El crimen de Lacey Fletcher

El crimen de Lacey Fletcher Redes sociales

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La moda que 'mancha' TikTok de la mano de la IA: víctimas de asesinato narran su propia muerte

En los últimos tiempos, varias cuentas se han hecho muy conocidas en redes sociales por crear vídeos a través de Inteligencia Artificial en los que las personas asesinadas, especialmente menores, cuentan sus crímenes. 

14 septiembre, 2023 17:56

Las redes sociales se han convertido con el paso de los años en plataformas capaces de tener un lado positivo, pero también uno muy negativo. En el lado bueno de la historia está la posibilidad de comunicarse y socializar para ofrecer nuevas formas de entretenimiento. Sin embargo, el lado opuesto se sitúan otras prácticas mucho más peligrosas. Junto a estas se sitúa una nueva tendencia que relaciona a TikTok con la IA y que abre un pequeño camino entre lo macabro y lo misterioso. 

Esta situación se produce cuando técnicas como la Inteligencia Artificial entran en juego en el campo de las redes sociales. Así es como se ha ido consolidando con el paso de los meses un tipo de contenido que se ha hecho habitual de TikTok y que está generando terror y pánico, pero a la vez atracción, en muchos usuarios. 

La nueva tendencia que arrasa en TikTok, la red social que se ha hecho famosa por mostrar una gran batería de vídeos en pocos segundos, tiene que ver con recreaciones de situaciones escabrosas, pero contadas por protagonistas que murieron en ellas. Así es como han nacido los crímenes contados por sus propias víctimas. 

Víctimas de asesinatos cuentan sus propias historias gracias a la IA

Hay una tendencia que está colapsando las redes sociales de manera frecuente, y en especial TikTok, que es la recreación de historias de asesinatos truculentos. Son muchos los amantes de este tipo de historias. Tradicionalmente, estos casos se consumían este a través de novelas y después mediante películas, documentales o series de televisión.

Sin embargo, los tiempos avanzan y este tipo de consumo se ha trasladado también a las redes. Pero algunas de las cuentas que recuperan estas historias han llevado su fascinación por los crímenes hasta un extremo casi preocupante. Para ello han creado vídeos generados por sistemas y aplicaciones de Inteligencia Artificial en el que son las propias víctimas quienes cuentan la historia de sus crímenes.

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A menudo, estos casos están protagonizados por menores. Una circunstancia que, además de generar una gran psicosis para los aficionados que consumen estos vídeos entre la atracción y el pánico, supone también un trauma irreversible para las familias que han vivido en sus propias carnes el trance de haber perdido a un marido, una esposa, un hijo o hija o todo un núcleo en su conjunto.

La situación se ha convertido en una cuestión tan preocupante que la prestigiosa revista Rolling Stone decidió hacer un seguimiento de esta tendencia. En ella, el profesor Paul Bleakley, asistente de justicia penal en la Universidad de New Haven, advertía sobre la gravedad de la propagación de estas aficiones. 

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"Son bastante desconcertantes y aterradores. Parecen diseñados para desencadenar reacciones emocionales intensas porque es la forma más segura de conseguir clics y 'me gustas'. Es incómodo de ver, pero creo que ese es el punto". Gracias a este tipo de contenidos, cuentas como truestorynow y Nostalgia Narratives se han convertido en auténticos fenómenos que ofrecen de manera periódica nuevos materiales a sus seguidores. 

Estas cuentas tienen miles de aficionados y publican vídeos en los que son las víctimas de los asesinatos, quienes explican con frialdad y realismo lo que sucedió en los casos en los que perdieron la vida. Algunos presentan a víctimas icónicas como George Floyd, el ciudadano americano de raza negra que murió asfixiado por un policía tras su detención, pero en la mayoría de casos representan trágicas historias de menores ajusticiados.

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La polémica está servida porque en muchos de estos casos, los creadores de estos contenidos utilizan fotografías y documentos reales para generar estos vídeos por Inteligencia Artificial. Estas nuevas piezas se denominan deepfakes. Estos contenidos, además, se crean intentando escapar de las normativas de las redes sociales. 

