El acusado se enfrenta a una pena de seis años de prisión por un delito de incendio en grado de tentativa. En la imagen, la sede de la Seguridad Social en la madrileña calle de Serrano, a la altura del nº 102.

El acusado se enfrenta a una pena de seis años de prisión por un delito de incendio en grado de tentativa. En la imagen, la sede de la Seguridad Social en la madrileña calle de Serrano, a la altura del nº 102. Google

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Luis trató de quemar una sede de la Seguridad Social en Madrid para pedir un subsidio: "Solo quería llamar la atención"

Hace años, fue desde Galicia hasta Estrasburgo (Francia) para protestar por su precaria situación: se quedó en paro tras el estallido de la crisis de 2008.

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Eran las 13:40 horas del pasado 16 de agosto de 2023. Luis A. C. R., gallego de 71 años y sin antecedentes penales, se dirigió a la sede de la Seguridad Social de la madrileña calle de Serrano, a la altura del nº 102.

En aquel momento, dicho establecimiento estaba atestado de personas. En una mano, llevaba una garrafa con medio litro de gasolina. En la otra, un mechero.

Luis A. C. R. vertió el combustible por el suelo. Trató de prender fuego con el mechero, con el "consiguiente peligro para todas las personas que se encontraban en la oficina", según recoge el escrito de la Fiscalía de Madrid, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL.

Intoxicación del policía

Gracias a uno de los allí presentes, M. G. G., vigilante de seguridad de dicha sede, no ocurrió ninguna desgracia. Estuvo forcejeando con Luis A. C. R.

Más tarde, un agente de la Policía Nacional llegó a dicha ubicación de la Seguridad Social. El uniformado se abalanzó sobre él "con el fin de evitar que el mismo consiguiese prender fuego". Los dos fueron al suelo.

A consecuencia de ello, el policía sufrió una intoxicación por inhalación de carburantes. Atendiendo a la información reflejada en el escrito del Ministerio Público, requirió asistencia médica. Tardó dos días en curarse.

El uniforme del agente sufrió desperfectos al caer sobre la gasolina vertida en el suelo. Los daños se tasaron en 112 euros.

Siguiendo en esta línea, el móvil de otro de los trabajadores de la oficina sufrió desperfectos, al tratar de mediar entre el vigilante de seguridad y Luis A. C. R.

Pedir un subsidio

Por estos hechos, la Fiscalía pidió seis años de prisión para el gallego septuagenario, como presunto responsable de un delito de incendio en grado de tentativa. Además, se le acusó de un delito de lesiones leves.

El juicio arrancó el pasado miércoles en la Audiencia Provincial de Madrid. Durante la sesión oral en el tribunal madrileño, el acusado sostuvo que su intención no fue causar ningún tipo de daño, sino "llamar la atención".

Luis A. C. R., según informa Europa Press, se negó a pactar con el Ministerio Fiscal. Asimismo, el señalado dijo que acudió a la oficina de la Seguridad Social para conseguir un subsidio.

El agente de la Policía Nacional que acudió a la llamada de auxilio relató en el juicio que se encontraba de servicio y fue requerido por gente en la vía pública. "Pensamos que podría tratarse de un atraco porque había gente muy asustada".

"Sin pensarlo, me abalancé sobre él para evitar que encendiera el mechero. Le sujeté la mano y otro compañero le quitó el mechero", agregó el agente.

Camino a Estrasburgo

No es la primera vez que Luis A. C. R. protagoniza una escena peculiar. Este gallego emprendió una peregrinación desde su tierra hasta Estrasburgo (Francia) a modo de protesta con su banco en el año 2011.

Su único fin no era otro que llevar su caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Una historia que solo se entiende en su contexto. Castro fue una de las víctimas de la crisis del 2008 que dejó 3,2 millones de parados en España y que sacudió con crudeza al sector inmobiliario y de la construcción.

Era 2007, justo un año antes de que todo estallara, en ese momento a Luis Antonio todo parecía irle bien. Así que decidió acudir al banco con 76.000 euros para que le diesen una hipoteca para construir su casa.

A partir de ahí, apalabró un crédito de 120.000 euros que podía ampliarse hasta 200.000 euros.

Empezó a haber problemas con los pagos, no le daban todo el dinero que le habían prometido y le invitaron a completar la hipoteca con un préstamo personal.

Pero todo empeoró cuando en el inicio de la crisis perdió su trabajo y pasó a formar parte de las colas del INEM.

Con los 1.100 euros que cobraba en ese momento intentó seguir con el pago de su casa, algo que le resultó imposible cuando el paro se acabó y la hipoteca seguía vigente.

En ese momento, ya no le quedaba nada, una ayuda de poco más de 500 euros que se quedaba el banco en el instante en que el Estado lo ingresaba en su cuenta.

Al final en 2011 tomó esta drástica decisión a modo de protesta.

Con 24 kilos a su espalda recorrió a pie los 1.900 kilómetros que separan Galicia de Estrasburgo para que alguien escuchase su caso. Una medida drástica en una situación personal desesperada.