Sibora se mudó junto a Marco en 2011, cuando ella tenía 18 años.

Sibora se mudó junto a Marco en 2011, cuando ella tenía 18 años. E. E.

Reportajes

Marco Gaio, el pizzero que mató a sus 2 novias en Málaga: a una la escondió en una caja con cal durante 9 años y la emparedó

Marco Gaio llegó a Torremolinos en 2011, con su pareja Sibora, que fue reportada como desaparecida en 2014. Después, en 2023, asesinó a su novia Paula.

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Los gritos de una mujer seguidos de un silencio prolongado en el piso de un vecino alertaron a Antonio. Entonces, él bajó hasta la puerta de Marco Gaio Romeo (Italia, 1978) y tocó insistentemente.

—Déjame ver a Paula— decía Antonio. 

Al otro lado de la puerta nadie respondía. Así que él insistía: 

Quiero saber si está bien Paula. Déjame ver que está bien—.

Tras la insistencia de Antonio, al otro lado de la puerta la voz de Marco finalmente sonó

—Todo está bien, hermano. Es una simple pelea de pareja—.

Unos minutos más tarde, después del silencio, la puerta del pizzero Marco se abrió. Él abandonó el piso. Se dirigió a un bar de su barrio en Torremolinos (Málaga) y se sentó a tomar unas cervezas.

Mientras tanto, Antonio volvió a la casa para revisar y se encontró con la escena: Paula, que tenía 28 años, estaba tirada en el suelo rodeada de un charco de sangre. Marco la apuñaló hasta matarla en la tarde del 17 de mayo de 2023. 

Antonio alertó a la Policía, que acudió al lugar y empezó a verificar la escena. Después, otro vecino avisó de que Marco se encontraba en un bar cercano. Y allí lo capturaron. 

"Él creía que no había pasado nada. Estaba tranquilo tomándose unas cervezas", recuerda Antonio. 

Paula

Tras su detención, la Policía tuvo una sospecha. Otra mujer, que había sido su pareja y la identificaron como Sibora Gagani, de 18 años, la reportaron como desaparecida el 7 de julio de 2014.

La conexión era simple. La última persona que la vio con vida fue Marco. También fueron pareja.

Vivieron en Italia durante más de un año y se mudaron a Torremolinos en 2011, cuando ella tenía 18 años. Pero pasado un tiempo, ella le dijo a su familia que sufría malos tratos y agresiones verbales. 

Marco, el presunto asesino, junto a una de las víctimas.

Marco, el presunto asesino, junto a una de las víctimas. Cedida

Hasta que de un día para otro, Gagani -de origen albanés- no contestó más mensajes. Como si se hubiese esfumado. Era algo anormal que no hubiese contacto a su familia. Ella solía contar todos sus movimientos, pensamientos y decisiones.

Por lo que desde un principio sabían que, posiblemente, Marco tenía algo que ver con su desaparición. Decidieron confrontarlo. Pero cuando lo hicieron, su respuesta fue sencilla:

—No sé nada de ella. Un día me dijo que regresaba a Italia y que no podía hacer nada para impedirlo—.

Esa respuesta les pareció extraña. Entonces, unos días después reportaron que desde el móvil de Sibora les había llegado un mensaje a WhatsApp, repitiendo la misma información. Y también añadía que no la intentaran contactar

Cuando la Policía revisó ese historial, establecieron una táctica. Lo llevaron a una comisaría y en uno de los tablones pusieron la foto de Sibora. 

El interrogatorio fue para hablar de Paula, con quien tuvo un hijo. Allí, él confesó que el día del asesinato tuvieron una discusión por celos. Ante la situación, ella le pidió que se marchara de casa. 

En ese momento, Paula le habría lanzado una bolsa en la que había un cuchillo. El arma habría caído al suelo y Marco, supuestamente, intentó quitárselo. 

Pero hubo un forcejeo, en el que él la apuñaló dos veces. Esa es su versión. Sin embargo, la realidad es diferente: Paula, según la autopsia, tenía una docena de puñaladas. 

Una de las víctimas de Marco junto a su madre.

