Joaquín Reyes posa para la entrevista de EL ESPAÑOL.

Joaquín Reyes posa para la entrevista de EL ESPAÑOL. Alejandro Ernesto

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Joaquín Reyes: "Trump es un personaje nefasto, torpe, zafio, que su única virtud es ser rico y ser presidente de EEUU"

El humorista reflexiona sobre el humor y sus límites, la mentira, la IA y su trayectoria: "Mis parodias son espejos deformantes: Rappel, Sánchez Dragó y Luis Cobos se enfadaron, y están en su derecho. A Reverte, en cambio, le gustó".

Más información: Luna Miguel: "Se habla de violencia sexual, del consentimiento, pero la reacción ha sido 'callaos, que ya aburre'".

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Joaquín Reyes es el tipo serio del humor. Su semblante -no ceñudo, no áspero, pero sí concentrado-, su manejo del lenguaje y su sobriedad castellana lo acreditan. Vamos a hablar de cosas serias en esta charla, y no va de guasa en sus respuestas.

El tema central será La Verdad, en mayúsculas por su importancia, y porque es el título de la obra de teatro escrita por Florian Zeller, y con la que Joaquín recala estos días en el teatro Infanta Isabel de Madrid tras su paso por varias provincias. 

Su personaje es un trolero impenitente, que busca conservar su estatus y no renunciar a nada (nada aquí es igual a su mujer, a su amante y a su vida bien montada).

Joaquín Reyes, entrevistado por EL ESPAÑOL.

Joaquín Reyes, entrevistado por EL ESPAÑOL. Alejandro Ernesto

Al hilo de, Joaquín recuerda que todos mentimos, y él nos contará en esta charla con EL ESPAÑOL algunas situaciones en las que lo ha hecho, y la motivación que le ha llevado a ello. Con sinceridad. 

Reyes dice que sus padres fueron más comprometidos socialmente, pero da la sensación de que él también lo es en su parcela: cree que los cómicos ya se han reído suficiente de los colectivos más débiles y ahora prefiere dirigir sus balas a los poderosos.

Y admite que suena cursi, pero milita en ese planteamiento sin apuros, con la piel curtida de un tipo en la mediana edad tratando de expiar sus crisis desde el chiste, desde su oído absoluto para la comedia del mundo. A veces tan trágica. 

PREGUNTA.– Me dijo en una entrevista anterior que, como espectador y lector, prefiere la comedia porque le parece el género más honesto, y que el drama admite más trampa. Ha vuelto a elegir una comedia para subir a las tablas tras La Paz, ¿qué le llamó la atención del texto?

RESPUESTA.– Pues bueno, es una comedia muy diferente a La Paz, porque obviamente es una comedia urbana y con otro lenguaje, sin duda, más actual. Y me gustó mucho, por supuesto, que está escrita de una manera muy brillante por Florian Zeller, que domina el drama y la comedia a la perfección.

También me gustó mucho el personaje de Miguel: es un regalo porque me permite hacer muchas cosas diferentes en el escenario. Él es un mentiroso compulsivo, no especialmente hábil, que cree que juega con todos, pero al final se le da la vuelta la tortilla.

Es muy atractivo interpretar a un mentiroso que, como decía Flotats, que hizo el montaje en 2024, es ese burlador burlado.

P.– Ya habéis estado de gira, y supongo que, hablando de la verdad y la mentira y de la infidelidad, habrá mucha risita entre dientes en el público tipo "ahí le han dado, si mi mujer o mi marido supiera...". 

R.– Sí, hay un momento en que mi personaje dice que, si la gente dejara de mentir, de la noche a la mañana se acabarían todas las parejas de la tierra, y ahí siempre hay risas porque la gente asume que eso es verdad, o que no está muy lejos de la verdad.

Todos escondemos algo, todos tenemos sombras. Y muchas veces lo escondemos no tanto por sacar provecho, sino por no hacer sufrir innecesariamente a otra persona...

