorazada estén completamente blindados con una tecnología puntera y un sistema vanguardista.

Brian Lavio, el presidente de este centro, y su equipo de seguridad se han encargado de que cada espacio esté perfectamente pensado para que no pueda producirse ningún fallo en la seguridad.

Es decir, que sea "imposible" entrar y robar cualquier tipo de bien que alguna persona haya depositado en él: "El cliente está incluido en todo momento en la ecuación, hay biometría con pulso, lector facial", cuenta Lavio.

Brian Lavio, presidente del Centro de Valores; junto con su director de seguridad, Eduardo Iman y el resto del equipo.

Brian Lavio, presidente del Centro de Valores; junto con su director de seguridad, Eduardo Iman y el resto del equipo. E.E.

Pero, es que, además cuentan con sistemas de seguridad triples en todo momento para hacerlo todavía más complicado. Por eso, se puede decir que es un espacio perfectamente blindado.

Nada más entrar hay un sistema de seguridad con un guarda que está protegido por un vidrio antibalas. Ahí, primero requieren una identificación del individuo para después proceder a abrir la primera puerta -de muchas- que da acceso al primer espacio.

Todo está perfectamente controlado por lectores faciales, dactilares, biometrías y cámaras de seguridad conectadas en todo momento que cuentan "con un visor 360º capaz de reconstruir todo el espacio".

A partir de ahí, la forma de proceder varía dependiendo del bien que guarde el cliente en cuestión. Por ejemplo, para un coleccionista de vinos puede acceder de forma individual.

Pero, si se trata de un acceso a la cámara acorazada ahí hay que ir acompañado. En el caso de las obras de arte, directamente "el cliente no suele acceder", cuenta Lavio.

Y, es que, después del Covid-19 detectaron que "cada vez más familias, coleccionistas o inversores se dieron cuenta de que conservar un bien era muy importante", cuenta Lavio.

Una aventura que inició este suizo cuando detectó que "el mercado de España no ofrecía este tipo de servicio a los clientes y que otros países de Europa sí que lo hacían".

Capacidad para 180.000 botellas

Una de las particularidades de este pequeño búnker es su posibilidad de almacenar y asegurar hasta 180.000 botellas de vino.

Cualquier enófilo sabe que "una añada de vino es diferente a otra, varía la textura, el sabor, el clima", y eso hace que cada botella sea especial.

Por eso, hay grandes aficionados, dueños de restaurantes o negocios que quieren hacer un gran acopio de "botellas de las que se han enamorado", pero muchas veces dónde guardarlas es un problema.

Botellero dentro del espacio para depositar y conservar vino.

Botellero dentro del espacio para depositar y conservar vino. Iranzu G. Vergara

Por ejemplo, "las primas para asegurar vino son muy elevadas", cuenta Lavio. En el caso de los restaurantes almacenarlas "les quitaría un espacio de entre cuatro o cinco mesas".

Lo que ofrecen es un espacio a un precio relativamente bajo para grandes volúmenes de botellas. "Lo que costaría conservar 2.000 botellas en otro lugar, aquí podrían conservar 120.000", asegura Brian.

Además, el vino se conserva a una temperatura óptima. En el momento en que nos encontramos dentro de esta cámara, la temperatura es de 14,7º y un 67% de humedad.

Pero, quizá lo que más atractivo sea es que los clientes pueden gestionar su inventario desde la propia web donde "siempre tienen acceso a sus bienes y pueden disponer de ellos".

Primer depósito aduanero

Una de las principales carencias que Brian Lavio junto con su socio, Tudic, han detectado en el mercado español es esta, la de tener depósitos aduaneros accesibles.

¿Qué significa todo esto? Hay grandes aficionados al mundo de la etnología, del vino en España y muchos de ellos son extranjeros y quieren comprar grandes lotes de botellas sin tener que exportarlas a su país.

Este lugar ofrece la posibilidad de funcionar como ese "depósito aduanero donde albergar en suelo español mercancía para exportar o importar". Esto es algo que "nunca se había hecho en España", cuenta Lavio.

Pero, algo parecido ocurre con los cuadros de arte. Muchas veces se subasta en una localidad, pero el cliente es de otra, relata Lavio, por lo que "los cuadros viajan en depósitos de aduanas y tienen mucha protección por parte de los estados".

Muestra del depósito de arte dentro de la cámara.