El uso de estas imágenes está prohibido en TikTok. Las directrices de la comunidad de la plataforma prohíben las representaciones falsas de personas privadas o jóvenes. Por ello, muchos de estos vídeos solo están en el aire unas horas, hasta que son pillados y retirados. 

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El profesor Paul Bleakley afirma lo siguiente: "Algo así tiene un potencial real para revictimizar a las personas que ya han sido víctimas antes. Imagínate ser el padre o un pariente de uno de estos niños en estos videos de IA. Enciendes internet y, con esta voz extraña y chillona, aquí tienes una imagen de IA basada en tu hijo fallecido, que entra en detalles gráficos sobre lo que le sucedió".

De momento, vídeos como estos siguen siendo completamente legales. No existe una ley que prohíba explícitamente las imágenes y vídeos falsos sin consentimiento. Y aunque las familias de las víctimas de asesinato pueden encontrar molestos estos ya famosos deepfakes, no hay un recurso legal claro que puedan tomar. Eso sí, TikTok ya ha dado de baja cuentas como la mencionada truestorynow, la cual contaba con más de 50.000 seguidores. 

¿Quién fue Lacey Ellen Fletcher y cómo fue su caso?

Uno de los casos que más se ha viralizado y que ha provocado que se aumente el seguimiento sobre este tipo de contenido es la recreación del relato de Lacey Ellen Fletcher, una joven de 36 años de Louisiana, sobre su propia muerte. Su testimonio, aunque sea producto de la Inteligencia Artificial, hiela la sangre. 

Lacey Ellen Fletcher nació el 25 de noviembre del año 1986 en la ciudad de Slaughter, en el estado de Louisiana, Estados Unidos. Su padre era Clay Fletcher y su madre Sheila Fletcher, de 65 y 64 años respectivamente. Lacey era una joven muy divertida, activa, inteligente y muy querida por todos sus amigos. 

Durante su juventud y adolescencia, dos aspectos marcaron su camino. Uno fue su pasión por el deporte, especialmente por el voleibol. El otro, su pasión por Disney. Mientras la mayoría de sus amigas ya estaban pendientes de salir de fiesta y de los chicos, ella prefería pasarse horas viendo sus películas infantiles favoritas. Esto era así porque Lacey Fletcher padecía el Síndrome de Asperger, un trastorno dentro del desarrollo de espectro autista que afecta la interacción social, la comunicación verbal y no verbal.

Los psicólogos indicaban que padecía ansiedad social. Sus padres, desoyendo las recomendaciones de los especialistas de internar a la joven en un hospital, decidieron sacarla del colegio y continuar su educación en casa cuando solo tenía 14 años. Poco después, los médicos dejaron de saber de ella. También sus amigos e incluso sus vecinos. 

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La situación se agravó tanto que sus amigos más cercanos pasaron más de 15 años sin volver a ver a Lacey a pesar de que acudían a menudo a su residencia para interesarse por su estado. Sin embargo, sus padres nunca más la dejaron volver a tener contacto con ninguno de ellos.

De repente, tras décadas de silencio y ausencia, la madrugada del 3 de enero del año 2022, su madre realizó una llamada al teléfono de emergencias alertando de que su hija se encontraba inconsciente y sin poder respirar.

Los servicios sanitarios llegaron hasta el domicilio de Lacey y desde la puerta les alertó un fuerte olor a putrefacción. Efectivamente, allí hallaron su cuerpo, sentado en un sofá, con los hombros hundidos y totalmente demacrada. Estaba prácticamente deformada, inclinada hacia el lado izquierdo, pero con su brazo derecho totalmente dislocado a la altura de su cuello. Su cuerpo presentaba llagas en cada centímetro de su piel

Los médicos que analizaron el cuerpo concretaron que Lacey podría haber pasado más de 12 años en aquel sofá sin moverse. Los padres fueron acusados de asesinato en segundo grado, encarcelados y propuestos a cadena perpetua, aunque más de un año después todavía no se sabe si cumplirán esta condena o si conseguirán probar su inocencia en lo que se conoce como uno de los casos de muertes agónicas más dolorosos que se recuerdan.