María Gallego, número 1 del EIR con 22 años y a la primera: Las enfermeras que cuidaron de mi padre inspiraron mi vocación

María Gallego, número 1 del EIR con 22 años y a la primera: "Las enfermeras que cuidaron de mi padre inspiraron mi vocación" Cedida

Reportajes

María Gallego, número 1 del EIR con 22 años y a la primera: "Las enfermeras que cuidaron de mi padre inspiraron mi vocación"

La madrileña, formada en la Universidad Autónoma de Madrid, logró la mejor nota. Aspira a especializarse en Pediatría tras su paso por las prácticas.

Más información: La cruda realidad de Marina Garrido, la número 1 de enfermería: "Gano 1.200 euros al mes y estamos mal cuidados"

Publicada

Cuando el Ministerio de Sanidad publicó las notas provisionales del examen de Enfermero Interno Residente (EIR) 2026, había pasado más de un mes desde que miles de aspirantes se enfrentaron a la que probablemente era la prueba más importante de su vida: el examen que decide el orden con el que pueden acceder a una plaza de formación sanitaria especializada.

La tarde del 27 de febrero, horas antes de que se hicieran públicas las calificaciones, María Gallego no estaba pendiente del ordenador ni actualizando compulsivamente la página web del Ministerio. Estaba de compras con su amiga Lucía. Había decidido no quedarse en casa esperando un resultado que, además, nadie sabía exactamente cuándo iba a llegar.

María Gallego, número uno EIR 2026, con su TFG.

María Gallego, número uno EIR 2026, con su TFG. Cedida

"Ver que pasaba el tiempo y las notas no salían era frustrante. No sabías si había algún error o si era normal. No teníamos información", recuerda. "Por eso intentaba mantener la calma y hacer vida normal".

El aviso no le llegó desde la web del Ministerio de Sanidad, sino desde el grupo de WhatsApp que compartía con sus compañeros de academia. Varios mensajes seguidos advertían de lo mismo: las notas ya estaban publicadas. María decidió no mirarlas en ese momento. Cerró el móvil y llamó a su pareja.

Después de meses de estudio y esfuerzo concentrados en una única cifra, prefirió esperar a reunirse con él.

"Sí que pensaba que podía estar en una buena posición porque había trabajado mucho y el examen me había salido bien. Pero nunca te esperas ser la número uno. La probabilidad es muy baja", reconoce María Gallego a EL ESPAÑOL.

Cuando finalmente abrieron la página, la primera puntuación que encontraron no era la suya. "Era una nota que no me esperaba y me vine un poco abajo", recuerda. El desconcierto duró apenas unos segundos. Su pareja volvió a comprobar los datos, levantó la vista del móvil y soltó un grito.

"Me quedé en shock. Nos miramos, empezamos a reír y me empezaron a dar abrazos y besos. Creo que a ellos les hacía más ilusión que a mí, porque yo no me lo podía creer", cuenta María Gallego a este diario.

Meses de biblioteca

Detrás de esa anécdota hay casi un año de preparación. María Gallego empezó a estudiar el EIR en marzo de 2025, cuando todavía no había terminado la carrera de Enfermería.

Dudó si afrontar ambos retos al mismo tiempo, pero finalmente decidió apuntarse a la academia PlanEIR y comenzar la preparación del examen. Los primeros meses fueron más tranquilos. La verdadera presión llegó después.

Compaginar el final de carrera con un examen tan exigente como el EIR no era una decisión fácil. Sin embargo, María cree que, en su caso, jugó a su favor: "Tener muy reciente lo aprendido en la universidad y el hábito de estudio me ayudó mucho".

Durante el verano combinó trabajo y preparación. No fue hasta septiembre, cuando terminó su contrato, cuando pudo centrarse por completo en el examen. "Ahí decidí dedicarme exclusivamente a estudiar", explica.

Desde entonces y hasta enero, su rutina se volvió casi invariable: biblioteca por la mañana, un breve descanso para comer y vuelta a los apuntes por la tarde.

El día empezaba temprano. "Me levantaba a las siete y media, a las ocho recibía un correo de mi tutora con consejos de estudio y motivación, y a las ocho y media me iba a la biblioteca". Allí estudiaba de nueve a dos. Después de comer retomaba la jornada hasta las ocho y media o las nueve de la noche.

Eran jornadas de unas ocho horas —a veces más— seis días a la semana. Los domingos intentaba reservarlos para descansar y ver a su familia, a su pareja o a sus amigos.

"Prioricé mucho el descanso y mi tranquilidad en casa, aunque a veces me apeteciera estar con otra gente. Necesitaba coger fuerzas. Estar tranquila también es necesario en este proceso", señala.

María Gallego tiene claro que no existe una fórmula exacta para lograr un resultado como el suyo. Más bien habla de una combinación de factores que, juntos, terminan marcando la diferencia.