Muestra del depósito de arte dentro de la cámara. E.E.

Por eso, este depósito puede facilitar a los dueños "realizar todo el proceso de importación o exportación".

Hay que tener en cuenta que los coleccionistas muchas veces adquieren cuadros y obras de arte que no quieren llevarlas a su propio país "por los impuestos y las tasas que allí tienen que pagar y prefieren guardarlas en un depósito en el lugar de origen porque es más barato".

Blindaje de película

La cámara acorazada de 170.000 kilos cuenta con un blindaje de película al más puro estilo Berlín, la precuela de La Casa de Papel donde perpetran un atraco de alto nivel en París para robar joyas en una cámara acorazada.

Se trata de un búnker protegido al milímetro que casi produce claustrofobia, como si de una caja de cerillas sumergida entre muros de hormigón se tratase.

Esta cámara cuenta con una separación de muros, de tal forma "que ninguna pared de la cámara pegue con un muro del vecino", cuenta Lavio.

Así se crea un perímetro que impide "que si alguien interviene en el núcleo perimetral, no pueda actuar sobre el segundo muro de hormigón".

Blindaje de la cámara acorazada con los muros de hormigón separados.

Blindaje de la cámara acorazada con los muros de hormigón separados. Iranzu G. Vergara

Se trata de bloques de resina de hormigón que son capaces de resistir a explosivos, radiales o lanchas térmicas.

Es decir, que para acceder al primer muro exento se tardaría en atravesarlo 1h, pero si se quiere acceder a la cámara acorazada, se necesitarían 16h.

El sistema está pensado para que sea imposible entrar. Hay una combinación de sistemas de seguridad con señales visibles e invisibles que así lo blindan.

Cada muro tiene "un aparato que calcula la vibración, con tan solo tocarlo, se altera y saltan las alarmas". Pero, además, en cuanto que se detecta alguna señal, se activa la niebla que "rellena todo el espacio de un humo denso que hace que no se vea, ni funcionen visores nocturnos".

Todo esto combinado con sensores volumétricos, sísmicos, de fuego cruzado, ópticos, de análisis de aire y calor, y las cámaras de pez.

Además, para acceder siempre tienen que entrar dos personas y el guarda de seguridad que está arriba en la entrada tiene que dar acceso.

Por otro lado, combinan tres empresas de seguridad que tienen que estar coordinadas, para que así sea imposible coordinarse o hackear una de ellas para realizar un robo.

Clientes variopintos

La prioridad en este tipo de negocio es la máxima fiabilidad para los clientes que depositan sus bienes de alto valor y que confían en el servicio y en la seguridad.

Brian Lavio tiene claro que lo primero es "hacer una investigación del cliente". Cuando alguien solicita su servicio lo rastrean en "la lista de blanqueo de capitales, Interpol, lista de terrorismo, o en artículos de más de 200 medios de todo el mundo", relata.

Si hay algo que Lavio sentencia es que "no alquilaríamos una caja a un político, porque aceptarle pondría en riesgo a todos los que ya están".

Una afirmación que parece chocante al principio. Pero, el ejemplo es visual: "Si Maduro tuviese una caja aquí comprometería al resto", por eso para Lavio la norma es clara.

Por lo demás, el tipo de perfil de cliente es variado, no puede definirse. Este Centro de Valores cuenta con más de 3.000 cajas en la cámara acorazada.

Ahí depositan bienes todo tipo de clientes, desde empresarios o familias que quieren guardar las escrituras o joyas, hasta gente que está de paso en Madrid.

Pasillos dentro de la cámara acorazada con diferentes cajas.

Pasillos dentro de la cámara acorazada con diferentes cajas. E.E.

"Si una persona compra un bolso en Hermés, la tienda no lo guarda y dejarlo en el Hotel es un compromiso para su seguridad", por eso, suelen ir a este tipo de centros y dejarlos durante la estancia en Madrid.

También llama la atención que se depositen ledger de criptomonedas o aparatos de memoria como discos duros.

Eso sí, "se necesitan dos llaves para abrir, la del cliente y la de un miembro de seguridad del Centro de Valores", cuenta Lavio.

Así, poco a poco, con un fuerte sistema de seguridad y más de ocho años trabajando en este proyecto, Madrid cuenta con uno de los Centros de Valores pioneros en España y a la vanguardia en Europa.