Espido Freire posa para la cámara de EL ESPAÑOL.

Espido Freire posa para la cámara de EL ESPAÑOL. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

Reportajes

Espido Freire: "Los textos que genera ChatGPT son mediocres, detecta qué gusta y dónde está la mediana, no lo sobresaliente"

La escritora reflexiona sobre el uso de ChatGPT en la literatura, así como sobre su biografía y su breve trayectoria en la música durante su juventud: "Me faltaba la posibilidad de contar mi historia, que es lo que me gusta de escribir".

Otras historias: Susanna Griso: "El chavismo, el independentismo y los extremismos han orquestado campañas contra mí; tengo la piel de rinoceronte".

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¿Quién conquista dos veces el éxito en dos disciplinas tan altas como la música profesional y la literatura? ¿Quién se baja de la primera gloria porque en realidad el cuerpo le pide otra cosa? Por ejemplo, aunque ciertamente sea un ejemplo inusual, Espido Freire.

Fue cantante lírica con Josep Carreras, con quien recorrió casi toda Europa hasta los 19 años. A los 14 ya había cantado en el Vaticano, en el aula Paolo VI, pero su voz de soprano ligera no hacía lo que más añoraba: contar su propia historia.

Había escrito desde niñísima y a los 25 obtuvo el Premio Planeta por Melocotones helados, así que fue la mujer más joven en alcanzar el hito. A sus 51, lleva más de 40 obras publicadas y la IA ha alimentado -sin permiso- sus motores con treinta de ellas, por lo que Espido plantea una demanda junto a otros autores.

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

Su opinión sobre la nueva herramienta está formada por debates y estudios universitarios, por su labor como docente y por su experiencia como jurado de varios premios literarios (spoiler: se están presentando a mansalva obras escritas con ChatGPT).

Un poco bovarista, con esa sublimación suya -y de tantos autores- del amor a través de la literatura, Espido sostiene aún la voluntad de vivir el rojo bermellón de lo romántico.

Para contrarrestar, dice que busca parecerse cada vez más a su padre -que era "sensato, pragmático, muy lúcido"- porque, desde que este le falta, nadie pone suelo a la niña etérea que aún la habita. Así que recrea a diario ese sonsonete de recordatorios prácticos que nos salva la vida, nos guste o no.

PREGUNTA.– Dice en su Guía de lugares que ya no existen, con la que ha ganado el XX Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes, que Bilbao, su Bilbao natal, fue el primer lugar que perdió tras la grave riada de 1983. ¿Cómo recuerda aquello?

RESPUESTA.– Acababa de cumplir los 9 años y vivía en el valle de Ayala, en Llodio, a 20 kilómetros de Bilbao. La riada fue muy específica, tanto del flujo como de reflujo del río, de la marea, de la propia lluvia que no cesaba.

Cuando sucedió, estábamos en Galicia porque mi abuela se estaba muriendo, de modo que cuando llegamos de vuelta a Bilbao ya todo había ocurrido: vimos el limo, la devastación… Y justo el día en que fuimos murió mi abuela de madrugada, así que tuve que volver a Galicia con dos duelos encima.

Fue la primera muerte en la familia y dejó una herida muy profunda. A partir de ahí, la crisis, que ya asomaba las orejas, asoló de una forma muy profunda a toda esa comarca.

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– Y cuentas que afectó tu salud por los metales pesados que anidaron en el cieno, que no has vuelto a saber lo que significa respirar sin esfuerzo. ¿Os indemnizaron de algún modo?

R.– Por suerte mi familia no tuvo una afectación directa, sí la tuvo la fábrica en la que trabajaba mi padre. Estamos hablando del año 83, y a partir de ahí yo desarrollé una serie de problemas con el sistema inmune, que arrastro: fue la herida personal que se unió a la familiar y a la del paisaje.

P.– Pensaba que muchos de los lugares que reflejas en el libro han cambiado, ya no son los que eran, porque ahora reflejan una apariencia de dolor. Con la DANA de Valencia también muchas personas perdieron su sueño de paz en su territorio.

R.– Es inevitable cuando se habla de tragedias que han transformado una zona no pensar en la DANA y en la brutal devastación que eso supuso. Pero también aparece la guerra en el libro, aparece Damasco y quizá la forma más brutal de acabar con un paisaje -como hemos visto ahora con Gaza-, que es la acción directa y violenta del hombre.

P.– Damasco, un lugar que defines como tan vibrante, cuando lo conociste.