"La constancia y la perseverancia han sido fundamentales", asegura a EL ESPAÑOL. "Hay momentos en los que quieres tirar la toalla, en los que estás muy cansada o incluso lloras, pero tienes que seguir adelante con tu objetivo".

El segundo pilar fue el apoyo del entorno: familia, amigos, compañeros y tutores. Durante los meses de preparación, dice, esa red fue imprescindible. "Sentirte acompañado es muy importante. Saber que no estás sola en el proceso".

A nivel estrictamente académico, María Gallego destaca sobre todo la práctica constante con simulacros de examen y el análisis detallado de los errores. No basta con comprobar qué preguntas se fallan: hay que entender el motivo.

"Indagar en los fallos, ver por qué elegiste una respuesta y no la correcta, eso te ayuda muchísimo", explica.

Pero si hay un elemento que reivindica como imprescindible —y que a menudo se pasa por alto en la preparación de oposiciones— es el descanso. "Darte tiempo para parar también forma parte del proceso", concluye.

Vocación temprana

La decisión de estudiar Enfermería no llegó de golpe. Desde pequeña tenía claro que quería trabajar en el cuidado de las personas, aunque durante años imaginó distintos caminos: ser profesora, dedicarse a la educación o desarrollar alguna profesión vinculada al ámbito social.

El giro definitivo llegó a través de varias experiencias personales. Participó en voluntariados con niños con discapacidad y llegó a trabajar en una asociación con menores con diferentes necesidades. Aquellas experiencias terminaron de confirmar algo que llevaba tiempo intuyendo: quería dedicarse al cuidado de los demás.

A ese proceso se sumó, además, una vivencia familiar que vivió cuando era pequeña terminó de marcar su vocación. Cuando su padre enfermó, el trato y la cercanía de las enfermeras que lo atendieron dejaron una huella profunda en ella

"Las enfermeras que atendieron a mi padre nos marcaron mucho", recuerda. "Él me dijo que yo sería muy buena enfermera y aquello me hizo pensar que quizá ese era mi camino".

Con el tiempo, aquella intuición terminó convirtiéndose en la decisión que hoy define su trayectoria profesional.

María Gallego, número uno EIR 2026.

María Gallego, número uno EIR 2026. Juliana Leao EFE

Pediatría en el horizonte

María Gallego estudió Enfermería en la Universidad Autónoma de Madrid y realizó sus prácticas en dos hospitales de referencia de la capital: La Paz y el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús.

Fueron precisamente las rotaciones en pediatría las que terminaron de perfilar su futuro profesional. "El Niño Jesús me robó el corazón completamente", reconoce. Por eso, cuando llegue el momento de elegir plaza, su decisión parece clara: quiere especializarse en Enfermería Pediátrica.

La elección no es casual. Tiene mucho que ver con la manera en la que entiende la profesión. "Los niños tienen una vulnerabilidad muy grande, pero también una fortaleza impresionante", explica. "Además, intervenir en la infancia es una de las mejores formas de prevenir enfermedades y promover la salud".

En su visión de la enfermería, el cuidado va mucho más allá de las técnicas médicas. "No consiste solo en administrar medicación o hacer procedimientos", afirma. "También es escuchar, acompañar y ofrecer un cuidado humano".

Cuidar a quienes cuidan

Ese enfoque también explica su mirada sobre uno de los debates más recurrentes dentro de la profesión: la falta de personal y la sobrecarga en los hospitales.

María Gallego reconoce que todavía tiene poca experiencia laboral, pero durante sus prácticas pudo percibir una realidad que muchos profesionales denuncian desde hace años.

"He visto ese sentimiento de sobrecarga. Las enfermeras muchas veces tienen que atender a muchos pacientes al mismo tiempo y el trabajo se vuelve muy intenso, física y psicológicamente", explica María a EL ESPAÑOL.

A su juicio, ese escenario no solo repercute en los profesionales, sino también en la calidad de la atención que reciben los pacientes.

"La enfermería implica escuchar, acompañar y cuidar. Cuando hay demasiada carga asistencial, hay partes de ese cuidado que no se pueden ofrecer como deberían", señala.

Por eso defiende que reforzar las plantillas, mejorar las condiciones laborales y ampliar las plazas de especialización son pasos necesarios para fortalecer el sistema sanitario. "Cuidar mejor a quienes cuidan también significa mejorar la atención que reciben los pacientes", resume.

Después de haber logrado la mejor nota del país, María Gallego insiste en que el camino hacia el EIR es largo y exigente. Su consejo para quienes empiezan ahora es sencillo, aunque no siempre fácil de seguir: paciencia, organización y disciplina.

"La disciplina se trabaja. El proceso es duro, pero cuando luchas por algo que realmente quieres, todo ese esfuerzo acaba teniendo sentido", ha explicado María Gallego a EL ESPAÑOL.

Quizá por eso, cuando recuerda el momento en el que supo que era la número uno del EIR, no lo hace desde la euforia, sino desde la calma: la de quien ha comprendido, de repente, que todo un año de estudio y sacrificio ha merecido la pena.