Fotografía de archivo del 2 de junio del 2025 en la que se muestra a Wlliam Jofre Alcívar, más conocido como el 'Negro Willy', tras ser detenido por la Guardia Civil.

Fotografía de archivo del 2 de junio del 2025 en la que se muestra a Wlliam Jofre Alcívar, más conocido como el 'Negro Willy', tras ser detenido por la Guardia Civil. Efe.

Reportajes CRIMEN ORGANIZADO

'Negro Willy', el narcoterrorista ecuatoriano liberado en España mientras Trump destroza a su banda con fuerzas especiales

El líder de Los Tiguerones sigue libre en España tras fracasar su extradición por las garantías exigidas por la justicia española, mientras Ecuador intensifica su guerra contra el narco con el respaldo de Washington DC.

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La escena ocurrió en directo y durante unos minutos pareció irreal. Era el 9 de enero de 2024. En el estudio de TC Televisión, en Guayaquil, el informativo de la tarde avanzaba con normalidad cuando un grupo de hombres armados irrumpió en el plató. Llevaban fusiles, pasamontañas, explosivos. Gritaban órdenes. Las cámaras siguieron grabando.

Los periodistas fueron obligados a tumbarse en el suelo. En medio del caos, uno de los asaltantes habló por teléfono. Según reconstruyó después la Fiscalía ecuatoriana, al otro lado de la línea estaba el hombre que coordinaba la operación.

No estaba en Ecuador. Estaba en España. Se llamaba William Joffre Alcívar Bautista, pero en el mundo del crimen se le conoce como Negro Willy, Comandante Willy, La Firma o simplemente La W.

Jornada de terror y violencia en Ecuador

Es el fundador y máximo líder de Los Tiguerones, una de las organizaciones narcocriminales más violentas de Ecuador. Dos años después de aquel episodio —que sacudió al país andino y recorrió el mundo— el hombre señalado como su cerebro está en libertad en territorio español.

Al mismo tiempo, el Gobierno de Daniel Noboa ha abierto la puerta a una cooperación más estrecha con Washington en la lucha contra el narcotráfico; en un momento en que la administración de Donald Trump ha situado la presión sobre los cárteles latinoamericanos entre sus prioridades de seguridad hemisférica.

En Quito, el caso de Negro Willy se interpreta dentro de ese escenario: mientras el país intenta militarizar la respuesta contra las bandas que controlan barrios, puertos y cárceles, uno de los líderes de esa generación criminal está libre en Europa.

No porque haya sido absuelto. Sino porque, en el complejo engranaje de la justicia internacional, los plazos, los informes y las garantías pueden pesar tanto como las acusaciones.

El ascenso

El asalto a TC Televisión marcó un antes y un después en Ecuador. Hasta ese momento el país ya vivía una escalada de violencia vinculada al narcotráfico. Pero aquel ataque televisado supuso un salto simbólico: el crimen organizado irrumpía literalmente en el corazón del espacio público.

Las imágenes del plató tomado por hombres armados dieron la vuelta al mundo. Horas más tarde, el presidente Daniel Noboa declaró el estado de excepción y habló por primera vez de un "conflicto armado interno" contra las organizaciones criminales.

Entre ellas figuraba Los Tiguerones. Y en la cúspide de esa banda estaba el hombre al que los investigadores llaman La Firma. El hombre al que obedecían por teléfono. Negro Willy.

La historia de William Joffre Alcívar no empieza en los puertos ni en los laboratorios de cocaína. Empieza en una cárcel. Nació en 1989 en Esmeraldas, una provincia costera del norte de Ecuador, una región atravesada por el narcotráfico y marcada durante décadas por la presencia de bandas armadas.

Con apenas 23 años, en 2012, ingresó como guía penitenciario —funcionario de vigilancia carcelaria— en el sistema penitenciario ecuatoriano. Trabajó en las dos cárceles más grandes de Guayaquil: la Regional y la Penitenciaría del Litoral, el complejo penitenciario más poblado y violento del país.

Aquella prisión era algo más que una cárcel. Era el centro de gravedad del crimen organizado ecuatoriano. Según investigaciones policiales y del centro especializado InSight Crime, fue allí donde Alcívar empezó a colaborar con las bandas criminales encarceladas.