Bueno, somos así como sociedad, y yo creo que la mentira funciona como un lubricante social, y que hay muchos tipos de mentiras. Hay muchos grises y no se puede desligar la mentira de la motivación y del objetivo.

El humorista Joaquín Reyes.

El humorista Joaquín Reyes. Alejandro Ernesto

P.– Están las famosas mentiras piadosas, que cantaba un tocayo tuyo: Joaquín Sabina.

R.– Sí, las mentiras piadosas. 

P.– Hay varios estudios sobre esto y casi todos coinciden en que las personas mentimos alrededor de dos veces al día, pero la gran mayoría es por eso: para no herir a la otra persona o para no discutir. Eso es un poco lo que dice tu personaje, Miguel, ¿no? O en lo que se ampara.

R.– Eso, Miguel se ampara en eso. Realmente miente porque no quiere perder su estatus, no quiere perder su forma de vida, quiere seguir manteniendo a su amante y a su mujer, no quiere tomar decisiones... Sí, no quiere hacer daño a los demás, pero principalmente no quiere enfrentarse a la verdad.

P.– Me gustaría hacerte una batería de preguntas hipotéticas, sobre cuándo es mejor mentir o decir la verdad. Pero para que me respondas ya como Joaquín, no como Miguel. 

R.– Ah, vale. De acuerdo.

P.– La primera. Tu cuñado siempre presume de hablar muy bien y ser muy bueno con el lenguaje, pero en una reunión familiar, en una cena de Navidad por ejemplo, dice constantemente "lo valoro positivamente" o "detrás mío". ¿Le corriges?

R.– He de decir que sí, lo corrijo, sí. Sí, tengo ese punto un poco repelentillo. 

P.– Ya, yo también. 

R.– Sí, sí, lo corrijo. O le diría "se dice motu proprio".

Joaquín Reyes, en la entrevista con EL ESPAÑOL.

Joaquín Reyes, en la entrevista con EL ESPAÑOL. Alejandro Ernesto

P.– Si te sale con un "de motu propio", ahí que vas, ¿no?

R.– Eso es. Diría "es motu proprio", efectivamente. Sí soy, como dice la gente joven.

P.– Vale, segundo supuesto. Hay un señor mayor que es muy fan de Joaquín Reyes, eres todo un referente para él, así que viene a uno de tus espectáculos para conocerte por fin, y tiene la ilusión de contarte algún chiste, pero no te hacen gracia. ¿Te ríes? 

R.– Me río. Sí, me río por una cuestión de cortesía. Sí, sí, me río. Y esto lo he hecho. Me ha pasado. 

P.– Ay, ¿sí? 

R.– Sí. No es un supuesto. "Te voy a contar un chistecito". "¡Ay, madre mía! Qué gracioso. Muchas gracias". Sí, intento ser amable. Creo que la amabilidad es algo... innegociable. Sobre todo para mí, que soy una persona a la que se le trata muy bien. 

P.– Pongamos que tu hijo, porque tienes un hijo, ¿no?

R.– Sí, tiene 18 para 19.

P.– Vale, pues te dice que él quiere ser cantante, por ejemplo, pero no tiene don, no tiene oído, y te pone una grabación que ha hecho en su estudio, en su habitación, y te pregunta: ¿papá, qué opinas?

R.– Bueno, si me pregunta sinceramente qué opino, le voy a decir la verdad. Se la voy a intentar decir con cierta ternura, pero sí, le voy a decir la verdad. Le voy a decir la verdad. 

P.– Para que no se estampe, ¿no? 

R.– Le diría "creo que está bien, pero deberías trabajar un poco más, no te precipites". La verdad se puede decir de muchas maneras, no hace falta decir "es que cantas fatal". Creo que la verdad necesita de ese tacto, de esa mano izquierda, ¿no?

Joaquín Reyes, humorista, posa para EL ESPAÑOL.

