Albert Estrada es el jefe de servicio médico del primer centro de criogenización en Europa.

Albert Estrada es el jefe de servicio médico del primer centro de criogenización en Europa. B.C.

Reportajes

Entierros de 200.000 euros en Valencia con la promesa de resucitarte cuando se pueda

Riba-roja de Túria

Dice Javier Tapia Estrada que todo empezó con un reportaje que leyó a los ocho años en la revista Muy Interesante. En ella se hablaba de Alcor, una las escasísimas empresas del mundo en las que se practica la criogenización. “Desde entonces, aquella idea no se me salió de la cabeza”, dice. Nunca se puso a estudiar en serio ningún asunto científico. No tiene estudios en la materia, pero dice que aquello le obsesionó para siempre. Ahora tiene 38 años y es el creador de una quimera, una utopía cuyas certezas son tan pocas como numerosas sus ilusiones: está a punto de abrir el primer centro de criogenización a nivel europeo. Y lo hará en Valencia.

Introducirse en un líquido helado. Dormir en él para siempre y despertarse décadas después. Encontrar un mundo nuevo. Se trata de una idea que hasta ahora ha sido propia de la ciencia ficción. Hace algunos años comenzó a hacerse realidad (con muchísimos matices). La cuestión es debatir cómo desea descansar cada uno de camino al más allá. Hay quien prefiere ser incinerado, que se guarden sus cenizas en una urna y permanecer así para siempre. Otros dejan escrito que se esparzan sus cenizas por el océano. Otros tan solo quieren tener su hueco en el cementerio. Pero en Cecryon, la empresa de Javier, dicen que ya hay dos personas que han pagado los 200.000 euros que cuesta el proceso de criogenizarse por toda la eternidad.

La idea que se quiere transmitir es la de que quien esté aquejado de una grave enfermedad debe dormir el sueño eterno hasta que, pasadas las décadas, cuando las bondades de la ciencia lo permitan, despertar y recuperarse de ellas con las técnicas del futuro. Un planteamiento del todo idílico que tiene poco que ver con lo que dice la ciencia a día de hoy.

En la previa del día de los muertos, EL ESPAÑOL viaja a Valencia para conocer por dentro cómo es ese lugar de descanso infinito, cómo funciona la primera empresa en Europa en ofrecerlo. Una técnica que, hasta la fecha, no posee ninguna certeza científica. Los dueños de la empresa, formada por cuatro personas (de las cuales solo hay un médico) lo reconocen: a día de hoy no hay ninguna certeza de que vaya a ser cierto lo que ofrecen. Su negocio es el de tirar una piedra desde lo alto de un acantilado sin saber cómo es el suelo que hay en el fondo, o si lo hay. El doctor Estrada, jefe del servicio médico, elude la realidad y esboza la suya propia: “El objetivo es que una vez la tecnología lo permita puedan ser revividos, puedan curarse sus patologías y puedan reincorporarse a la vida”.

Una funeraria futurista

Cecryon está situada en una antigua funeraria.

Cecryon está situada en una antigua funeraria.

Es tan solo cuestión de tiempo: los muertos, en el futuro, se levantarán y volverán a la vida en el cementerio. Es lo que aseguran en Cecryon, y quizás por eso se han instalado en un recinto que es (en parte) camposanto y que está situado a 22 kilómetros del centro de Valencia, en la localidad de Ribarroja del Turia. El edificio de la empresa es moderno, es de piedra blanca y tiene ese toque kitsch que poseían las películas antiguas de ciencia ficción. Al menos por fuera. Por dentro, donde casi no hay nada, se conserva incluso la capilla de lo que antaño fue un tanatorio con todas las de la ley.

Abandonado en un polígono industrial junto a otras empresas de la zona, nada hay en el edificio que evoque el imaginario de, por ejemplo, Isaac Asimov que imaginaron mejor que nadie esos viajes del hombre criogenizado hacia el futuro. De hecho, según ha podido saber EL ESPAÑOL, la empresa está inscrita en el Registro Mercantil como una S.L. de “pompas fúnebres y actividades relacionadas”. Es una funeraria de las de toda la vida.

En el interior hay varias salas enormes y vacías. Dicen que en una de ellas irán instaladas las cápsulas en las, supuestamente, criogenizarán los cuerpos por un período de cien años. Aseguran que el proyecto contemplará decenas y decenas de estos recipientes futuristas y ultra tecnológicos en los que, conservados en nitrógeno enfriado a 196 grados bajo cero, los cadáveres humanos permanecerán adormecidos durante décadas hasta que alguien decida despertarlo.