Su función como funcionario le permitía introducir teléfonos, droga o armas dentro de la prisión a cambio de dinero. En ese entorno conoció a Jorge Luis Zambrano González, alias Rasquiña, líder de Los Choneros, la organización criminal que dominaba el narcotráfico ecuatoriano. Ese contacto cambiaría su vida.

'Negro Willy', en una imagen de archivo difundida a los medios por la Policía Nacional del Ecuador.

'Negro Willy', en una imagen de archivo difundida a los medios por la Policía Nacional del Ecuador. E. E.

A finales de la década de 2010, Alcívar decidió dar el salto. Junto a sus hermanos Álex Iván Alcívar, alias Ronco, y Luis Ernesto Alcívar, alias Puya, fundó una nueva organización criminal.

La llamaron Los Tiguerones. El grupo comenzó como una estructura vinculada a Los Choneros, pero pronto desarrolló su propia identidad. Sus primeras actividades criminales se registraron en barrios violentos de Guayaquil, especialmente en Nueva Prosperina, donde la banda se dedicaba a robos, extorsiones y tráfico de drogas.

Pero su crecimiento fue rápido. La organización se expandió hacia Esmeraldas, provincia fronteriza con Colombia y punto estratégico para el tráfico de cocaína. Para 2024, según estimaciones policiales, Los Tiguerones controlaban cerca del 70% del distrito oeste de Guayaquil.

En Esmeraldas, barrios enteros quedaron bajo su autoridad. En algunos de ellos, según testimonios recogidos por investigadores, no se podía entrar sin la autorización de Negro Willy. Nombrarlo allí era, para muchos habitantes, sinónimo de terror.

Guerra criminal

El asesinato en 2020 de Rasquiña, el líder de Los Choneros, cambió el equilibrio del crimen ecuatoriano. Las organizaciones que habían crecido bajo su sombra comenzaron a disputar el control del narcotráfico. Entre ellas estaban Los Lobos, Los Chone Killers y Los Tiguerones.

Estas bandas formaron una alianza conocida como Nueva Generación, vinculada —según informes policiales— al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) de México. La guerra criminal se trasladó entonces a las calles y a las cárceles. Y fue en las prisiones donde la violencia alcanzó niveles sin precedentes.

Pintadas reivindicando al Cártel de Jalisco Nueva Generación en las cercanías de San Cristóbal de las Casas.

Pintadas reivindicando al Cártel de Jalisco Nueva Generación en las cercanías de San Cristóbal de las Casas. Julio César R. A.

En febrero de 2021, una serie de motines coordinados en varias cárceles ecuatorianas dejó 79 presos muertos. Siete meses después, el 28 de septiembre de 2021, la violencia alcanzó un nuevo pico. Ese día, en la Penitenciaría del Litoral, miembros de bandas rivales protagonizaron una masacre que dejó 116 reclusos asesinados.

Fue la peor matanza carcelaria en la historia del país. Las autoridades ecuatorianas señalan a Los Tiguerones como uno de los grupos implicados en esas matanzas. En total, durante 2021, más de 300 presos murieron en cárceles ecuatorianas en enfrentamientos entre bandas.

Las prisiones se habían convertido en campos de batalla del narcotráfico.

Un imperio criminal

Para entonces, Los Tiguerones ya no eran una banda local. Se habían transformado en una organización criminal con entre 4.000 y 5.000 miembros, según estimaciones policiales. Controlaban rutas de cocaína desde Colombia y Perú hasta los puertos ecuatorianos.

Desde allí, la droga viajaba hacia Estados Unidos, Europa —especialmente Países Bajos— y Asia. La organización también manejaba redes de extorsión, secuestro, tráfico de armas y atentados con explosivos.

Uno de esos atentados ocurrió en agosto de 2022 en Guayaquil, cuando un coche bomba mató a cinco personas e hirió a otras diecisiete. Las autoridades señalaron a Los Tiguerones como posibles responsables.

Efectivos de la Policía Nacional de Ecuador custodian a un grupo de detenidos en Guayaquil.

Efectivos de la Policía Nacional de Ecuador custodian a un grupo de detenidos en Guayaquil. Reuters.

El poder de la organización descansa en una estructura profundamente familiar. Los tres hermanos Alcívar ocupan posiciones clave en la jerarquía criminal.

