La Macarena venezolana de Los del Río se va: no se puede vivir así, en un narcoestado

La Macarena venezolana de Los del Río se va: "no se puede vivir así, en un narcoestado" @aliriovargas

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La Macarena venezolana de Los del Río se va: "No se puede vivir así, en un narcoestado"

Diana Patricia Cubillán, la bailarina que inspiró la mítica canción, está a punto de cerrar su escuela de baile en Caracas tras 23 años.

Diana Patricia Cubillán Herrera (Caracas, 1971) ya era una bailarina de prestigio en Venezuela antes de encontrarse con Los del Río. Pero aquel 12 de octubre de 1991 todos los astros se alinearon. Lo que pasó aquella noche le cambió la vida y la elevó a la categoría de leyenda: un concierto del dúo sevillano en un hotel de Caracas, un mensaje en una servilleta, una improvisación… y Diana Patricia se convirtió en “La Macarena”. Ella fue la musa inspiradora de la canción española más internacional de todos los tiempos. De allí al estrellato. A hacer giras por todo el mundo, a ganar premios y a bailar para presidentes como Bill Clinton. La gloria.

De aquella gloria ya sólo quedan los vestigios. Diana Patricia languidece, como todos los venezolanos, en la situación de asfixia que se vive en el país. Ha iniciado una dolorosa cuenta atrás que concluirá a finales de este año. En los días de vino y rosas fundó en Caracas la academia de baile flamenco “El Rocío”, con la virgen de Almonte como emblema. Fue uno de los estudios de danza más renombrados de Venezuela. Ahora, 23 años y miles de alumnos más tarde, está a punto de cerrarla para siempre.

Macarena le dio a su cuerpo alegría, pero Maduro se la quitó. Como a toda Venezuela. A los que se fueron y a los que se quedaron. “Yo no me quiero ir. Vengo de una familia nacionalista venezolana. Este es mi país. Tenemos de todo, las mejores playas, petróleo, riqueza, talento… Pero Maduro ha convertido esto es un narcoestado. No se puede vivir así. Nos falta lo más esencial para vivir. Comida y medicinas. Sí, yo voy a tener que cerrar mi academia casi con toda seguridad, pero es que ni medicamentos tenemos. Mi madre está mayor, tiene sus problemas de salud y yo tengo que pedirle a mis amigas de España que me manden pastillas”, confiesa en conversación con EL ESPAÑOL

La historia de La Macarena

A Diana Patricia Cubillán Herrera la apuntaron a danza cuando tenía 6 años porque era una niña extremadamente tímida. El baile la transformó. Estudió jazz, contemporánea… y flamenco, el estilo que se acabaría convirtiendo en su gran pasión. Con 14 años, su profesora le dijo a su madre que la niña tenía todas las condiciones para convertirse en bailarina profesional.

A principios de los 90 ya tenía un estatus dentro del mundo de la danza venezolana. Tanto, que la contrataban para numerosos eventos organizados por la alta sociedad. Arrancaba la nueva década y Venezuela era un país rico y moderno, que producía culebrones para televisiones de todo el planeta. Un sitio en el que actuaban los artistas de lengua hispana más importantes del mundo.

Diana Patricia, con los del Río en una foto de archivo

Diana Patricia, con los del Río en una foto de archivo

A principios de 1991, a Diana Patricia le hicieron una oferta para bailar una noche en una extraña fiesta privada: “Tú sabes cómo son esas fiestas: desde la puerta ya se escucha la bulla, el ambiente y el ruido. Pero cuando aparcamos, allí no se oía nada”, rememora. Era una fiesta privada un tanto especial.

En realidad había sido reclamada por Gustavo Cisneros, uno de los empresarios más importantes de Venezuela, para bailar en un concierto íntimo. Cisneros había invitado a cenar al al mismísimo presidente de la república, Carlos Andrés Pérez, gran aficionado al flamenco. El empresario contrató al grupo español Los del Río (Antonio y Rafael) para tocar, y a Diana para que les acompañase al baile. La actuación conjunta duró dos horas. La fiesta salió tan bien, que el presidente se vino arriba y le prometió a Diana Patricia una beca para que se fuese a estudiar a España.