R.– Claro. Estaba lleno de gente joven, como ocurre con toda esa franja mediterránea, que no está tan envejecida, y en la que ocurren muchas cosas mientras nosotros miramos hacia otro lado, o lo vemos sólo con la mirada de quien teme la inmigración o del turista que va a absorberlo. Damasco para mí fue un antes y un después, y también estuve en Egipto unas semanas antes de la revolución… Me coincidió que en toda esa zona del litoral mediterráneo me iba librando por poco: yo llegaba y en poco tiempo estallaba la revolución, ¡no busquemos causas directas! (el humor asoma por una esquina del tono serio de Espido).

P.– El libro, más allá de todo ese dolor, de lo que da cuenta es de tu modo de viajar, el de una persona que lo ha hecho sin parar desde la adolescencia. Fuiste cantante lírica con Josep Carreras, y cantaste en el invierno del 88 nada más y nada menos que en el Vaticano…

R.– Sí. Con 14 añitos, en el aula Paolo VI del Vaticano. Con 14 años, ¡lo normal! (ironiza).

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– ¿Cómo son tus recuerdos de ese entonces? He escuchado que, pese al éxito tremendo, a que todos te consideraran una niña prodigio, sentías que te faltaba algo…

R.– Mira, digo lo de "lo normal" en broma, pero no es del todo broma. Cuando tienes catorce años lo que te ocurre es lo normal, porque no tienes comparación. Y si tienes determinados sueños de grandeza, que yo siempre tuve (era una niña fantasiosa y que aspiraba a vivir aquello que leía, sobre todo), el hecho de que ese camino te dirigiera hacia ahí, parecía lógico. Es de adulta ya cuando tomas otra conciencia de que eso es algo extraordinario que no le pasa a la mayoría de la gente.

En el mundo de la música en general, a mí me faltaba la posibilidad de contar mi propia historia, que es lo que me gustaba de escribir, y lo que me sigue gustando, ser narradora, creadora. Son trabajos altamente vocacionales, y si tu vocación no es tan decidida como la del resto, es mejor que te apartes.

P.– ¿Hasta cuándo cantaste profesionalmente?

R.– Hasta los 19.

P.– Supongo que ya escribías, porque a los 25 ganas el Planeta… En seis años cambiaste de un éxito apabullante a otro.

R.– Eres muy amable, pero lo de apabullante siempre hay que colocarlo en su lugar. Yo había empezado a escribir, como les pasa a la mayor parte de escritores, a los 8 o 9 años. Incluso antes ya tenía redacciones y cuentos… Mi primera fantasía de novela la empecé a escribir en cuarto de EGB., una novela histórica llena de drama, y también otra que era una continuación de Hamlet.

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– Todos aquellos viajes para cantar, siendo tan joven, debieron de ser de enorme enriquecimiento. Más todo lo que has viajado después como autora.

R.– Sí, yo lo comentaba el otro día con unos amigos, la eterna discusión acerca de la masificación del viaje. Muchas veces abrazamos posturas un poco elitistas, y es cierto que el viaje transforma siempre, pero no podemos esperar que todo el mundo lo perciba del mismo modo que nosotros.

Muchas personas dicen que la ignorancia o el paletismo se curan viajando: no es cierto, a veces, de hecho, se agravan.

P.– Hablabas antes de tus padres, ¿qué tienes aún de ellos?

R.– Sí. Pues de mi padre, de quien en principio tenía poco -físicamente más, pero emocionalmente menos-, desde que murió hace dos años noto hasta qué punto me parezco a él. Hasta qué punto he querido parecerme a él. Porque él era una persona pragmática, muy sensato, muy lúcido, y a mí me faltaba todo eso: yo era alocada, creativa, fantasiosa, hipersensible, etérea… (dice la retahíla con tono bromista).

P.– Tengo aquí un fragmento, en este caso, de tu obra Quería volar: cuando comer era un infierno: "Pienso en las barbaridades cometidas en nombre de la belleza, la virginidad o el papel de la mujer, y ninguna, salvo la ablación, me parece más extrema, más dolorosa y grave que la actual obsesión por la delgadez y la juventud". ¿Crees que se están dando pasos desde la sociedad para modificar este espejo?

R.– Hubo un pequeño espejismo de que eso podía ser así, en los últimos años. Y de pronto llegó el Ozempic, y la impresión de haber retrocedido algunos de los pasos dados para un mayor respeto a diferentes aspectos físicos, edades o razas… Tenemos todas proyectado de una forma terrible ese cuerpo normativo, y muchas veces no es sano, no es sostenible en el tiempo, y sobre todo se consigue a costa de sufrimiento, de una inversión de tiempo, dinero y energía enorme. Y me temo que estamos en un momento de retroceso.

