Carlos Bejarano, en una foto familiar, y en el suelo cuando era reducido por dos guardias civiles, en el vídeo que grabó su padre.

Carlos Bejarano, en una foto familiar, y en el suelo cuando era reducido por dos guardias civiles, en el vídeo que grabó su padre. Ángel Bejarano

Reportajes

Carlos se quedó en coma cuando la Guardia Civil lo redujo tras un aviso de su padre: murió a los 7 días

El padre denunciante y su abogado sostienen que dos agentes usaron una fuerza desproporcionada al reducir al hijo, alterado por la cocaína. En la Guardia Civil dicen que no hay causa-efecto de la detención en su muerte.

10 noviembre, 2022 01:58
Sevilla

"Llamé a la Guardia Civil para que me ayudaran con mi hijo, pero en vez de ayudar, lo mataron", sintetiza lapidariamente Ángel Bejarano Romero al atender a EL ESPAÑOL. Este padre de 71 años entró en Twitter por primera vez hace unas horas para denunciar públicamente la muerte de su hijo Carlos Bejarano Gallardo, de 37 años, el mediano de los tres que tienen Ángel y su mujer, Ana María. Por el contrario, una fuente de la Guardia Civil conocedora de la investigación responde a este diario que la actuación policial fue correcta y no desencadenó el fatal desenlace.

No lo cree así Ángel Bejarano. En su mensaje en esta red social, que publicó el martes 8 de noviembre a las 7.35 de la tarde, culpa de la muerte de Carlos a los guardias civiles que lo redujeron "de manera brutal" en la puerta de su casa en Mairena del Aljarafe (Sevilla). La detención se produjo en la tarde del 12 de septiembre pasado y su hijo murió en el hospital una semana más tarde, el 19, sin despertar del coma. Como prueba acusatoria, el padre ha publicado un vídeo de 26 segundos formado por tres tomas que él mismo grabó con su móvil.

En su relato a este periódico este miércoles, horas después de divulgar su denuncia por homicidio, Ángel Bejarano explica que Carlos trabajaba como conductor de un furgoneta-grúa de la aseguradora Mapfre, estaba soltero y vivía con sus padres en la casa familiar. Es un adosado en la calle Camilo José Cela de Mairena del Aljarafe, una tranquila zona residencial. La grúa la aparcaba enfrente. En la tarde del lunes 12 de septiembre, Carlos llegó de trabajar, pero completamente cambiado: "Venía drogado. No nos habíamos dado cuenta de que tomaba drogas", dice su padre. Los análisis que le hicieron en el hospital luego revelaron que había ingerido "cocaína y hachís", añade.

Carlos Bejarano Gallardo, con el camión grúa que conducía.

Carlos Bejarano Gallardo, con el camión grúa que conducía. Cedida por Ángel Bejarano

Su hijo mediano, del que dice que no tenía ningún antecedente policial, se presentaba ese día en casa alterado, agresivo, nervioso, violento. Hubo una discusión en el hogar. Carlos gritó, dio un golpe en una mesa, pero no agredió a sus padres, según precisa en otra conversación con este diario el abogado de la familia, el penalista y doctor en Derecho Luis Romero. Los padres, sigue contando Ángel Bejarano, echaron a su hijo fuera de casa y el progenitor llamó al teléfono 062, el de la Guardia Civil. Hay un puesto en Mairena del Aljarafe, pero no sabe si la patrulla con dos guardias que acudió, pasado "bastante tiempo", eran de aquí o de otro municipio cercano. 

Los dos guardias entraron a la casa a hablar con los padres sobre las 20.20 horas. Mientras, desde la calle, Carlos lanzó un martillo o herramienta semejante que impactó contra la puerta, sin alcanzar a nadie, puntualiza Ángel Bejarano. Añade que los dos agentes salieron y redujeron a su hijo, que tenía las manos desnudas, tirándolo al suelo en el asfalto de la calle. "Era brutal, se liaron a pegarle, dándole porrazos en la cabeza y todo el cuerpo", afirma. Luego, ya en tierra, se subieron sobre él para esposarlo con las manos por detrás.

"Cuando me di cuenta de que eso no era normal, me puse a grabar" con el móvil, dice. Empezó a grabar cuando los agentes ya tenían sujeto boca abajo a Carlos en el suelo y forcejeaban con él para ponerle unas esposas plateadas, con uno de los guardias sujetándolo por el cuello. En el vídeo se ve a su hijo removerse agitado en el asfalto y zafarse con el brazo derecho, hasta que se queda inmóvil. Señala el padre que es ahí cuando perdió el conocimiento, dice que asfixiado por la presión. Su agitación por la detención se sumaba a la que ya tenía por el consumo previo de cocaína. En ese trance, una segunda pareja de guardias, formada por una mujer y un hombre, se sumó a sus compañeros para ayudarlos a terminar de reducir a Carlos.

Reanimación maniatado

Los mismos guardias que habían acudido a la llamada de socorro del padre por la alteración de su hijo drogado, y que lo habían reducido en el suelo, comenzaron la maniobra de reanimación cardiopulmonar, mientras acudían los servicios médicos de emergencia a los que habían llamado. Pero los agentes, según denuncia el padre, practicaron los primeros auxilios manteniendo al detenido inconsciente tumbado en el suelo con las manos esposadas a la espalda.