No se imaginaba el presidente que la bailarina le iba a tomar la palabra. A los pocos días se plantó en el Palacio de Miraflores con una carta para reclamar su beca. Pero el presidente ya no estaba ebrio (de emociones) y se desdijo. “No te voy a dar una beca porque tenemos muchos hospitales en los que gastar el dinero”, le contestó de mala manera. A Diana le habían faltado a una promesa, pero ella decidió que iba a irse a España de cualquier modo.

Un mensaje en una servilleta

Así, llegó la noche del 12 de octubre. A Diana la llevaron a un concierto de flamenco que se celebraba en el Hotel Eurobuilding de Caracas. Ella desconocía qué artistas tocaban, hasta que llegó a la puerta y vio el cartel de Los del Río. Recordó su encuentro con ellos meses antes en aquella fiesta para el presidente y quiso saber si ellos también se acordarían de ella. Diana Patricia les escribió un mensaje en una servilleta, que es donde se firman las cosas importantes de verdad: el primer contrato de Messi, la propuesta de Florentino Pérez a Zidane para traérselo al Madrid… o este mensaje de la Macarena.

En la nota, Diana Patricia les explicaba quién era y les preguntaba si recordaban aquella noche en la fiesta de Cisneros. Antonio y Rafael recibieron el mensaje. Claro que se acordaban. En cuanto leyeron la servilleta la invitaron a subir al escenario para improvisar algo entre los tres. Ese fue el momento en el que cambió la historia.

Empezaron a cantar y a tocar Los del Río. Empezó a bailar Diana Patricia. Antonio Romero (el del pelo blanco) quedó hipnotizado por el baile e improvisó una frase. “Dale a tu cuerpo alegría Magdalena”. Y como esas ideas que cuajan y no se dejan morir en el fragor de una noche de fiesta, Antonio le prometió a Diana que iba a componerle una canción. “Estos andaluces se están quedando conmigo”, pensó Diana Patricia, escéptica.

Diana Patricia muestra un cuadro del momento en el que conoció a los Clinton

Diana Patricia muestra un cuadro del momento en el que conoció a los Clinton

El resto es historia. Antonio llegó a Sevilla y cambió Magdalena por Macarena, que es el nombre de su hija. Se publicó la canción, tuvo un éxito moderado, un remix la puso en órbita años más tarde y Bill Clinton se encargó de internacionalizarla al adoptarla como la sintonía de la campaña electoral para su reelección. El presidente, en su visita oficial a Caracas, pidió expresamente que viniese a bailar Diana Patricia.

Aquello fue el impulso definitivo para la Macarena. Al menos profesionalmente. Reconoce que, tras aquel éxito, muchos de sus compañeros y maestros le retiraron el saludo. Ataques de envidia. Pero ella se sobrepuso y acabó culminando su sueño: fundar su academia de baile flamenco llamada El Rocío. Un centro de enseñanza artística que tenía 300 alumnos fijos por curso: “Tenía el cupo cubierto, no cabía más gente”, recuerda. Por su parte, con su espectáculo en solitario llegó a realizar en un solo año 370 actuaciones. Más de una por día. Eran tiempos de abundancia. Para la Macarena y para su país.

La Macarena ahora

Lejos quedaron aquellos años. Venezuela ya no es rica, no produce culebrones ni vienen a actuar los artistas extranjeros a los teatros. De hecho, casi no quedan teatros. “La sala de eventos más importante de Caracas lleva cerrada desde 2017. El coro nacional, el ballet… Todos ellos tienen que ensayar en la calle porque no tienen medios. Es dramático verlos en esas condiciones”, resume Diana Patricia. El régimen se ha cargado una de las economías más sólidas de América Latina, y con ella, todo su panorama cultural.