Joaquín Reyes, humorista, posa para EL ESPAÑOL. Alejandro Ernesto

P.– Y de ser constructivo...

R.– Y de ser constructivo, sí, sí. Sobre todo a la gente que, como los actores, estamos permanentemente evaluados, con nuestras inseguridades, si alguien te dice algo de una manera directa y cruel, te puede hundir. Te puede hundir.

P.– La última, una dura: sabes que un amigo enfermo está en las últimas, y su médico deja en tus manos…

R.– No, por favor…

P.– Decírselo o no decírselo. No tiene familia. Él te pregunta si sabes algo sobre su estado de salud real: ¿se lo cuentas?

R.– Bueno, intentaría... No lo sé... (Joaquín se queda largo rato pensando).

P.– Igual puedes no tener respuesta: no hay respuesta fácil.

R.– No, no, es que... a un familiar lo protegimos.

P.– Vaya.

R.– Sí, lo protegimos. 

P.– Sin decírselo. 

R.– Sí, y... Y bueno, creo que hicimos... Al final, esa persona intuyó lo que pasaba. Pero de alguna manera dices, bueno, y si, y si... Porque bueno, en este caso, él no estaba absolutamente desahuciado, pero el pronóstico era muy malo.

Pero dices, y si a lo mejor se lo digo, se va a hundir, y si lucha, quizá pueda… Pero creo que si está desahuciado, bueno, pues hay que decírselo, claro. Hay que decírselo. Se merece saberlo.

Joaquín Reyes.

Joaquín Reyes. Alejandro Ernesto

P.– Vale, pues acabaron los supuestos, volvemos a las preguntas reales. He oído que tus padres eran pedagogos. Creo que te enseñaron mucho, supongo que, entre otras cosas, a no mentir. ¿Qué tienes de ellos? 

R.– Sí, eran sinceros. Sobre todo mi padre, porque mi madre era más diplomática. Pero mi padre era muy sincero, no era brusco, era tierno, pero decía las cosas como las pensaba si le preguntaba su opinión.

Precisamente por eso valoraba mucho su compañía, su opinión, sus consejos. Son personas que son referentes para mí, y me gustaría parecerme a ellos, la verdad, porque eran dos personas maravillosas.

P.– ¿Y crees que te pareces? 

R.– Bueno, yo creo que ellos eran mejores (con cierto tono melancólico). Sí, no sé. También eran más comprometidos, socialmente también. Creo que en eso podría mejorar. Pero bueno, sí, me reconozco en algunas cosas.

P.– Me contaste en la anterior entrevista que tu sueño, tu primera vocación, era ser ilustrador. ¿Se te ha quedado esa cuenta pendiente?

R.– No, porque tengo encargos de ilustración: hago carteles, hago portadas de discos, dibujo por placer...Y seguramente eso lo retomaré cuando tenga más tiempo, porque dibujar es algo que me da mucha satisfacción. Te enfrentas a problemas diferentes a los que tienes en la interpretación, pero es una cosa íntima. Me gusta mucho el proceso de dibujar.

P.– También estás escribiendo una novela… ¿Es cómica?

R.– Sí. Hay humor, es una sátira. Una sátira sobre el mundo del arte. Uno de los protagonistas es un artista conceptual muy exitoso, y el otro es un cómico de mediana edad en crisis. Nada que ver con… (Joaquín se señala burlonamente).

P.– Eso te iba a decir. Algo de sustrato emocional lleva, ¿no?

R.– Pero es una novela, que llevo mucho tiempo trabajándola y creía que estaba cerca… Al final, la novela ha crecido. Todavía tengo que seguir trabajándola, pero estoy contento con lo que tengo y hacia dónde voy. Me regocijo escribiendo. A ver a dónde llego, tengo pretensiones con esta novela.