Dice el denunciante que así se puede ver en otro vídeo mucho más largo, de unos 28 minutos de duración, que grabó a continuación de la escena publicada y que recoge la actuación de los agentes en la reanimación y la llegada de dos ambulancias. Aclara que este vídeo no lo ha publicado aún porque no ha podido pixelar las caras de los guardias, como sí ha hecho en el que ha difundido, pero espera aportarlo a la investigación judicial.

"Las ambulancias tardaron mucho en llegar, los minutos están recogidos en el vídeo", dice Bejarano. Precisa que primero llegó una ambulancia local pero no medicalizada, cuyo equipo instó a los guardias a quitarle las esposas al hombre y tomaron el relevo en la maniobra de reanimación. Más tarde llegó una ambulancia medicalizada, que estabilizó a Carlos y lo trasladó a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del cercano Hospital de San Juan de Dios, en el vecino municipio de Bormujos. El paciente no despertó del coma. Una semana después, los médicos le retiraron la respiración artificial y murió el 19 de septiembre.

Ese mismo día, los padres presentaron en el juzgado de guardia de Sevilla (esa jornada lo estaba el nº14) una denuncia contra los guardias civiles y el personal sanitario que había intervenido, "como responsables directos de los daños físicos irreversibles con resultado de muerte causados a nuestro hijo".

Carlos Bejarano Gallardo, el vecino de Mairena del Aljarafe (Sevilla) muerto tras ingerir cocaína y ser reducido por guardias civiles.

Carlos Bejarano Gallardo, el vecino de Mairena del Aljarafe (Sevilla) muerto tras ingerir cocaína y ser reducido por guardias civiles. Cedida por Ángel Bejarano

En la denuncia, que ha facilitado el abogado a EL ESPAÑOL tras adelantarla el Diario de Sevilla, los padres admiten que su hijo se enfrentó a los agentes "violentamente", para a continuación destacar que la respuesta policial fue desmedida: "Tratando de reducirlo incluso con defensas metálicas plegables, lo tiraron al suelo y le comprimieron el cuello y el tórax de tal manera que como consecuencia de ello nuestro hijo Carlos tuvo una parada cardiorrespiratoria muy grave de la que ha fallecido en día de hoy, siendo nosotros testigos de todo lo ocurrido". Y añaden: "La asistencia médica necesaria tardó muchísimo tiempo en llegar y cuando llegaron no era de soporte vital".

Piden ver la autopsia

La denuncia por este supuesto caso de abuso policial y negligencia sanitaria ha recaído en el Juzgado de Instrucción número 2 de Sevilla, que ha citado a los padres para el 2 de febrero de 2023 a fin de ofrecerles entonces presentar acciones civiles y penales, cuatro meses y medio después de morir su hijo.

El abogado de la familia, el penalista Luis Romero, critica a la Justicia por lenta: explica que acudió el 28 de septiembre a personarse en el Juzgado como abogado de la acusación particular pero que aún no se lo han reconocido, mes y medio después, por lo que anuncia quejas ante el Consejo General del Poder Judicial y el Decanato de Sevilla si no se remedia la situación en dos días hábiles. 

"No hemos podido aún acceder al expediente judicial con el informe de la autopsia", dice el abogado a este periódico. "Parece el siglo XIX y el 'vuelva usted mañana' de Larra". Luis Romero plantea una causa por homicidio contra los dos guardias civiles, porque al "echar todo el peso de su cuerpo sobre el tronco y el cuello, causaron su muerte". 

Versión de la Guardia Civil

La Comandancia de la Guardia Civil de Sevilla no ha hecho declaraciones oficiales sobre esta denuncia, pero un miembro veterano del cuerpo y cercano a la investigación, que pide anonimato, argumenta a EL ESPAÑOL que la intervención de sus compañeros fue correcta dadas las circunstancias de alteración de Carlos, "que estaba de cocaína hasta arriba" y representaba "un peligro para terceros".

Asegura que los informes médicos del hospital -no se conocen aún los de la autopsia- no vinculan la detención con la muerte de Carlos, y que los agentes usaron su equipo reglamentario. Una persona drogada con cocaína "se vuelve insensible al dolor" y ofrece gran resistencia si intentan detenerla, por lo que este tipo de intervenciones son difíciles, más aún cuando no hay un protocolo exacto sobre cómo actuar, más allá del principio elemental de reducir a un sospechoso violento sin causar lesiones innecesarias, añade en defensa de sus compañeros.

Este caso se asemeja al famoso y polémico Caso Roquetas, cuando ocho guardias civiles del puesto de Roquetas de Mar (Almería) fueron procesados por la muerte en 2005 de Juan Martínez Galdeano, un agricultor corpulento, drogado con cocaína, que murió cuando lo reducían a la fuerza en la entrada del cuartelillo, adonde él había acudido en busca de ayuda, muy alterado, tras un incidente previo.

El proceso se saldó con una condena de un año de cárcel para el teniente, penas de multa para dos agentes y la absolución de los otros cinco acusados. El desarrollo de los acontecimientos dirá si estamos en Sevilla ante el caso Roquetas 2.