Negro Willy dirige la organización. Ronco, su hermano, coordina operaciones armadas y sicariatos. Puya, otro de los hermanos, participó en operaciones violentas y protagonizó una fuga carcelaria en 2019.

Incluso el padre de los líderes, William Alcívar Quiñonez, ha sido condenado por delincuencia organizada y cumple pena en la prisión de máxima seguridad La Roca.

En 2020, tras la captura de su padre y con múltiples investigaciones abiertas en su contra, Negro Willy decidió abandonar Ecuador. Su ruta de fuga fue larga y compleja.

Primero pasó por Chile, donde permaneció oculto durante un tiempo. Después se trasladó a Colombia, más tarde a Brasil, y finalmente llegó a España entre 2021 y 2022. Viajaba con documentación falsa colombiana.

Desde territorio español, según los investigadores, continuó dirigiendo las operaciones de Los Tiguerones a distancia.

Refugio europeo

Mientras Ecuador se sumergía en una crisis de seguridad cada vez más profunda, su presunto líder se encontraba a miles de kilómetros. Según la Guardia Civil, se instaló en la provincia de Tarragona, donde llevaba una vida aparentemente discreta.

El 23 de octubre de 2024 fue detenido en Calafell, en una operación conjunta entre la Guardia Civil y la Policía ecuatoriana. En el mismo operativo fue capturado su hermano Ronco, considerado segundo al mando de la organización.

El cabecilla de los Tiguerones, detenido por la Guardia Civil.

El cabecilla de los Tiguerones, detenido por la Guardia Civil. Guardia Civil

La detención parecía cerrar el círculo. Pero el verdadero combate iba a librarse en los tribunales. La Audiencia Nacional aprobó en mayo de 2025 la extradición de Negro Willy en dos procedimientos.

El primero por el asalto armado a TC Televisión. El segundo por un caso de extorsión, en el que presuntamente se exigió a un ciudadano el pago de 20.000 dólares bajo amenaza de atentar contra su familia.

Sin embargo, la entrega quedó condicionada a una exigencia clave. Ecuador debía garantizar su vida y su integridad física en prisión. No era una formalidad. El sistema penitenciario ecuatoriano atraviesa una de las crisis más graves de violencia en América Latina.

Las cárceles del país han registrado centenares de asesinatos en los últimos años. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos había recomendado reforzar la seguridad penitenciaria, prevenir motines y proteger la vida de los internos. La Audiencia Nacional decidió exigir esas garantías antes de autorizar la entrega.

Ecuador tenía tres meses para presentar esas garantías. La documentación llegó. Pero llegó tarde. El tribunal archivó el procedimiento el 23 de diciembre de 2025. La nota diplomática enviada por Quito con información adicional llegó al juzgado diez días después, el 2 de enero.

Demasiado tarde para el reloj judicial. Un día puede parecer poco en política. En derecho penal internacional puede ser definitivo. El 29 de diciembre de 2025, tras más de un año en prisión preventiva, Negro Willy fue puesto en libertad.

La reacción en Quito fue inmediata. El ministro del Interior ecuatoriano acusó a España de "dejar libre a un narcoterrorista". Las autoridades ecuatorianas sostienen que sí enviaron las garantías exigidas y que incluso aportaron documentación adicional para demostrar que podían proteger al detenido.

La Audiencia Nacional mantiene una versión distinta. Según el tribunal, las garantías llegaron fuera de plazo o eran insuficientes. El resultado fue un choque diplomático entre ambos países.

El ministro de Interior de Ecuador, John Reimberg, en una fotografía de archivo.

El ministro de Interior de Ecuador, John Reimberg, en una fotografía de archivo. EFE/ José Jácome

El dilema

El caso deja una pregunta incómoda. La de qué ocurre cuando un líder criminal extranjero se encuentra en Europa mientras el país que lo reclama no puede garantizar plenamente su seguridad en prisión. La justicia española respondió aplicando estándares de derechos humanos y normas procesales.

Ecuador respondió denunciando que esa decisión deja libre a uno de los hombres más buscados del país. Entre ambas posiciones queda una realidad cada vez más evidente. El narcotráfico latinoamericano ya no se libra únicamente en América Latina.

También pasa, a veces de forma silenciosa, por tribunales europeos. Y, sobre todo, por ciudades españolas.