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– Hice para este periódico un reportaje sobre el Ozempic, entrevistando a varias personas que lo tomaban: a algunos les había funcionado mejor que a otros, pero desde luego todos querían que les hiciera efecto.

R.– Nada en contra, por supuesto. Yo he oscilado en distintos pesos, pero nunca he tenido sobrepeso y no me puedo imaginar qué significa tener una obesidad, incluso mórbida, desde niña, y qué sufrimiento implica y qué percepción de ti misma lleva a tener.

Y si eso de una forma mágica -como siempre nos han ofrecido las dietas y los tratamientos- desaparece en unas semanas, la tentación no solo es enorme, es que es humana. El problema es sobrevenido, no centro la responsabilidad en las personas ni mucho menos, sino en ver qué efectos tiene, vamos a ver qué gana a qué, y sobre todo está la idea de que no hemos conseguido que esas personas se pudieran sentir a gusto, medianamente a gusto, en un cuerpo diferente. Ahí está el fracaso.

P.– También quería preguntarte si piensas que en tu caso concreto, y en el de otras víctimas a las que has conocido y entrevistado, pesó más una cierta determinación (ya desde muy pequeña te negabas a comer)...

R.– Sí, de bebé. Se lo hice pasar regular a mis padres…

P.– O el entorno social a partir, sobre todo, de la adolescencia y de ese mundo de exigencias que retratas.

R.– Hombre, si no tuviéramos el canon estético de belleza actual, los casos de trastornos de la alimentación serían una ínfima parte de los que son.

Es cierto que seguiría habiendo, porque la psiquiatría los ha estudiado desde hace muchísimo tiempo, como es el caso de la anorexia ascética, que tiene que ver con razones de espiritualidad y está asociada a ascetas, a anacoretas, a santos…

Es difícil que recuerdes ahora mismo a un santo gordo. Por ejemplo, Santa Teresa de Jesús advertía mucho contra eso: "Comed, comed proteína, estad fuertes, no penséis que por ayunar más y por mortificaros más, vais a ser más santas".

Entonces había esa asociación al ascetismo, pero el detonante principal tiene que ver con el canon estético, así que si fuéramos capaces de ampliar o modificar ese canon estético tendríamos otro tipo de dolencia.

A todo eso, añádele que la razón principal de la anorexia y la bulimia tiene que ver con el nivel de exigencia, que incluye el físico. Es muy interesante el hecho de que ser homosexual en mujeres actúa como un elemento protector, mientras que el hecho de ser homosexual en varones es un agravante.

Hay que ver en quiénes estamos depositando esas exigencias: mujeres muy jóvenes y algunos chicos, de los que la mayor parte no encaja con algo tan claro como es su apariencia física o su orientación sexual.

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– Sobre esto, tienes también una faceta muy importante que es tu perfil en redes sociales. En 2017 recibiste el premio Influencers por tu labor de difusión cultural en esos medios digitales. ¿Qué es lo mejor y lo peor que tienen para ti las redes a día de hoy, en este aspecto y en otros tantos?

R.– De bueno tiene la toma de poder. Tiene el hecho de que puedes mostrarte al mundo siendo totalmente anónima, o conocida, pero como tú desees, no como los demás te configuran.

Es la primera vez en la historia de la humanidad en que podemos hacer eso, es la primera vez en la historia de la humanidad en que una mujer pobre puede sacarse su propia foto, y lo puede compartir o no. Si hablamos de iconografía, el concepto de autorretrato está muy ligado a la mujer porque las pintoras muchas veces no tenían modelo.

Es la primera vez que podemos compartir la imagen que nosotros deseamos, con quienes nosotros deseamos, más o menos (luego no sabemos adónde llega). Eso es una idea de toma de conciencia y de existencia, de ciudadanía incluso, que me parece muy interesante.

También me parece muy interesante poder atisbar otras vidas. Yo cuando entré en Instagram bicheaba mucho y siempre dejaba algún corazoncito, algún like, porque me parecía feo ver otras vidas sin decir nada.

P.– Y de las redes, al ChatGPT. Muchos escritores dicen que lo usan para estructurar...

R.– Eso es lo que dicen. "No, no, la puntita nada más". "Soy demasiado brillante, pero para estructurar…" (con sorna). Si no estructuras bien, amigo, no eres muy brillante.