Nada más lejos de la realidad. No hay una sola cápsula, nin un solo elemento que remita al imaginario que están promocionando en los últimos días. Lo único que se puede advertir es un enorme depósito de nitrógeno que ya está situado en la parte trasera del edificio. “Es el que nutrirá a los tanques en los que irán los cuerpos de loa pacientes”. ¿Pacientes? ¿No son cadáveres? “Sí, nosotros le llamamos pacientes. Para nosotros lo son”, asegura Albert Estrada, el jefe del servicio médico del centro.

Una ambulancia hacia el futuro

Ejemplo de las cápsulas que Cecryon dice que tendrá en Valencia en pocas semanas.

Ejemplo de las cápsulas que Cecryon dice que tendrá en Valencia en pocas semanas. B.C.

“Somos una ambulancia hacia el futuro”. Estrada viste bata blanca, una barba afilada y grisácea y es el encargado de abrir las puertas de esa suerte de nave hacia el futuro situada en un desértico polígono industrial del interior de la provincia de Valencia. Sus frases son todavía ensoñadoras, las del niño que dice que siempre soñó con hacer lo que ahora está haciendo. “Ahora podemos recuperar el ovario de oveja y el riñón de un conejo. Luego podremos hacerlo con un gato, luego con un cerdo enorme y luego, claro, con un ser humano”, asegura, con convicción.

La experiencia laboral y académica del jefe de servicio Médico de un centro de avanzadísimo nivel que pretende congelar cadáveres humanos para despertarlos en el futuro se reduce a: por un lado, un licenciado en Medicina por la Autónoma de Barcelona, facultativo especialista del ICS en el Laboratori Bon Pastor y asesor de Jocs al SEGON, “una agencia de creación, producción y dinamización de proyectos relacionados con el juego”.

 Los otros tres socios de la firma que se instalará como un estandarte en Europa de lo que ya se ha hecho en Estados Unidos con, al menos 400 personas, son los siguientes: un tal Rubén Tébar Alarcón cuya experiencia se reduce a administrador de fincas y a trabajador de una compañía de seguros. La tercera persona se llama Uliana Danylo y antes de entrar en la firma era colaboradora de la Cruz Roja. El líder de la empresa, del que hablábamos al inicio del reportaje, dirigió durante cinco años un centro de informática en Xátiva. Antes fue militar. No tiene formación científica en la materia. Javier asegura que detrás del proyecto se encuentra el prestigioso científico Ramón Risco.

Este científico ni se inmuta con la posibilidad de que esto no sea posible. "Si se ha podido hacer con órganos, ¿por qué no con el cuerpo entero?". Lo cierto es que no hay prueba alguna de que esto vaya a poder ser. Entretanto, en Cecryon ya aseguran que decenas de clientes han contactado con ellos para criogenizarse en las cápsulas repletas de nitrógeno líquido. La cantidad que tienen que pagar para ello: 200.000 euros. Firman entonces un contrato por el cual, dicen desde la firma, se realiza un contrato de 100 años. Cecryon se compromete a conservar todos los cuerpos durante todo ese tiempo, o incluso menos si alguien los reclama antes.

Desde el punto de vista legal, lo que quieren llevar a cabo tan solo sería, dicen, realizable en la Comunidad Valenciana. Y por eso instalaron allí la empresa. El "Reglamento por el que se regulan las prácticas de policía sanitaria mortuoria" contiene un pequeño resquicio al que aseguran que han podido agarrarse para justificar el servicio que quieren prestar. Un punto del artículo 7 ("Destino final de los cadáveres"), reza: "El destino final de todo cadáver será la preservación, mediante las prácticas previstas en este Reglamento o de las que reglamentariamente autorice la Conselleria de Sanidad". Con ese artículo es con el que tratan de incluirse en el sistema de la provincia valenciana. 

-Eso de despertarse 30 años después como si nada, es una utopía, ¿no?

-Yo lo veo algo real. El objetivo es que vivan una vida plena en el futuro y que se recuperen.  

- Pero al fin y al cabo, no deja de ser un cadáver. Y un cadáver es un cadáver. Esa persona no puede revivir.

-La gente que está muerta no está muerta. Cuando una persona tiene un cáncer y se le para el corazón, en lugar de dejarlo morir, podrían entrar allí a revivirle. Esto lo podrían hacer y el paciente de 86 años reviviría. Por tanto, no se hace. Hay gente que ha estado con el encefalograma plano dos horas. Si quisiéramos lo podríamos revivir. Pero nuestros pacientes en realidad no están muertos. 

-Pero cómo vas a revivir a alguien, por ejemplo, que acaba de fallecer de un cáncer terminal y fulminante. 

