Montserrat, funcionaria penitenciaria, y a su lado, dos imágenes de diferentes prisiones.

Montserrat, funcionaria penitenciaria, y a su lado, dos imágenes de diferentes prisiones.

Reportajes

El infierno de Montse, María y las funcionarias de prisiones en Cataluña: "Los internos, con el pene fuera, dicen 'chúpamela'"

Según el último informe de la asociación Marea Blava, en 2025 se produjeron 114 agresiones sexuales a trabajadoras penitenciarias. En total, 699 de estos empleados públicos han sido agredidos: 144 más que en 2024.

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En los pasillos cerrados de un centro penitenciario, donde la rutina pretende imponer orden, existen instantes tensos en los que la vulnerabilidad se vuelve palpable.

Para las funcionarias de prisiones el trabajo no solo implica mantener la disciplina, también –y a diferencia de sus compañeros varones– enfrentar la amenaza latente de que en cualquier momento un interno cruce todos los límites y convierta su espacio laboral en un escenario de riesgo sexual.

En el año 2025 se produjeron 114 agresiones sexuales a estas trabajadoras públicas, solo en los centros penitenciarios de Cataluña.

Una foto de archivo de un interno en un centro penitenciario.

Una foto de archivo de un interno en un centro penitenciario. EFE

Una cifra que recoge casos de violencia verbal y física, conducta sexista y exhibicionismo contra estas profesionales, según se desprende de un informe elaborado por la asociación de funcionarios penitenciarios Marea Blava.

Montserrat es una de las funcionarias que ha tenido que hacer frente a estas situaciones violentas.

Lleva dos décadas vistiendo el uniforme, y en su larga experiencia ha llegado a servir incluso en la famosa cárcel 'Modelo' de Barcelona, por cuyas rejas han pasado delincuentes tan conocidos como el Vaquilla, el violador de Montjuïc o el loco del chándal.

A pesar de su dilatada experiencia, esta mujer cuenta en una entrevista con EL ESPAÑOL que "en este tiempo no hemos cambiado prácticamente nada, porque las funcionarias seguimos necesitando que los compañeros hombres vengan a echarnos una mano porque hay veces que nosotras no podemos... Simplemente no podemos".

La veterana habla de continuas faltas de respeto a su autoridad por el simple hecho de ser mujeres a las que deben enfrentarse cada día.

Celda doble de Brians 2.

Celda doble de Brians 2. Departament de Justicia

Pero su sexo las lleva a vivir situaciones mucho más tensas: "Yo, como funcionaria, cada día paso recuento en mi departamento, voy pasando celda por celda a ver si todos los internos están bien, para corroborar que estén sanos y que no haya pasado nada".

"Y en esta situación es muy habitual encontrarte a un interno con sus órganos sexuales al aire y diciéndome 'ven aquí, chúpamela'. Esto pasa cada día mil veces", narra esta mujer. "Una agresión sexual no es necesariamente un ataque físico. También es esto".

PREGUNTA.– ¿Hasta qué punto es frecuente que una funcionaria de prisiones sea víctima de una agresión sexual por parte de un interno?

RESPUESTA.– Es fácil. Puede ocurrir igual que en varios casos que se han producido en los últimos días en el Centro Penitenciario de Jóvenes. En el último, un interno dijo que no se encontraba bien, y le llevaron a la enfermería.

Puede dar la casualidad de que no haya demasiados efectivos en enfermería en ese momento, como ocurrió en este caso, y una única funcionaria se vio sola para vigilarle mientras llegaba el sanitario de guardia. Y en ese momento, este hombre aprovechó.

Utilizó su juventud y su fuerza física para agredirla sexualmente. No llegó a violarla, porque afortunadamente no le dio tiempo hasta que llegó un compañero para socorrerla, pero sí inmovilizarla, arrancarle la ropa...

Montserrat describe la prisión de jóvenes catalana como "un verdadero polvorín". En ella se juntan reclusos con la fuerza de la juventud, la impulsividad de las hormonas adolescentes y la "diversidad de nacionalidades".

Aunque no asocia nacionalidad con delincuencia: "Los protagonistas de estos incidentes pueden ser españoles, árabes, rumanos... De todas las culturas. El único factor común es que te eligen simplemente porque eres una mujer".

P.– Cuando un interno protagoniza un incidente de este tipo, ¿recibe un castigo especial?

R.– No cae sobre ellos nada más que una sanción administrativa, que a lo mejor implica que tienen que pasar en aislamiento una semana. Y ellos encantados, porque allí les llevan la comida, no hacen nada, están todo el día tumbados...

Hay una humillación detrás de que sabes que a este hombre no le va a pasar nada. Al hombre que exhibió sus órganos sexuales ante mí lo voy a denunciar, voy a hacer un informe y no le va a pasar nada.

Le caerá lo que en el reglamento penitenciario se considera como una falta muy grave, que consiste en estar a lo mejor varios días de aislamiento y alguna cosa más, pero esto es algo que a ellos no les hace ni cosquillas.