A ver, esta va a ser una respuesta sincrónica, no sé qué opinaré en seis meses con la rapidez a la que esto está cambiando, pero a día de hoy considero que lo que aporta un creador a ChatGPT o a cualquiera de las Inteligencias Artificiales no sólo no tiene un valor real, sino que genera un importante peligro.

Hablo del artista, hablo del creador, hay muchos otros espacios de trabajo en los que sin duda está permitiendo un avance extraordinario. Pero el proceso artístico es individual, y por mucho que lo intentemos ligar a la herramienta, no sólo es herramienta.

Es verdad que yo escribo con mayor facilidad desde que tuve un ordenador, pero aquí no hablamos de eso: la herramienta principal con la que escribes la estás cediendo a otro intermediario, y sobre ese intermediario no tienes el control que crees.

Espido Freire conversa con la periodista de EL ESPAÑOL.

Espido Freire conversa con la periodista de EL ESPAÑOL. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– No sabes dónde va a acabar.

R.– En mi caso, tanto las inteligencias artificiales estadounidense y española han usado hasta una treintena de mis obras. Sirvo de alimento.

P.– ¿Cómo las han usado?

R.– Los autores, en España y fuera de España, estamos planteando una demanda multitudinaria porque nuestros textos, sin permiso, han sido empleados para entrenar las inteligencias artificiales.

Puedes comprobar a través de un listado que se ha hecho público si estás o no estás. Melocotones helados, todas las últimas, las infantiles, las juveniles… Están ahí sin mi permiso.

Entonces a mí eso ya me plantea un debate ético importante: no es lo mismo que tú leas esas obras y se pueda detectar que hay un plagio determinado y eso sea punible, a que estés usando una herramienta que ya cuenta con todo eso, y cuyo único fin es un incremento de la productividad.

Lo que quieren es escribir más rápido para contentar una demanda que exige una novela al año.

P.– ¿Y qué piensas de la calidad de los textos generados con esas inteligencias entrenadas?

R.– Los textos que genera ChatGPT en estos momentos, hasta donde he podido comprobar, son muy mediocres. Son textos correctos en algunas ocasiones -en otras no-, pero son textos en los que se detecta qué es lo que puede gustar, se detecta dónde está la mediana, no lo sobresaliente.

En la universidad estamos haciendo experimentos muy interesantes: someter textos propios y otros de la IA a lectores y a críticos para ver cuáles les gustan más. Hasta la fecha ha ganado la mente humana, pero vamos a verlo.

En el último debate que tuvimos entraba esta reflexión: el hecho de que en un momento dado les empiecen a gustar más a los lectores esos textos no nos dice que la IA lo haga mejor, lo que nos dice es que estamos perdiendo algo que es esencial en la Literatura y que es la voz propia.

Y lo estamos haciendo a favor de la capacidad comercial de un autor. Es decir, cada vez más autores se están convirtiendo en una marca blanca, son indistinguibles unos de otros, y es la trama y los personajes los que priman, pero no la voz. Y ahí estamos siendo muy susceptibles de ser intercambiados por algo mucho más barato, que es la IA.

Yo creo que el gran peligro para el creador radica ahí, por mucho que a corto plazo no lo estemos viendo, y que sea divertido. Yo no estoy a priori en contra de la IA, no soy una ludita, pero sí me ofrece en estos momentos muchísimas dudas acerca de cómo se debe usar.

Espido Freire.

Espido Freire. Cristina Villarino EL ESPAÑOL

P.– ¿Cómo lo está viviendo como docente?

R.– En la universidad hemos tenido que limitar, primero, su uso, y después, prohibirlo, porque los alumnos no hacían caso.

P.– ¿Entregaban trabajos hechos con IA?

R.– Alumnos de Creación Literaria entregaban sus ejercicios y trabajos finales entretejidos de IA, porque han asumido que así es cómo se escribe. Te decían "¿Por qué no? Si es más rápido". "¿Por qué no? Si lo único que hace es corregir".

Ya, pero es que tú tienes que desarrollar la capacidad de corregir, amigo, porque antes o después te vas a convertir en un artesano de alta costura, y eso no se hace a máquina. Mi obligación, y es lo que hago, es reconocer los tics de quienes la usan. Y no sólo como docente, sino por ser jurado de múltiples premios.

P.– ¿Ahí también lo estás notando?

R.– ¡Claro! Claro. No solamente hay un aluvión de nuevas obras, que se hacen muy rápidamente porque no se escriben con un esfuerzo humano, sino porque la estructura y el estilo están invadidos.