P.– Para promocionar una novela, o una obra de teatro, hacen falta las redes sociales. ¿Qué tal se lleva Joaquín Reyes con las redes sociales? 

R.– Los perfiles que tengo son absolutamente profesionales, y no los llevo yo. Imagínate. Valorando las cosas que tienen... Valorando positivamente, como tú decías, (porque me parece que tienen muchas cosas buenas), pero es una herramienta muy poderosa que ahora mismo no hemos aprendido a manejar bien.

Creo que a medio plazo veremos las consecuencias de esta evaluación permanente, de esta autoexigencia, de este grado de exposición, de estos modelos de belleza y cómo nos afectan como sociedad, sobre todo a la gente joven y sobre todo a las mujeres.

P.– ¿Hablas con tus hijos de eso? 

R.– Sí, por supuesto. Les digo que se protejan, que la huella digital es imborrable, que tiene consecuencias, que son jóvenes y que tengan cuidado.

P.– Dicen que vamos a cambiar los smartphones por las gafas. Tú ya llevas gafas, pero para los que nunca las hemos usado, se hace raro. ¿Tú lo ves? 

R.– Sí, bueno, y también el metaverso… Todavía queda. A mí me da mucho miedo la IA. Es una herramienta muy poderosa que puede afectar muchos puestos de trabajo, que puede manipular y, bueno, veremos. Pero, claro, es el futuro. ¿Qué vamos a hacer?

Podríamos ser luditas, pero ¿cómo se lucha contra lo virtual? Porque los que destrozaban máquinas de tejer lo tenían claro, ¿pero nosotros qué hacemos? Hay que ser críticos con las redes sociales.

Esa es nuestra obligación. Y, bueno, a ver… También somos hijos de nuestro tiempo, tenemos que convivir con ello. Y seguramente, también por lanzar un mensaje más optimista, las generaciones que vengan las manejarán mejor. 

P.– Ya están más desconectadas.

R.– Sí, esto es como una tercera revolución industrial. Por ejemplo, mi hija, que es generación Z, pues está radicalmente en contra de la IA. No la utiliza. Y utiliza las redes sociales de una manera... más… 

Joaquín Reyes durante la entrevista,

Joaquín Reyes durante la entrevista, Alejandro Ernesto

P.– ¿Con más sensatez, quizá? Nosotros estamos abducidos.

R.– Sí, y no podemos vivir registrando toda nuestra vida. No podemos. No debemos.

P.– En EE.UU. no son buenos tiempos para la lírica… ni para la comedia. Hace unos meses se suspendió el show de Jimmy Kimmel y otros tantos como Jimmy Fallon fueron advertidos por el presidente.

R.– Sí, lo sigo, lo sigo. (Jimmy Kimmel) volvió, y está siendo muy crítico. Se hacen buenos chistes sobre Trump. Es su obligación. Es un personaje absolutamente nefasto, torpe, zafio, que su virtud es... Su única virtud es ser rico y ser presidente de Estados Unidos. Y se aprovecha de esa situación para avasallar. Entonces la obligación del bufón es reírse del que está arriba.

De todos modos, hay un debate porque hasta qué punto él no se beneficia de esa exposición. Su exposición es extenuante. El otro día publicaron todos los tuits que sube al día, publica como 50.

P.– Sí, todos los días. No duerme apenas.

R.– Pues, claro, su influencia es nefasta y hay que reírse de él. 

P.– Si estuvieras allí, ¿cómo actuarías? 

R.– Lo haría igualmente. Claro, yo he hecho muchas parodias y creo que nuestra obligación también es esa: señalar al que abusa. 

P.– Ahora que dices lo de las parodias, la última vez me hablaste de la gente que se te enfadó. Rappel, por ejemplo. 

R.– Sí, Rappel se enfadó. A Reverte, en cambio, le gustó, porque fue un retrato muy marcial y le gustó. Le hizo gracia (y está mal que lo diga, pero es muy graciosa esa parodia). Sánchez Dragó se enfadó, Luis Cobos se enfadó...