¿Qué tal le fue a Diana? Pues como a cualquier empresario venezolano tras la implantación del régimen bolivariano: fatal. “Estamos viviendo los momentos más críticos como país. El caos en todos los sentidos. La alimentación, la salud… La inflación aquí va por horas. Un cartón de huevos tiene un precio por la mañana. El mismo cartón por la tarde, no es que se haya encarecido uno o dos bolívares, es que ha subido 6.000 bolívares”.

Diana Patricia en una foto reciente

Diana Patricia en una foto reciente @aliriovargas

Eso ha repercutido de forma nefasta en su negocio: “En noviembre cumpliré 34 años de carrera profesional. Yo tenía más de 300 shows al año y una academia con 300 alumnos. Hoy día no. Yo trabajo casi por amor al arte y la gran mayoría de los alumnos y profesionales se van del país. La gente tiene que elegir entre recibir dos clases de flamenco a la semana o comprar ese cartón de huevos”, ilustra.

Suicidios y hospitales cerrados

La alimentación por un lado y la salud por el otro: “Es imposible tener un hospital en funcionamiento. Los aparatos son antiguos y no hay ni agua. Los que tenemos un seguro privado le rezamos a Dios para que no nos pase nada, porque no nos daría ni para tratarnos dos días. Si tienes un cáncer, tienes que ser millonario para sobrevivir en este país. Si no, estás muerto”. Diana vive con su madre de 74 años y reconoce que “para tratar sus dolencias, tengo que pedir a mi gente de España que me manden medicamentos”.

La Macarena, además, revela otro drama que están sufriendo los venezolanos y que no está teniendo repercusión mediática: los suicidios. “El índice es horrible. La gente se quita la vida aquí en Venezuela. Nunca se van a dar a conocer los datos reales porque no les interesa, pero los venezolanos se suicidan porque no pueden más. No pueden afrontar un alquiler, la alimentación de los hijos…”

Diana Patricia no es madre biológica, pero tiene dos hijos adoptados. La única criatura que realmente ha salido de dentro de sus entrañas es su academia de baile “El Rocío”, levantada con el trabajo y el esfuerzo de más de 20 años. Una cantera de bailarines profesionales que ahora se consume en la inanición. A La Macarena se le saltan las lágrimas cuando afronta el futuro: “Me da mucha pena decirlo, pero yo me estoy dando hasta que acabe este año”. Su local es de alquiler y no tiene líquido suficiente para comprarlo. La cifra de alumnos cada vez mengua más. “Ya no hay posibilidad de ir a pedir financiación a instituciones privadas para que bequen a los alumnos. En esta situación, nadie te da dinero. Y como soy 100% opositora, ya puedo olvidarme de cualquier tipo de ayuda pública”, resume.

Esclavos del narcorégimen

No le ve solución. “Las manifestaciones no sirven para nada. Quizás un paro [huelga] general ayudaría a cambiar las cosas. Pero cuando hemos parado, la banca ha seguido. Así no conseguiremos anda”: Y habla del miedo que sienten actualmente los venezolanos: “Hay miedo de no poder salir de este gobierno, de este narcorégimen, pero no a luchar ni a arriesgarnos. La importancia del narcotráfico en el ejército es enorme. En Estados Unidos tienen 800 generales. En Venezuela hay 2.000 y todos están metidos en el tema del narcotráfico. Antes éramos una nación de paso. Ahora somos un laboratorio de drogas”, concluye, sugiriendo que la única salida a esta situación “es la intervención de la comunidad internacional”.

La Macarena cuelga fotos de su academia en su cuenta de Instagram, @lamacarenadelmundo, pero apura los que pueden ser los últimos meses del estudio. Y lo hace de la misma forma que los afrontó cuando la abrió: sin dejar de trabajar. El futuro, más que incierto, es descorazonador. Ya trabaja casi por amor al arte y en las aulas de su academia cada vez hay menos jaleo, guitarras y taconeos. Se apaga el sueño de La Macarena, que le dio a su cuerpo alegría, pero que Maduro se la quitó.