En RNE cada martes tenemos un espacio en el que hay un concurso y luego doy una pequeña charla de creación literaria, y ya hemos tenido que insistir varias veces en que no empleen IA, porque son microcuentos, y ahí lo ves inmediatamente porque el malabarismo que tiene que tener la narración hiperbreve todavía no lo sabe copiar. La reiteración de frases, el uso favorito de determinados adjetivos…

La poesía es el ejemplo perfecto del talento aleatorio humano, de la mirada propia. Da igual lo bien que domines el lenguaje, el poeta es alguien que mira, y que finge, según Pessoa, entonces ahí es catastrófico. En las novelas puede pasar más enmascarada, pero en lo de estructurar es un desastre.

De todos modos, no todos mis amigos escritores opinan lo mismo que yo. Al contrario, hemos tenido unos debates en los últimos años internos muy importantes, porque hay personas que consideran que para documentar, para estructurar, para diálogos… les ahorra tiempo. Aunque ellos luego supervisen. También es cierto que son autores que trabajan subgénero, y muchas de las exigencias de esa voz propia están supeditadas al propio subgénero.

P.– Aunque así fuera, la propia labor de documentación trae aparejada emociones que luego vas a llevar a tu estilo.

R.– El hallazgo. Mira, hubo un momento en que alguien me dijo "cuando empieces a utilizar IA lo reconocerás". Pero le dije que estaba dando por sentadas dos ventajas: una es la rapidez del proceso, pero yo el año pasado publiqué cuatro libros, no debo escribir más rápido.

Y, por otro lado, el proceso de escritura es una de las cosas que más disfruto. Hay gente que tiene pánico a la página en blanco, hay gente que no tiene tiempo… pero es que yo me dedico a ello, no veo ninguna de las dos razones principales para utilizarla.

Si luego hay algún tipo de ventaja sobrevenida, el chip de Matrix, que puedas de repente hablar armenio, pues fabuloso. ¿Sabes el tiempo que he pasado yo aprendiendo y olvidando idiomas? O comprender teorías de lo que sea. ¡Que me lo chuten! Pero dentro del proceso creativo en estos momentos, para mí genera profundas objeciones éticas.

P.– Las dos últimas, que quizá sean la misma. ¿Qué es para Espido Freire la amistad a los 51?

R.– La amistad para mí tiene mucho que ver con el concepto de la trama de una tela y de los hilos que la forman. Lo que yo soy se entreteje con otros hilos, y esos hilos son mis amigos: los que están, los que han estado y los que, con un poco de suerte, estarán en otro momento de mi vida.

No todos se han mantenido, por fallecimientos, por desencuentros, por abandono, porque la vida te va alejando. Pero para mí la amistad es una parte tan absolutamente integral de la vida que no sería yo sin haber pasado por esas experiencias, que en algunos casos han devenido en amor, y en otros casos, al contrario, el amor se ha transformado en amistad. Algunos de mis amigos más queridos son antiguos amantes, antiguas parejas.

P.– ¿Y el amor?

R.– El amor es otra cosa, porque tiene mucho de construcción, de construcción literaria, de hecho. En un momento determinado un poeta dijo algo y fue escuchado, y quisieron imitarle, y quisieron llevar a cabo aquello que solamente eran palabras, solamente era una fantasía.

Entonces el amor, y hablo del amor de pareja -no tanto el amor filial, que nace de otra fuente- tiene que ver con la voluntad de vivir una experiencia extraordinaria, mientras que la amistad no, no requiere de eso.

P.– Me decía Manuel Vicent que la amistad es azul.

R.– Exactamente, la amistad es azul y el amor es un rojo intenso, bermellón. Y en mi caso, al menos, siempre ha habido una voluntad de alejarme de la vida que tenía en aquellos momentos para que todo saltara por los aires e irrumpiera el amor.

Y si no quería, iba yo a por él, "no te preocupes, ya te convenceré yo de que estás enamorado". Y lo cierto es que la mayor parte de las veces la vida no salta por los aires porque, como en todo lo generado por la imaginación, hay una subida y una bajada, y sobre todo no es real, es otra cosa.

Es como los lugares que no existen, deberíamos escribir alguna vez la Guía de los amores que no existen. Vargas Llosa hablaba del bovarismo, de esa capacidad de intentar evocar a través de lo literario el amor.

Es así para muchos escritores, y creo que todavía a mis 51 años existe esa capacidad redentora y destructora en el amor, pero sobre todo existe la voluntad de vivirlo, más que la experiencia de vivirlo.