El caso de María

El caso de Montserrat no refleja una dinámica aislada. Otro testimonio directo al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL es el de María [nombre ficticio], otra funcionaria de prisiones que trabaja desde hace 3 años en los centros penitenciarios de Cataluña.

Esta mujer conversa desde el anonimato para no tener problemas entre los internos con los que trabaja cada día. Una petición que se basa en varios encontronazos desagradables que ha tenido con otros internos.

Una de las salas del CIE de Barcelona

Una de las salas del CIE de Barcelona EFE

"Ocurrió con un interno nuevo. Era un tío que se pasaba todo el rato mirándote y te sonreía, con una mirada muy penetrante. Tenía un delito por agresión sexual".

"Varios días después de su ingreso, estando yo cerca de la puerta del despacho, otro interno me pidió algo, no recuerdo qué", explica.

"En ese momento me giré para entrar en el despacho para darle lo que me pidió, y al cruzar la puerta, justamente también entró él, a la vez. No sé cómo, pero me rozó completamente. No le di importancia porque pensaba que había sido sin querer".

P.– ¿En qué momento comenzó a preocuparle la actitud de este interno?

R.– Al día siguiente, de un modo similar, volví a chocarme con él. Noté que me rozó, pero esta vez fue por la parte de atrás. Ahí empecé a preocuparme. Nunca me había pasado eso con ningún interno y de repente me ocurría dos veces con el mismo.

Se lo comenté a mi jefe y, para poner a prueba a este hombre, le dije que me iba a poner en un lugar de la prisión mientras los presos hacían el paseo. La idea era que mi superior estuviese pendiente por si este interno hacía algo.

Y él pudo comprobar que este hombre hizo una especie de curva, modificó su trayectoria para pasar más cerca de mí, aunque en aquella ocasión no llegó a rozarme.

Al día siguiente, estando de servicio una compañera, otro interno se le acercó y le pidió que le abriera la sala donde ellos pueden hablar por teléfono.

Ella fue a coger la llave y se dirigió hacia el lugar para abrirlo, y otro compañero, desde el despacho, pudo ver cómo el interno que me había hecho eso, que estaba sentado tranquilamente viendo la tele, salió tras ella corriendo intentando hacer lo mismo que conmigo: chocarse y rozarse.

Una foto de archivo del centro penitenciario de Aluche.

Una foto de archivo del centro penitenciario de Aluche. EFE

La situación no quedó ahí. Este recluso no se limitó a forzar choques 'accidentales' con funcionarias, sino que al día posterior de esta última situación que describe María, cruzó todos los límites con una profesora que da clases a los internos.

"A esta profesora se le acercó y le acarició la piel sin su permiso. Y ahí ya se tomaron medidas con él y lo cambiaron a otro módulo".

Pero esta no fue la única situación violenta que María vivió con un interno. En otra ocasión, tuvo un grave desencuentro con un recluso al que había impuesto dos partes por mal comportamiento.

"Tras ponérselos, pasó varios días sancionado en otro módulo. Al cabo de varias semanas él me vio entrando al centro penitenciario y tras la cristalera me señaló con el dedo y me empezó a insultar mientras movía la cadera, como diciendo 'ven, que te voy a follar'".

P.– ¿Considera que las Administraciones deberían tomar medidas para protegerles de este tipo de incidentes?

R.– La Administración no tiene culpa, está intentando lidiar con el modelo de interno que tiene. La cuestión no es sacarnos a nosotras del cuerpo ni ponernos en funciones. Yo soy funcionaria de prisiones, sé dónde me meto, he superado unas oposiciones, unas prácticas, una academia. No puedes salvaguardarme. Que sí, que soy mujer, pero no débil .

A lo que me vengo a referir es que no creo que la Administración lo esté haciendo mal. Hace lo que puede dentro del modelo de interno que tiene. ¿Nos van a sacar de los módulos? ¿Saldrían ganando ellos, no? Solución tampoco veo, es ser conscientes de dónde trabajamos.

Agresiones en España

Desde la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP) explican a este diario que los datos de agresiones en clave nacional todavía no están disponibles.

Sin embargo, fuentes de esta entidad anticipan que, en base a sus previsiones, "las cifras van a ser de récord, o casi de récord".

"La conflictividad es cada vez mayor, y hemos vivido este año varios episodios graves de agresión sexual a compañeras".

Para mejorar el estatus de los funcionarios de prisiones, desde ACAIP reclaman que el Estado les conceda el estatus de agentes de la autoridad. "Llevamos años reclamándolo, se trata de una cuestión que está paralizada en el Congreso desde hace mucho tiempo".

"Además, también abogamos por la puesta en marcha de un nuevo protocolo de prevención de la agresión que tenga en cuenta la perspectiva de género cuando se producen las agresiones para poder combatirlas desde el germen".