Una de las víctimas de Marco junto a su madre. Cedida

Los policías sabían que él mentía. Por ello, de forma intencionada, dejaron que él mirara la foto de Sibora en el tablón. Y lo inevitable dejó de postergarse.

Sibora 

El asesinato de Paula conllevó que varias verdades se conocieran. La primera: Marco no es solo alguien con una adicción al alcohol y drogas. Con ello se destapó los maltratos que sufrieron varias mujeres de su parte.

El italiano no solo mostraba una cara diferente cuando estaba bajo los efectos de alucinógenos o del alcohol. Él no necesitaba de eso para maltratar a su pareja. También, cuando estaba sobrio, lo hacía.  

Indagaron que en Italia lo diagnosticaron con esquizofrenia y sociopatía. Incluso estuvo ingresado en un hospital psiquiátrico por alucinaciones y un episodio maníaco en 1996. 

Además de eso, confirmaron que el implicado estaba ingresado en el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (VioGén) por una de sus relaciones anteriores. Incluso le pusieron una medida cautelar.

Los investigadores también descubrieron que Marco tenía varias facetas. Algunos de sus vecinos mencionan que siempre lo veían sonriente y que nunca daba problemas. 

Otros tantos comentan que fue problemático. Tanto es así que tuvo muchos inconvenientes trabajando como cocinero y pizzero. Pasó por varios restaurantes, uno de ellos el bar América, en el que duró un mes y medio por sus altercados. 

El investigado, además, confesó que consumía cocaína con frecuencia. También mezclaba anabolizantes, esteroides y testosterona. 

Y la última verdad salió: Sibora no estaba desaparecida. Después de ver su fotografía, Marco se quebró. Confesó que la asesinó. Ella tenía 22 años. No explicó el por qué. 

Lo único que mencionó es que, tras matarla, se mudó de piso y en el que llegó construyó una doble pared. Allí, en una caja llena de cal, la emparedó. 

El espacio donde Marco emparedó a Sibora.

El espacio donde Marco emparedó a Sibora. Policía

Giro

Pero hay un giro que no se esperaba. Ante una jueza, Marco dijo que no había asesinado a Sibora. Después envió una carta remitida al Juzgado de Instrucción número 3 de Torremolinos explicando que lo único que hizo fue ocultar el cadáver.

Según su versión, los verdaderos responsables serían de la mafia albanesa dado que ella habría pedido un préstamo de 25.000 euros, pero que ese dinero se lo robaron unos colombianos en una fiesta.

Eso se contradice. La víctima le confesó a su madre, Elisabetta, que estaba a punto de terminar su relación y que muestra de ello era que se había mudado sola a un ático. Esa fue la última vez que supo de ella.

La familia de Sibora siempre la estuvo buscando. Pero Marco se mostró sin sentimientos ante las preguntas y el dolor.

Vivió cada día sabiendo que, en las entrañas de su casa, los restos de Sibora se iban descomponiendo y que sus seres queridos esperaban un mensaje de ella que nunca llegaría. 

Unos años más tarde, conoció a Paula y ella se mudó a vivir con Marco. Durante ese tiempo, él nunca se quebró. Tampoco dio señales de que había asesinado a Sibora. 

Después de la confesión de Marco, la Policía tuvo que regresar al piso en el que vivía, ubicado en la zona de la Carihuela.

Allí ya había una nueva pareja viviendo. Les explicaron la situación y con el uso de rayos X, los investigadores encontraron los restos de Sibora. 

Los restos de la mujer estaban en condiciones de saponificación y también había una bolsa de plástico con un cuchillo manchado de sangre seca.

Además, sobre la caja, Marco había puesto unas flores, que estaban marchitas por el paso del tiempo.

"Nunca quise hacer daño. Estoy totalmente arrepentido", dijo en su momento Marco. Ambas familias tuvieron un cierre. No fue el deseado.

Tampoco entenderán nunca el por qué. Mientras tanto, la verdad aún reposa en Marco. 

Pero la realidad es simple: hay dos mujeres que se convirtieron en recuerdos perpetuos, que una pared no puede ocultar.