Bueno, realmente mis parodias son espejos, como todas las parodias, espejos deformantes. Yo parodio la imagen pública e intento no hacer una parodia de temas personales. Claro, están en sus derecho de enfadarse, ¡es que estaría bueno! Quiero decir, yo también he sido ácido.

P.– Me gustó una cosa que me dijiste la vez anterior sobre los límites del humor: se puede hacer bromas sobre colectivos, pero integrándolos, haciéndolos cómplices para no ser crueles.

R.– Es que el chiste es una burla, y la burla recae sobre algo, sobre alguien, sobre un colectivo, y yo prefiero reírme de, aunque suene un poco cursi una cosa así, prefiero reírme del de arriba, de la gente que tiene poder, prefiero reírme de la gente que tiene privilegios. Porque nos hemos estado riendo mucho tiempo de colectivos…

P.– Débiles. 

R.– Sí, es que hay que decirlo. Pero yo creo que puedes hacer bromas con ellos si hay una complicidad. En el teatro, los cómicos no suelen tener problemas, los que hacemos stand-up no solemos tener problemas, porque hay un acuerdo tácito y la gente te conoce.

El humor se maneja peor en espacios como las redes sociales porque ahí la ironía se entiende mal. El humor necesita de una complicidad.

P.– Estuve viendo un monólogo de un tipo, Joan Natzarit, que es tartamudo, y se metía con el público, pero nadie se enfadaba. Se reían mucho, de hecho. Pero sobre todo se reía de él.

R.– Claro, es que si tú tienes esa complicidad, te puedes reír de la gente. Y, primero, te ríes de ti mismo. Yo creo que lo mejor a la hora de presentarte como cómico es reírte de ti mismo de una manera sincera.

Y luego reírte de los demás, porque es algo también terapéutico, porque quita el peso a las cosas. Yo creo que el humor también está para eso, para forzar los límites.

P.– ¿También te ríes de ti mismo? Antes me decías que tu novela retrata a un cómico de mediana edad en crisis.

R.– Sí, es una manera también de expiar mis traumas, mis crisis. Sí, yo me río...  ahora es fácil reírme de mí mismo. Soy un hombre de mediana edad con todas las inseguridades del físico…. Claro que es muy fácil reírme de mí mismo porque tomarse en serio a uno mismo es horrible. 

P.– Estaba con unos compañeros y les decía que venía a entrevistar a Joaquín Reyes, un tipo al que tengo por muy serio.

R.– ¿Crees que soy serio? 

P.– Sí, tengo esa impresión, independientemente de tu sentido del humor. Eso me pareció en la anterior entrevista, y también en esta. Además, manejas muy bien el lenguaje. 

R.– Bueno, porque, a ver, no me tengo por una persona seria, pero me tomo en serio esto, en una entrevista no voy a estar diciendo chorradas. Cuando era más joven quizás sí lo hice alguna vez, pero merece la pena, si vamos a hablar de algo importante, tomarlo en serio.

Si vamos a hablar de frivolidades, pues entonces puedo bromear, pero si no...  Me tomo en serio la charla porque hay temas que hay que abordar con cierta seriedad, sobre todo porque la gente se puede inspirar en lo que dices. Te pueden tomar en serio.

P.– Y tú tienes cierta influencia sobre la gente. 

R.– No lo sé… Pero es verdad que a los cómicos nos perciben con cercanía. El cariño que nos tiene la gente es nuestro patrimonio.

P.– Alguien me ha pedido con mucha ilusión que te pregunte si va a volver el rap del Payaso. Supongo que no, porque es un personaje de hace muchos años, pero yo te lo traslado.

R.– Bueno, hay un aniversario de Chanante en el 2027, cumplimos 25 años y sí, sería chulo hacer algo con el Payaso, una canción. Así que sí, ¡tú dile que sí!