-Ahí lo mismo. Lo revives  y revive igual. Pero claro, luego se morirá después de dos horas. Pero el cáncer no se lo ha comido, el cáncer ni siquiera lo ves.

(...)

Una utopía irrealizable

El tanque de nitrógeno es lo único que tienen, a día de hoy, instalado de la tecnología que precisan.

El tanque de nitrógeno es lo único que tienen, a día de hoy, instalado de la tecnología que precisan. B.C.

En la película The Sleeper (1973), un greñudo Woody Allen acude a una operación para extirparse las amígdalas y acaba siendo criogenizado por error. Su personaje se despierta 200 años después y cae desubicadísimo en un mundo de robots, un futuro utópico dominado por una suerte de dictadura. La película es toda una sátira sobre la literatura y el cine de ciencia ficción, un género en el que precisamente la ciencia no ha estado siempre bien tratada. En muchos fragmentos ironiza, escéptico, sobre la criogenización. Veamos un diálogo de la película:

-No puedo creerlo. Mi médico me dijo que podría levantarme a los cinco días y han pasado 199 años.

- Sé que es difícil de creer pero tómese esta experiencia como un milagro de la ciencia.

-Para mi un milagro de la ciencia es ingresar en un hospital para operarme y que pasen 2000 meses y pico sin cobrarme la factura. Eso sí que es un milagro de la ciencia.

Estrada, como jefe médico de la firma, explica el proceso de lo que para él es adormecer al hombre. “La máquina es como un termo gigante. Se llena por unas válvulas con nitrógeno líquido. Es como una cubitera de hielo. Si tu quisieras que tu madre siguiera este proceso, tendrías que venir antes de que fallezca. Nuestro propósito es anticiparnos al momento en que se pueda fallecer. Tras un enfriamiento progresivo de unos cinco días que se prepara en quirófano, el cadáver se mantiene en cápsulas con nitrógeno líquido a una temperatura de 196 grados bajo cero”.

Dice que en esas condiciones el cuerpo vitrificado puede conservarse durante años como otros científicos hacen con óvulos o espermatozoides humanos. 

Lluis Montoliu es Investigador científico del CSIC y del Centro Nacional de Biotecnología. Es también director del Nodo español del Archivo Europeo de Ratones Mutantes. “La criogenización, que parece una buena idea, no es cierta. Yo siempre digo en mis clases de criopreservación que congelar es muy fácil. Lo difícil es descongelar. Lo que la criopreservación no puede hacer son milagros. Una célula muerta, si la criopreservamos, revitalizamos una célula muerta. Y con un cadáver, pues pasa exactamente lo mismo. Cualquier sistema biológico que no esté vivo, es como coger un filete de ternera y meterlo en el congelador”.

Los cuatro miembros de la empresa Cecryon.

Los cuatro miembros de la empresa Cecryon.

No es el único científico que se reafirma en que lo que trata de vender la criogenización es algo que a día de hoy resulta utópico. Jorge Sztein es científico y posee más de 30 años de experiencia en reproducción asistida y crioconservación de animales de laboratorio en distintas clínicas estadounidenses. Se trata de uno de los mayores expertos en la materia. Actualmente es profesor asociado en la universidad de Kumamoto y trabaja en un laboratorio de Barcelona. “Hoy en día se puede congelar esperma de cualquier bicho no se puede congelar el esperma de una rata. La idea es dormir la célula viva en una suspensión eterna. Dormirla y luego despertarla. Pero una célula, y viva, no un organismo entero y muerto. Aún así, no es tan sencillo. Cada tipo de célula tiene una curva de congelación totalmente diferente. Si cambia la técnica de un óvulo al esperma, imagínate en todo un cuerpo humano. A día de hoy, despertarlo se trata de algo imposible. Una quimera”. 

Hasta algunos expertos abiertamente cercanos a la criogenización, como Javier Cabo, reconocen que se trata a día de hoy de algo imposible, por mucho que algunos quieran soñar. Para que tenga sentido congelar el cuerpo, "tiene que haber vida clínica".

Mientras tanto, el innovador centro que comenzará a funcionar en Valencia sigue esperando que lleguen las cápsulas y los artefactos que lo revistan del aura que necesita. Dice el dueño de la firma que están positivos, esperanzados y que en las próximas semanas contarán ya con tres criocápsulas disponibles para su uso. Sin embargo, los clientes que dicen tener no parece que vayan a fallecer con relativa agilidad. 

Al final, a Javier Tapia, el hombre que persigue el sueño de la vida eterna desde hace años, no le queda otra que admitir que lo que proponen, a día de hoy, no resulta científicamente probable: “ Si me preguntas si soy capaz de recuperar a una persona, te diré que no”.